Los movimientos sociales admiten su retroceso bajo el gobierno de Milei, pero buscan un resurgimiento en las calles
Las principales organizaciones perdieron poder de convocatoria y movilización; sostienen que sufren persecución del oficialismo y critican los recortes
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Combatidos por el Gobierno, los movimientos sociales admiten que perdieron militantes y capacidad de movilización durante la era de Javier Milei. No obstante, sostienen que su presencia en todo el país se mantiene y, en algunos casos, se arriesgan a vaticinar un crecimiento de sus filas al calor de las dificultades económicas que le endilgan al programa oficialista. Es la mirada que surge en las principales agrupaciones, como el Polo Obrero, el Movimiento Evita y la Corriente Clasista y Combativa (CCC).
En el Polo Obrero, se combinan la aceptación de una merma en su poder de movilización con una certeza sobre su crecimiento futuro. “Calculamos que podemos estar siendo alrededor de 15.000 a 17.000 compañeros. Fuimos muchos más. Todas las organizaciones sufrimos un retroceso, producto de la política criminalizadora, judicializadora y represora del gobierno de Milei”, afirma Eduardo Belliboni, líder del Polo Obrero, a LA NACION.
“En cuanto a comedores, estamos en alrededor de 1300. Llegamos a tener casi 3000. Hubo un retroceso, al haber sacado los alimentos definitivamente, en contra de un fallo judicial que tuvo la señora [ministra de Capital Humano, Sandra] Pettovello y no cumplió. Sacaron todos los alimentos y muchos comedores dejaron de estar abiertos porque no tenían qué ofrecerle a la gente que va. Ha subido la cantidad de gente que va a comer, aunque haya menos comedores”, señala Belliboni.
A pesar de la retracción que admite, el líder del Polo Obrero (brazo piquetero del Partido Obrero) subraya que “el movimiento piquetero empieza otra vez a organizarse fuertemente, como ya ocurrió el último 7 de abril, cuando miles de personas salieron a la calle, con casi 80 organizaciones piqueteras que retomaron una unidad fundamental y cortaron en 100 puntos del país”.
“El discurso oficial sobre el combate a los movimientos piqueteros está muy claro y eso es lo que muestra que el Gobierno, en las causas que nos sigue, tiene un argumento político, no jurídico”, resalta Belliboni. El dirigente del Polo Obrero está procesado en un expediente que ya fue elevado a juicio oral, en el que se lo acusa, junto a otros dirigentes sociales, por un presunto desvío de fondos destinados a la ayuda social y extorsión a beneficiarios de planes.
Según indica una fuente de la administración libertaria a LA NACION, en el Gobierno no cuentan con registros sobre la cantidad de militantes por organización ni de comedores pertenecientes a cada movimiento social.
El presidente Milei se refirió en numerosas ocasiones a los movimientos sociales. En su discurso del 1º de marzo, para la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso, subrayó que, en su gestión “la AUH [Asignación Universal por Hijo] aumentó un 492,9% respecto al valor heredado en 2023”, que se incorporó a la AUH a “600.000 chicos”, que se incrementó en “137,5% la Prestación Alimentar”, y que se elevaron “más de 500% las becas Primera Infancia y más de 1100% la prestación primeros Mil Días”. También subrayó que los piquetes “pasaron de 9000 por año a cero”.
En el Movimiento Evita, organización social clave dentro del peronismo, también admiten una reducción de su influencia. “La militancia sigue en todos lados. Lo que bajó bastante es la cantidad de gente que se moviliza, pero se sostienen el trabajo social, el apoyo escolar, los comedores. Lo que se retiró es lo que aportaba el Estado”, afirma Patricia Cubria, referente del Movimiento Evita y exdiputada provincial bonaerense.
Distribuidos en numerosas ramas, los militantes del Movimiento Evita son alrededor de 16.700. Desde la organización, aportan un desglose de esa cantidad aproximada a LA NACION. Puntualizan que unos 5000 de sus integrantes se desempeñan como trabajadores de espacios públicos (feriantes, vendedores ambulantes en el transporte público, artistas callejeros, cuidacoches, parrilleros, entre otras ocupaciones); otros 1500 pertenecen al área de liberados (un grupo de personas que cumplieron una condena penal y hoy se desempeñan en cooperativas); son cerca de 3000 las mujeres que realizan tareas de cuidado de adultos mayores; cuentan con unos 300 productores de agricultura familiar y 200 de producción textil.
Otra pata del movimiento social peronista es la de sus frentes. Según informó la organización, este sector lo integran el frente estudiantil, en el que contabiliza unos 1500 estudiantes secundarios y universitarios; el Frente de Mujeres Evita, con una cantidad similar de integrantes; el de juventud, con aproximadamente 3000 integrantes; los técnicos y profesionales, unos 200; el área de educación, también con alrededor de 200, y el Frente de Igualdad, que conforman unas 300 mujeres.
Desde el Movimiento Evita calculan, además, que funcionan unos 2000 comedores pertenecientes a la organización, que lo hacen “de forma intermitente”. Explican que “la demanda en estos centros siempre es mayor en la cantidad de gente que se acerca a pedir comida y menor en la capacidad de mantener el funcionamiento y dar de comer todos los días”.

Emilio Pérsico lidera el Movimiento Evita, una organización que tiene referentes como el actual secretario general de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), Alejandro Gramajo, o Gildo Onorato, funcionario del gobierno de Axel Kicillof (está al frente del Instituto Provincial de Acción Cooperativa).
La CCC, en tanto, admite la caída de la movilización y, en sintonía con otras agrupaciones, identifica un mayor flujo de personas que concurren a sus comedores. “En movilización, bajamos la cantidad. A los comedores viene un 30% más de gente”, aseveran desde la organización que tiene como referente al exdiputado nacional Juan Carlos Alderete y está vinculada políticamente el Partido Comunista Revolucionario (PCR). “Hay una baja en el grado de movilización debido a que la mayoría necesita hacer changas para subsistir”, argumentan.
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