
Los límites para el humor político
Por Landrú Para La Nación
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Es tradicional, desde la revista El Mosquito, que nuestros humoristas bauticen a los políticos con nombres de animales. Ramón Columba, que era taquígrafo del Congreso, caricaturizaba de esta manera a senadores y diputados.
A Hipólito Yrigoyen le decían "El Peludo"; a Rogelio Frigerio, "El Tapir"; a Oscar Alende, "El Bisonte"; a Eugenio Aramburu, "La Vaca", y yo bauticé a Isaac Rojas "Hormiga Negra"; a Alvaro Alsogaray, "El Chanchito"; a Juan Carlos Onganía, "La Morsa"; a Jorge Rafael Videla, "La Pantera Rosa", y a Domingo Cavallo, "Sunday Horse". Además, a los antiperonistas los llamaban "gorilas".
Pero todo tiene su límite. No hay que burlarse de las enfermedades o de las desgracias de los políticos ni de sus parientes, salvo que éstos intervengan en política. Hace muchos años, un excelente dibujante, pero muy agresivo, en un vespertino caricaturizaba a Roosevelt con un nudo en la pierna, porque el presidente había tenido parálisis infantil. Por supuesto que en el diario suspendieron sus dibujos y el autor no podía quejarse ni de censura ni de falta de libertad de prensa.
Recuerdo que cuando dirigía Tía Vicenta, en tres números consecutivos apareció Arturo Frondizi en la tapa y mi amigo Carlos Fontanarrosa, director de la revista Gente, me aconsejó que no lo dibujara al presidente en todos los números porque se podía convertir en campaña. Sabio consejo. Desde ese momento abrí el juego y en un número aparecía en tapa Frondizi, y en los siguientes Zavala Ortiz, Alfredo Palacios o un militar de turno. Y volviendo al tema de los parientes del Presidente que no hacen política, no hay que tocarlos. En 1960, Elenita Frondizi hizo trabajos de comité y publiqué un chiste sobre ella. Al tiempo Frondizi me contó que su hija le pidió que me aplicara alguna sanción y el Presidente le dijo: "Si te gusta la política, Elenita, tenés que aguantar los chistes". Y Elenita eligió la docencia.
Investidura
Pero el problema es hacer dibujos que no afecten la investidura presidencial y debiliten al Presidente. Yo a Arturo Illia lo dibujaba como tortuga, pero jamás con la intención de agredirlo ni de acusarlo de inútil. Además, los mismos radicales usaban en la solapa un distintivo plateado en forma de tortuga. Y yo tenía cierta relación con Illia, ya que mi abogado era su yerno.
Lo que pasa es que el límite es difícil de encontrar. Yo creo haberlo descubierto, porque dibujo desde 1945 y hasta hoy ningún político me querelló por injuria o calumnia. Sólo Onganía prohibió Tía Vicenta porque lo dibujé como morsa. Creo que ésta es la fórmula para respetar la investidura presidencial: hacer chistes "sobre" una situación, y no "en favor" o "en contra". Es decir, moderación.
Yo creo ser moderado, y si alguien no está de acuerdo con lo que digo, lo cito frente al monumento de los Españoles para hincharle los ojos de dos espantosos trompis. Pero, como moderado que soy, en lugar de dejarle los ojos en compota se los dejaré en duraznos en almíbar, que es más fashion .





