
Menem recibió el nuevo año en Punta del Este
Año nuevo: Menem recibió el 97 en Punta del Este con su hija Zulemita, Kohan y Gostanián. Viajó desde La Rioja en forma inesperada.
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Inesperadamente, el presidente Carlos Menem recibió el año nuevo en Punta del Este en donde permaneció poco menos de 24 horas.
El jefe de Estado, quien tenía previsto en un principio despedir el año viejo en Anillaco, resolvió anteayer el mediodía viajar desde La Rioja al balneario uruguayo para estar junto a su hija Zulemita. Ella se encontraba en Punta del Este desde el día de Navidad junto con su madre, Zulema Yoma.
Las fuentes a las que tuvo acceso La Nación difirieron en cuanto a la asistencia o no de la ex primera dama a la cena que ofreció el ex asesor presidencial, Emir Yoma, en su casa ubicada en la Parada 13, en La Barra. Algunos dijeron que estuvo presente, pero otros aseguraron que no.A la imponente residencia de Yoma -ocupa casi una manzana- se vio llegar a muy pocos invitados. Entre ellos, el Secretario General de la Presidencia, Alberto Kohan, el titular de la Casa de Moneda, Armando Gostanián, y el cineasta y asesor artístico de ATC, Víctor Bó.
Estuvo también en el asado el novio de la hija del Presidente. A ellos se sumaron dos parejas amigas de Zulemita.
"Fue una reunión muy íntima, con muy pocos invitados y se recordó la ausencia de Junior (el hijo del Presidente)", reseñó uno de los invitados.
Menem, durante su corta estadía en Punta del Este, se alojó en la residencia de su cuñado y exactamente a las 2:30 del nuevo año se retiró a descansar. Menem volvió ayer después del mediodía del Uruguay. Se supo que parte de la tarde la dedicó a la práctica del golf en Tortuguitas.
En La Rioja, Menem participó de la fiesta indígena del Tinkunaco. Allí el Presidente cargó en sus hombros uno de los barrales que sostienen la imagen del Niño Dios Alcalde y transportó hasta la Catedral.
Nunca, que se recuerde, gobernador o presidente alguno había dejado el lugar que se reserva a las autoridades en esta ceremonia, para sentir el peso de la autoridad divina, como nombra la tradición al Niño.Promesa? Momento especial? "Simplemente quería hacerlo", dijo el Jefe de Estado a La Nación, muy emocionado, cuando culminó su peregrinaje y luego de responder uno a uno innumerables saludos en el trayecto de regreso a la Casa de Gobierno riojana.
"Es inédito que lo haga como autoridad (presidente o gobernador) pero cuando era jóven, varias veces acompañé la imagen. Vivía a media cuadra de la iglesia de San Francisco y por lo tanto, seguía estos acontecimientos", explicó.
Junto al Presidente estuvieron el gobernador Angel Mazza, el Jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez; el senador Eduardo Menem y el intendente capitalino Luis María Agost Careño. El alcalde riojano -cualquiera sea- tiene en esta conmemoración, un papel central por cuanto entrega las llaves de la ciudad al Niño, porque "Él es la verdadera autoridad del pueblo".
También participaron los obispos de La Rioja, Fabricio Sigampa; de San Juan, Italo Di Stafano; de Dean Funes, Lucas Donelli; de Cruz del Eje, Omar Colomei y de San Luis, Rodolfo Laice. Por primera vez, estuvo presente el obispo ortodoxo -patriarca de los armenios- Kissag Mouridian.
El buen ánimo que tuvo el presidente Menem durante su prolongada estada en la provincia, ni siquiera fue alterado en uno de los actos oficiales del 30 de diciembre a la noche, al inaugurar un nudo vial en la capital riojana. Un hombre que pasaba por el lugar le gritó "traidor, vendepatria". El Jefe de Estado miró sorprendido, simplemente. Cuando la custodia "invitó" al quejante que se alejase del lugar, sólo pudo saberse que la protesta estaba vinculada con la posición del gobierno argentino sobre los Hielos Continentales.
En el mismo acto, volvió con una chanza sobre Eduardo Menem. Al nombrar las autoridades, el Presidente se refirió a "mi hermano" diferenciando este concepto del tradicional "amigos y hermanos". El hecho provocó una sonrisa en el senador y una rápida réplica del Jefe de Estado: "Esto me pone muy feliz, porque lo veo sonreir y eso es cosa rara".
Las pocas horas que Menem estuvo en la capital riojana, no las pasó, por primera vez desde que asumió la Presidencia, en la residencia oficial que tiene asignada. Ell arreglo de los sanitarios en el viejo edificio construido durante el primer gobierno de Perón, obligaron a que pernoctara la noche del 30 de diciembre en la casa de descanso que su amigo Elías Sahad tiene la residencial zona de La Quebrada.
