Mudarán la ESMA a Puerto Belgrano
Lo anunció ayer, imprevistamente, el presidente Menem
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El presidente Menem anunció ayer que el edificio de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), todo un símbolo del proceso militar que gobernó el país entre 1976 y 1983, será reciclado y que en el predio que ocupa en la Avenida del Libertador, en el barrio de Núñez, se levantará un monumento a la unidad nacional.
El jefe del Estado expresó que la ESMA se trasladará a la Base Naval de Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca.
El sorpresivo anuncio de Menem se interpretó como una respuesta a la iniciativa de diputados del Frepaso para que se dejen sin efecto las leyes de obediencia debida y de punto final, por las que beneficiaron a militares acusados de violaciones de los derechos humanos.
"Con el monumento a la unidad nacional pretendemos hacer referencia a un valor simbólico innegable y al afán por dejar atrás antinomias de una historia reciente", explicó Menem ayer, en una conferencia en la Casa Rosada. También se anunció que los familiares de personas que perdieron la vida en la ESMA podrán visitar el edificio y rendir homenaje a las víctimas.
Un pasado que siempre vuelve
La idea del presidente Carlos Menem de reciclar el edificio de la ESMA para crear un espacio verde y levantar un monumento a la unidad nacional no fue enteramente suya.
Desde hace más de un año se manejaba en la cúpula de la Armada la posibilidad de trasladar la Escuela, que durante décadas representó la innovación académica, pero que en los últimos veinte años se convirtió en un símbolo del terrorismo de Estado y de la represión ilegal.
La imagen de la ESMA está hoy mucho más asociada a la del centro clandestino de detención que funcionó en su seno entre 1976 y 1982 que a la de sus aulas, donde se formaron generaciones de mecánicos navales.
Su nombre también está ligado a una causa judicial por violación de derechos humanos, en la que en 1987 la Cámara Federal les dictó la prisión preventiva a diez oficiales de la Armada y a dos integrantes de la Prefectura Naval, que poco después quedaron en libertad por ley de obediencia debida.
Fue para aventar definitivamente esos fantasmas del pasado que los altos mandos de la Armada, encabezados por el almirante Carlos Marrón, imaginaron la alternativa de deshacerse del edificio de la ESMA.
El Presidente hizo suya la idea y se reservó para sí el momento del anuncio y la modalidad.
El momento elegido
La ocasión elegida por Menem no fue casual: dio a conocer la iniciativa un día después de que varios diputados del Frepaso presentaran un proyecto para derogar las leyes de punto final y obediencia debida sancionadas en la época de Raúl Alfonsín y que tan mala repercusión causó en el radicalismo.
Esas diferencias evidenciadas en el seno de la Alianza intentarán ser aprovechadas por el oficialismo para poner en tela de juicio la aptitud de la oposición para constituir una efectiva coalición de gobierno. Y el anuncio presidencial sobre la ESMA no hace más que instalar en la sociedad un debate sobre nuestro pasado, que también puede ser interpretado como una manera de sembrar cizañas en la oposición.
No por nada Menem juzgó ayer como "deleznable" el proyecto presentado por los frepasistas, a quienes consideró "empeñados en reabrir heridas".
En la óptica menemista, la idea del monumento a la unidad nacional en reemplazo de la ESMA sería un tercer elemento de pacificación tras la repatriación de los restos de Rosas y los indultos a las juntas militares.
La perspectiva histórica
En la ciudad alemana de Nuremberg, antiguo bastión del nazismo, se conserva intacto el gigantesco estadio donde Hitler se dirigía a las multitudes; hoy es para los alemanes y para los turistas que lo visitan un símbolo del holocausto. En el sector oriental de Berlín hay un museo donde está representado lo peor de la guerra, a metros del Check Point Charly, el punto fronterizo en el cual los alemanes del Este protagonizaron innumerables intentos para escapar del régimen comunista.
El general Franco hizo construir a fines de los años ´50, a pocos kilómetros del Monasterio de El Escorial, un monumento a los 300.000 caídos en los dos bandos que se midieron en la Guerra Civil española.
Destinar el edificio de la ESMA a recepciones para jefes de Estado extranjeros, como lo sugirió el presidente Menem, podría implicar un intento por echar un manto de olvido sobre los trágicos sucesos del gobierno militar, a juicio de las entidades de derechos humanos, que preferirían que se conserve como un monumento que refleje lo que no debe volver a pasar.
Los pueblos tienen distintas maneras de enfrentar sus duelos y de asumir su pasado.
Lo único cierto hasta ahora es que estamos ante una cuestión cuyas profundas heridas difícilmente se cierren con una simple decisión administrativa o un decreto presidencial.
