
Marcelo Colombo: “Lo que tenga que decir, el Papa lo va a decir, sin ningún ánimo agresivo y ofensivo”
El presidente del Episcopado celebró el anuncio de la visita de León XIV a la Argentina; acerca de la relación con el Gobierno, dijo que la misión de la Iglesia es “dar cuenta de cuando algo no está bien, cuando algo daña el tejido social, cuando se vulneran los derechos fundamentales de las personas”
8 minutos de lectura'


La confirmación de la visita del Papa a la Argentina obliga a la Iglesia a moverse en otra velocidad. Comienza la cuenta regresiva para recibir a León XIV el 8 de noviembre y el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo, no deja detalles librados al azar. Entiende que el pontífice prepara su primer viaje a América Latina con la misión de “sostenernos en la esperanza, en medio de tantas dificultades y exigencias duras de la realidad”.
La Iglesia enfrenta el desafío de fortalecer su presencia en la sociedad civil, más allá de las especulaciones políticas sobre los vínculos con los gobiernos de la región. En uya entrevista con LA NACION, dejó en claro que la cooperación con la administración de Javier Milei en varios aspectos de la organización no condicionará el mensaje del Santo Padre.
“Lo que tenga que decir, el Papa lo va a decir, sin ningún ánimo agresivo y ofensivo”, precisó Colombo. Y expresó que la Iglesia tiene la misión de “dar cuenta cuando algo no está bien, cuando algo daña el tejido social o se vulneran los derechos fundamentales de las personas”. Se refirió a las áreas sensibles, como los jubilados, la discapacidad, la educación, el debate sobre la extranjerización de las tierras y “proyectos económicos que no promueven mayor inclusión, sino que ofrecen ganancia segura a grupos empresarios”.

-¿Qué significado tiene una visita del papa León XIV a la Argentina?
-Para nosotros, como creyentes, es la máxima autoridad de la Iglesia que viene a confirmarnos en la fe, y a animarnos espiritualmente, sostenernos en la esperanza, en medio de tantas dificultades y exigencias duras de la realidad. El Papa nos propone una renovación interna eclesial y un mayor compromiso con la misión de la evangelización. Es, antes que nada, una visita con alto contenido espiritual y pastoral, más allá de que después tendrá consecuencias en el plano social y comunicacional.
-¿Qué se puede esperar de este primer viaje de León XIV a América Latina?
-Viene muy animado a reencontrarse con su pueblo de Perú, donde fue muchos años sacerdote. Pero también quiere completar el conjunto de países latinoamericanos visitados por papas anteriores. Especialmente, de los tiempos de Francisco quedaban pendientes Uruguay y la Argentina.
-¿Qué desafíos enfrenta hoy la Iglesia en América Latina?
-Un fuerte desafío es la presencia de la Iglesia en la sociedad. Una presencia que en nuestro país nos interpela a pensar si la Iglesia puede ser puente de unidad entre los argentinos, si puede seguir siendo la voz que reúne a los más pobres e insensibilizados. Y el Papa nos viene a proponer una profunda renovación eclesial de nuestras estructuras para que estemos atentos a los nuevos signos de los tiempos. Una nueva visión de la doctrina social de la Iglesia.
-¿Hay un debilitamiento de la fe y del compromiso de los fieles en la Iglesia?
-No diría solo de la Iglesia. Las religiones atraviesan la realidad de un hombre contemporáneo más centrado en el aspecto individual que en la dimensión social de la fe. Es una característica de estos tiempos. Algunos sociólogos y especialistas hablan de gente que prefiere una “religión a la carta”, como un menú. Hay un aplastamiento de esa dimensión social, que me lleva a compartir ideales, sueños, proyectos, búsquedas con otros. Y que me pide intervenir en la vida social como creyente y no quedarme relegado en un plano religioso individual.
-¿León XIV viene a alertar sobre los riesgos de un individualismo?
-Nos invita a un encuentro fuerte con Cristo que nos saca de ese individualismo. Y nos llama a no conformarnos con ser un algoritmo. No somos un índice de consumos y gastos posibles, de apetencias materiales o de otro tipo. Somos personas con una dignidad y unos derechos que nos vienen con nuestra condición humana, pero que la sociedad tiene que proteger y defender. Por ejemplo, en la misión de las autoridades y los gobiernos, en las organizaciones intermedias. La dimensión social no puede ser abandonada y descuidada.

