
Malvinas: los tres escenarios posibles que analizan los isleños tras el giro de EE.UU.
Los interrogantes están enfocados en los movimientos de Donald Trump y hasta dónde va a llegar su desafío
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Donald Trump movió el avispero internacional y puso la cuestión de Malvinas en la agenda. Lo cierto es que todos los análisis posibles culminan en un interés común, tanto del Reino Unido como de Estados Unidos, y es la suerte de los isleños. No parece ser que ambos países entiendan que sea momento de soltarles la mano. Y ese es el principal escollo para los deseos genuinos de soberanía de la Argentina.
Las declaraciones de Trump pueden abrir tres escenarios posibles: el primero de todos ya se está cumpliendo y fue la necesidad del Reino Unido de renovar las señales de apoyo a la población isleña. Entre ellos, el impacto de los dichos de Trump fue mayúsculo, porque ahora fue el mismo presidente de los Estados Unidos quien puso en duda la posición diplomática histórica de neutralidad.

Sin embargo, los “kelpers” tienen completa confianza en el compromiso del gobierno del Reino Unido de defender y sostener su derecho a la autodeterminación. En ese sentido, el gobierno de las islas dejó trascender su protesta por sentirse “moneda de cambio” de la política exterior estadounidense y reclamó al Reino Unido que “ratifique y sostenga su derecho a la autodeterminación”.
“Nosotros elegimos y nos parece despectivo que no tomen en cuenta eso”, indicaron a LA NACION fuentes de las islas. Se trata de una posición polémica porque la “autodeterminación” se aplica, según reglas diplomáticas, a los pueblos originarios de la tierra en disputa y los isleños son considerados por la Argentina una “población implantada en 1833”.
Por su parte, John Healey, ministro de Hacienda de Gran Bretaña, aseguró que no recibió “ninguna sugerencia” de los funcionarios de los Estados Unidos al respecto. “Las Islas Malvinas son británicas y seguirán siendo británicas mientras las Islas Malvinas así lo deseen”, dijo el funcionario inglés en declaraciones al diario The Times.
EE.UU. mantiene una posición histórica de neutralidad en el conflicto, pero nunca ocultó su apoyo a su aliado histórico para el desarrollo logístico y armamentista en las islas, donde opera la base militar RAF Mount Pleasant, ubicada a 45 km de Puerto Argentino, inaugurada en 1985 para garantizar la protección militar del archipiélago.

La base cuenta con 1800 efectivos e incluye una unidad naval llamada Mare Harbour. De acuerdo a la autonomía votada por los isleños en 2013, cuando decidieron ser un territorio de ultramar dentro del Reino Unido, acordaron que la Defensa quedara fuera de esa “autonomía política y económica” y sería costeada por el Reino Unido, que, según el presupuesto actual, cuesta 60 millones de libras esterlinas a los británicos. Este gasto es un punto de debate en la política británica.
El segundo escenario, y quizás el más probable, es que las islas se transformen en una “moneda de cambio”.
Ellos creen que Trump solo trata de sostener una posición de fuerza ante su socio histórico, económico y militar, el Reino Unido, para que aumente su presupuesto de la OTAN. Y también para pasarle una “factura” por no acompañarlo como la historia lo señalaba en la guerra contra Irán.
Si los británicos actúan de acuerdo al pedido norteamericano no se rompería una tradicional alianza que lleva más de 200 años. En Estados Unidos saben que jamás participaron de un conflicto bélico o diplomático de alta escala del lado contrario a los intereses británicos. Por lo tanto, una decisión unipersonal de Trump tendría consecuencias graves en el ecosistema político americano, pero también en el mundo empresario, el poder económico, el “círculo rojo” de Estados Unidos que no estaría de acuerdo o no ve con agrado darle la espalda al Reino Unido. Los lazos comerciales con los británicos son mucho más estrechos y redituables que los que tienen con la Argentina.

El tercer escenario apunta a los intereses económicos. ¿Está Estados Unidos interesado en el petróleo que comenzará a explotarse el año próximo en Sea Lion? Se trata de un negocio que cambiaría radicalmente el nivel de vida de los isleños y que podría solventar los gastos de Defensa del Reino Unido, algo que cerraría de modo perfecto a ambos. Es una posibilidad que hoy se advierte, ya que en las últimas horas las dos empresas a cargo de la explotación, Navitas Petroleum de Israel y el consorcio Rockhopper, del Reino Unido, anunciaron la compra de dos plataformas marítimas para comenzar a extraer petróleo el año próximo. Sus pronósticos son tan optimistas que cambiaron las perspectivas iniciales sobre la producción a producción programada de hidrocarburos, que pasó de un inicial de 55.000 a 180.000 barriles diarios hacia fines de la década.
Este paso significó que la petrolera israelí y la británica proyecten una inversión de 2.100 millones de dólares. Si tomamos en cuenta los modos transaccionales que tiene Trump en política exterior, siempre pide algo a cambio; quizás su interés sea participar del enclave petrolero, una especie de “Vaca Muerta” para los isleños, y también de poder conquistar un anhelo geopolítico, que es controlar el paso interoceánico, tomando Malvinas como punto de referencia.
Trump no es un político tradicional. Es uno de los outsiders que la derecha aportó en la última década al poder político en distintos países del mundo que se maneja esgrimiendo una visión empresaria más que la de un estadista. Hay un antecedente, en su incursión a Venezuela logró detener al dictador Nicolás Maduro, pero dejó en el gobierno al resto de los cómplices de los crímenes cometidos por el “chavismo”. Eso sí, se garantizó 40 millones de barriles de petróleo anuales para Estados Unidos que estaban destinados a China.
Los isleños son pocos, pero saben que difícilmente tengan que afrontar el problema de la soberanía en lo inmediato. Consultado, un portavoz del gobierno isleño dijo: “Es muy difícil visualizar este escenario. No lo vemos posible”. Además, quizás, el fin de esta película puede ocurrir el próximo 3 de noviembre, cuando se vote en Estados Unidos, donde una derrota del “trumpismo” puede cambiar la agenda y volver todo a fojas cero.