ESMA: el Gobierno toma previsiones
Informes de inteligencia que traslucían la posibilidad de protestas callejeras de sectores de ultraizquierda, desmanes y hasta intentos de copamiento, seguidos de represión policial, ante la Escuela de Mecánica de la Armada, el último gran símbolo de los días más oscuros del gobierno de facto de 1976-1983, fueron decisivos para que la administración de Carlos Menem diera el aval final para el traslado de ese centenario cuerpo académico a Puerto Belgrano.
El incremento en la violencia callejera comenzó a evidenciarse, al menos para quienes realizan tareas de inteligencia en la Argentina, en octubre último, cuando un grupo de jóvenes destruyó buena parte de las vidrieras de la avenida Santa Fe, en las cercanías del predio ferial de la Sociedad Rural, en Palermo, donde el presidente Menem brindó una comida de honor a su par norteamericano Bill Clinton.
El traslado de la ESMA, que costará tres millones de dólares, y que permitirá abrir a la comunidad uno de los santuarios de la tortura, como quedó constatado en el juicio federal a las juntas militares, no fue definido en las últimas horas, aunque su anuncio oficial se concretó poco después de que los diputados aliancistas Alfredo Bravo y Juan Pablo Cafiero propusieran derogar en el Congreso las leyes de obediencia debida y de punto final, sancionadas durante el gobierno radical de Raúl Alfonsín.
La primera persona en hablar públicamente sobre la reubicación de los entes académicos de la Armada fue el propio jefe de la institución naval, almirante Carlos Marrón, al inaugurar, en Puerto Belgrano, en marzo último, el año de actividades militares. En aquella oportunidad, Marrón anunció a sus marinos la intención de racionalizar el área educativa naval, pero no brindó precisiones sobre cuáles iban a ser los institutos que se trasladarían o cerrarían, con excepción del liceo ubicado en Salta.
Desde marzo último, con el aval presidencial, se sucedieron los estudios de factibilidad para cumplir con esos objetivos, los que prácticamente estuvieron cerrados hace un mes.
Instrucciones en el desayuno
Fuentes del área castrense y del Gobierno comentaron anoche a La Nación que el Presidente decidió el lunes último, por la mañana, que debía acelerarse la confección de varios proyectos para su envío al Congreso.
En un desayuno que compartió en la Casa de Gobierno con el jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez; los secretarios general de la Presidencia, Alberto Kohan, y de Control Estratégico, Miguel Solé, Menem "instruyó" a sus colaboradores a tener listos para esta semana las siguientes propuestas:
- Penalización de la profanación de cadáveres y sepulcros.
- Traslado de la ESMA a Puerto Belgrano y parquización del actual predio para erigir un monumento para la "pacificación nacional".
- Disminución del IVA para el sector agropecuario.
- Construcción del "pentagonito", edificio inteligente en Villa Martelli para albergar a las Fuerzas Armadas y a Defensa. Ayer se conoció el decreto por el cual se autoriza un endeudamiento público por 396 millones de pesos por 12 años para esa edificación y la adecuación de los edificios militares para albergar a parte de la Justicia.
Malos recuerdos
Pudo saberse que los funcionarios debieron trabajar contra reloj para presentar anteanoche a Menem los proyectos listos para su firma y, además, para que pudiera anunciarlos públicamente en el mediodía de ayer en la Casa Rosada, en la primera conferencia de prensa que brindó tras la derrota justicialista del 26 de octubre último.
Voces confiables negaron en forma tajante que, especialmente el nuevo destino de la ESMA, pueda considerarse una respuesta a la actitud de los diputados aliancistas Bravo y Cafiero.
"La intención del Gobierno es terminar con los malos recuerdos, y la ESMA es uno de los monumentos lacerantes para quienes tuvimos que soportar los duros días de la década del 70 y hoy seguimos transitando por la Avenida del Libertador", se sinceró un allegado al Presidente.
Esa fuente, que privilegió la decisión de trasladar la ESMA por sobre los otros anuncios, no dudó en sostener que "ésta no es una respuesta a la Alianza, que no ofrece nada pero que quiere destruir todo lo que se hizo, sino que es la mejor muestra de que Menem gobierna y mantiene intacto el poder, más allá de los resultados electorales".
En Balcarce 50 se recordó que, aunque es el proyecto definitivo, no fue el único que se generó dentro del Gobierno para reconvertir la ESMA "de un lugar de muertos y desaparecidos en un lugar de vida". Se evocó una idea del Ministerio de Educación, cuando era conducido por Jorge Rodríguez, sobre la posibilidad de convertir ese solar en una escuela de maestros.