-¿Esta visión choca con la que muestra, por ejemplo, el gobierno de Javier Milei en la Argentina?
-Cada uno sacará sus conclusiones. Nosotros, como Iglesia, no podemos dejar de decir lo que constituye el núcleo de la fe. Hay que tener en cuenta que el Papa no va a hablar nunca contra alguien, ni va a manifestarse en contra de una persona. Va a valorar la escucha de las opiniones y, como sus predecesores, se mostrará atento a lo que la gente quiera manifestar. Pero no debemos sustraernos del contenido social de nuestra fe. Lo que tenga que decir, el Papa lo va a decir, sin ningún ánimo agresivo y ofensivo. Lo va a decir como parte de su magisterio.
-¿Cómo es hoy la relación de la Iglesia con el gobierno de Milei?
-Trabajamos desde hace varios meses con el canciller Pablo Quirno y el secretario de Culto, Agustín Caulo, para la organización de esta visita papal, en un clima de respeto y cordialidad. Como Iglesia en la Argentina sentimos que existe el desafío de crecer en los vínculos.
-La cooperación con el Gobierno puede condicionar el mensaje de la Iglesia?
-Tenemos que ejercer el ministerio profético de dar cuenta cuando algo no está bien, cuando algo daña el tejido social, cuando se vulneran los derechos fundamentales de las personas. Estamos desafiados a crecer o crecer. Si las personas tienen tensiones y están peleadas entre sí, mal recibimos a los visitantes. No podemos menoscabar nuestra misión y decir las cosas que tienen que ver con la dignidad de las personas o el lugar de la Iglesia en la sociedad. Por ejemplo, en áreas tan sensibles, como jubilados, discapacidad, educación, el cuidado de la casa común, el debate sobre la extranjerización de las tierras o proyectos económicos que no promueven mayor inclusión, sino que ofrecen ganancia segura a grupos empresarios. No podemos dejar de decirlo. Y esto no es un ataque a nadie, sino poner luz sobre temas que nos afligen.
-En la visita a España, el Papa fue ovacionado en el Parlamento, en un ámbito con fricciones políticas muy marcadas. ¿Se puede esperar algo similar en la Argentina?
-Hay una gran disposición del Papa para encontrarse con los constructores de la sociedad argentina. Ahora, también toca ver la acogida que estos sectores tengan de su mensaje. Prevemos algún espacio de encuentro con los constructores de la vida social. A veces hay élites o grupos de conducción que toman distancia de sus representados. Apuntamos a la nobleza de la vocación política dirigencial y en eso el Papa tiene mucho para decirnos
-¿Se prevén celebraciones multitudinarias?
-Nuestro deseo es que haya cada día una misa del Papa en la Argentina. Esto permite una vivencia sacramental muy profunda del pueblo y expresa la comunión. La propuesta es que vaya a Buenos Aires, Córdoba y Luján.
-¿Esperaban una visita más prolongada?
-Son tres días y medio, porque llega la tarde del domingo 8 de noviembre y se quedará hasta el miércoles 11.
-¿Había expectativas de que se extendiera más días?
-Por supuesto, pero también sabíamos que no era la posibilidad que él tenía, con una agenda muy recargada. Tenemos ese tiempo y queremos sacarle el mejor provecho.
-¿La confirmación de la visita de León XIV pone en evidencia que Francisco no haya venido a la Argentina?
-Nosotros hemos lamentado más de una vez que no se haya producido ese viaje y comprendemos que el Papa haya querido preservar el carácter pastoral de una visita y evitar una manipulación con otras finalidades. León nos visitará con una gran coincidencia conceptual con Francisco, pero lo hará con una agenda, acentos y perspectivas propias. No viene a completar un viaje no realizado, sino que hará una visita nueva. Cuanto más pasa el tiempo me doy cuenta de lo que Francisco debió evaluar para sustraerse de esas mezquindades de la política. Pero también imagino que en realidad el Papa nunca se fue. Nunca dejó nuestras conversaciones, nunca dejó de estar en nuestras polémicas, nunca dejó de ser parte de los análisis de todo tipo que se ofrecían en la vida de la sociedad. Nunca vino porque nuca se fue y nos ha dejado un legado irrepetible.



