Milei parte a Davos: hará su discurso el mismo día que Donald Trump, su principal apoyo a escala global
El Presidente arribará este lunes a Zúrich y luego se trasladará a la ciudad que alberga el Foro Económico Mundial; en Europa lo ven como un nuevo exponente de la anti-globalización
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DAVOS, Suiza.- Nadie sabe si habrá un encuentro formal entre ambos aunque, interviniendo el mismo día —el miércoles, uno inmediatamente después del otro— en el Foro Económico Mundial de Davos (WEF), es casi imposible que Javier Milei y Donald Trump no posen al menos juntos para una foto. Con diferente potencia, pero en consonancia evidente, la presencia de ambos líderes en Suiza representa para muchos un símbolo de la anti-globalización en busca de un nuevo orden mundial.
El Foro de Davos, tradicionalmente lugar de encuentro de las élites económicas y políticas que promueven el multilateralismo y el libre comercio, será este año el escenario de una ofensiva ideológica sin precedentes. Dos personalidades encarnarán particularmente esa ruptura: el presidente argentino y su homólogo estadounidense, ambos portadores de un discurso radicalmente opuesto a los valores europeos de cooperación, diversidad e intervencionismo estatal.
Milei, conocido por sus posiciones libertarias y su rechazo manifiesto por las agendas socialdemócratas, podría denunciar una vez más en Davos lo que califica de “cáncer”: el “wokismo”, el feminismo y la intervención del Estado en la sociedad. Para él, esos valores, promovidos por las instituciones europeas e internacionales, son responsables del declive de Occidente.

Milei llamará probablemente a una “reducción drástica del tamaño del Estado” y al fin de las organizaciones supranacionales, que acusa de promover un “socialismo disfrazado” y de frenar la libertad individual. Pero Milei generalmente no se limita a criticar: también elogia cada vez que puede a Trump como el símbolo de una “nueva edad de oro” para Estados Unidos y el mundo, legitimando así su propio programa en la escena internacional.
Trump, por su parte, confirma día a día su rechazo al multilateralismo. El último ejemplo, su reciente decisión de retirar a Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales, gran parte vinculadas a la ONU. Su discurso en Davos será sin duda percibido como una declaración de guerra contra el orden económico mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial, que considera incompatible con la soberanía estadounidense. Para Trump, la prioridad ahora es la seguridad nacional y el uso de la economía y de la fuerza como herramientas de poder, una visión que recuerda extrañamente a la de China, ironía suprema para un presidente que se presenta como defensor del América First.
Ambos presidentes comparten una visión del mundo en la que Europa, con sus valores progresistas y su modelo social, es percibida como un obstáculo para sus proyectos de sociedad. Milei cita explícitamente a Trump como un aliado, junto a otras figuras como a primera ministra italiana Giorgia Meloni, su homólogo húngaro Viktor Orbán o el presidente salvadoreño Nayib Bukele. Ambos pretenden liderar una “Internacional del contra-Iluminismo”, decidida a reemplazar los ideales de igualdad y solidaridad por un liberalismo radical.

Pero la relación entre ambos va más allá de la simple convergencia ideológica: Trump ha apoyado públicamente a Milei, condicionando incluso la ayuda financiera estadounidense a la supervivencia política de este último, y Milei ha encontrado en Trump un aliado clave para legitimar su política a nivel internacional. Su colaboración se ha concretado en encuentros oficiales, declaraciones conjuntas y un alineamiento en cuestiones geopolíticas, como la distancia tomada respecto a China, el apoyo incondicional al primer ministro israelí Benjamín Netanyhau e, incluso, en el caso del presidente argentino, un significativo cambio de actitud con el presidente ucraniano Volodimir Zelensky, recibido efusivamente en Buenos Aires durante la presidencia de Joe Biden e ignorado desde que Trump llegó a la Casa Blanca.
La presencia conjunta de Milei y Trump en Davos no es casual: ilustra el ascenso de un frente anti-europeo, anti-ecologista y anti-institucional, que encuentra eco creciente entre las élites económicas y políticas de todo el mundo. Sus discursos, aunque radicales, seducen a una parte de la opinión pública cansada de las promesas incumplidas del globalismo y en busca de soluciones simples a crisis complejas.
Frente a esa ofensiva, Europa se encuentra en una posición delicada. Mientras líderes como Emmanuel Macron intentan defender un modelo basado en la cooperación y la regulación, Milei y Trump encarnan una alternativa radical, donde la soberanía nacional prima sobre toda forma de solidaridad internacional. El interés que el presidente argentino despierta en Davos muestra que el debate ya no es solo económico, sino ideológico: ¿qué modelo de sociedad debe prevalecer en la era post-globalización?

En conclusión, la presencia de Milei y Trump en Davos en 2026 parece marcar un punto de inflexión. Su alianza, aunque simbólica, revela una fractura profunda dentro de Occidente entre quienes aún creen en un mundo multipolar y cooperativo, y quienes abogan por un retorno a las naciones soberanas, liberadas de toda restricción supranacional. Para Europa, el desafío es grande: ¿cómo conciliar sus valores progresistas con el auge de un nacionalismo económico y cultural que rechaza todo lo que ella representa?
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