Banderas en las Malvinas
La oposición británica a la idea lanzada por el presidente Menem el domingo, de que la bandera argentina entre otras, pueda flamear en el año 2000 en las islas Malvinas, estuvo a cargo del secretario de Defensa, Michael Portillo, y medio día después fue apoyada por el Foreign Office.
Con título aparte se exponen elementos que podrían facilitar la comprensión de las posibles razones por las cuales en una cuestión de interés diplomático reaccionó primero el área militar.
Portillo había dicho en Chile (acosado por los periodistas),antes de partir a las islas donde iba a revistar a las tropas allí apostadas: "No podemos (el gobierno británico) discutir la soberanía de las islas ni rendirlas ni compartirlas".
El Foreign Office agregó más tarde: "No tenemos intención de discutir ni de cambiar nuestra soberanía sobre las Falklands".
Algunas fuentes diplomáticas argentinas a las que se pudo consultar ayer, primer día de un año que en este tema se avizora muy activo, sostienen que por la índole de sus funciones y en vísperas de hablar a soldados instalados en las islas, Portillo no podía hacer otra cosa que rechazar la propuesta delineada por Menem, con una intención a todas luces exploratoria.
Otros avanzaron algo, acaso por estar más informados, al decir que el comentario presidencial de Anillaco no era desconocido para el gobierno británico, aunque, tal vez, podría serlo para el titular de Defensa.
Por último, el funcionario encargado en forma transitoria de atender lo relativo a las próximas elecciones británicas, juzgó que la rápida reacción del secretario de Defensa debe ser considerada como "la del ministro de un gobierno que casi con seguridad dejará de serlo, aunque él pueda encumbrarse en la conducción partidaria".
Las tres posiciones delineadas a La Nación, constituyen sólo elementos para tratar de comprender la actitud de un ministro secretario de Estado del Reino Unido que salió a responder a una alusión, aunque intencionada, alusión al fin, del jefe del Estado.
No se puede esperar un giro total de la política británica por las Malvinas, aunque cambie el gobierno. Los laboristas piensan casi lo mismo que los conservadores. Pero con una diferencia. Tendrán mayoría parlamentaria y un gobierno fuerte puede aportar una nueva óptica para aceptar el inicio de conversaciones en las que se analice, por ejemplo, la posibilidad de las dos banderas. Una posibilidad del mismo tenor de la que se habló en 1973 cuando Carlos Ortiz de Rozas, entonces al frente de la misión argentina en la UN, escuchaba los comentarios de los británicos..
Por último, no se puede olvidar que durante la Guerra de las Malvinas el presidente peruano Fernando Belaunde Terry había efectuado arduas gestiones por la paz, con la bandera de la UN como garante.
Mensaje con objetivo cumplido
El secretario de Defensa de Gran Bretaña, Michael Portillo, en la escala chilena de su viaje a las Malvinas, rechazó no ya la soberanía argentina en las islas, como es de práctica desde hace más de cien años, sino la posibilidad de que haya conversaciones sobre una posible coparticipación.
Este hijo de exiliados de España, país que tiene a Gibraltar en el haber británico, está al frente de un área militar, como es Defensa, e iba a revistar a militares.
Para decirlo en sesgo, ¿cómo hubiera sido recibido por los soldados destacados en las islas de haber insinuado alguna comprensión hacia la sugerencia de Menem?
No se puede hablar de disensos entre Portillo y el titular del Foreign Office, Macolm Rifkind, sino de que sus funciones tienen estilos diferentes. Aquél tiene, por lógica, que ser halcón; Rifkind, si no paloma, debe ser negociador. Además, este podría tener conocimiento de mayores cosas de la relación bilateral que Portillo. Por ejemplo, de lo tratado por el canciller Di Tella en noviembre, cuando hizo un viaje de 8 horas a Londres, para una reunión a solas en el Foreign Office.
Aunque no se pueda afirmar, como seguramente lo hacía la embajada británica en sus informes sobre la falta de coordinación entre la Cancillería y Defensa, en la época de Camilión, Portillo y Rifkind tienen mucho en común, lo que no siempre es condición de unión.
Ambos son primera generación de conservadores en un país donde las adhesiones políticas se suelen heredar y ambos quieren escalar posiciones en el partido.
El objetivo de que Tony Blair -el laborista con grandes posibilidades de resultar electo primer ministro en las elecciones próximas- sepa que la Argentina no rechaza la idea que en 1973 llegó a oidos de Perón, y que los conservadores sí la rechazan, está cumplido. El resto es impredecible.
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