
Murió Deng, el hombre que reformó a China
Transformación: el dirigente chino había llevado a su país del comunismo al capitalismo; pesar en Occidente
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PEKIN, 19 (AP).- Deng Xiao-ping, el líder supremo de China y comunista revolucionario que guió al país del caos político y económico a la prosperidad, falleció hoy, a los 93 años, víctima de dolencias pulmonares.
Deng, denominado el "gran arquitecto" de las reformas orientadas al mercado, ya que abrió el país a las inversiones extranjeras, permitió algunas empresas privadas y abolió las comunidades agrícolas, había renunciado en 1990 a los cargos oficiales, pero sin dejar de ser el líder supremo.
Aunque responsable de la masacre de Tiananmen, que en 1989 dejó ciento o tal vez miles de muertos, los líderes occidentales lamentaron su fallecimiento. Bill Clinton lo denominó "figura extraordinaria en el escenario mundial". Pág. 4
Deng deja un gigante con pies de barro
Bajo su liderazgo florecieron las inversiones y los polos industriales, pero aún subsisten la pobreza y el analfabetismo
PEKIN, 20 (EFE).- La China que deja a su muerte el teórico dirigente supremo chino, Deng Xiaoping, es un gigante económico cuyo Producto Interior Bruto (PIB) se halla entre los cinco mayores del mundo, pero con los pies de barro, signado por carencias energéticas y educativas, entre otras.
De los 1220 millones de chinos, 130 millones no saben lo que es la luz eléctrica; 180 millones son analfabetos (el 80 por ciento de ellos son mujeres) y 65 millones malviven con una renta anual "per cápita" que apenas supera los 400 yuanes (48 dólares) anuales.
Pero la China Popular que Deng Xiao-ping encontró en 1978, cuando su liderazgo comenzó a ser indiscutido, contaba con 250 millones de esos "pobres de solemnidad", salía malherida del caos oficialmente conocido como "gran revolución cultural proletaria" y estaba aislada en lo político y atrasada en lo económico.
Deng consiguió vencer las resistencias al cambio en el seno del Partido Comunista Chino (PCCH) y fomentó una apertura económica que en los últimos 15 años permitió la llegada de cerca de 350.000 millones de dólares de inversiones extranjeras, en gran parte procedentes de los llamados "chinos de ultramar" y, en particular, de Hong Kong, Macao, Taiwán y Singapur.
Experiencias pilotos
El "supremo artífice de la reforma económica china" hizo de las sureñas provincias de Guangdong y Fujian una gigantesca experiencia piloto de industrialización, con casos tan excepcionales como el de Shenzhen, un pueblo de pescadores de 10.000 habitantes en 1984 y cerca de 2,5 millones de pobladores doce años después, que contribuyeron a cuadruplicar el PIB y la renta "pér cápita" chinas En una etapa posterior fue Shanghai, la gran metrópoli cerca de la desembocadura del río Yangtsé, la que se convirtió en principal centro financiero y segundo industrial del país, y Pekín, una "ciudad campamento" caracterizada por su horizontalidad, vió crecer como setas rascacielos de hasta 56 pisos de altura y tres anillos de autopistas urbanas.
El vestido, la alimentación y, en parte, las costumbres de los chinos, sobre todo de los 350 millones de habitantes de los núleos urbanos, cambiaron radicalmente y a las viejas consignas maoistas por todo y para todo siguió la de "eficacia antes que nada", ilustrada en la frase de Deng de "no importa que el gato sea blanco o negro si caza ratones".
El lado negativo
Pero el débil cuerpo legal y la rígida estructura estatal, dentro del inmovilismo político que acompañó a la reforma económica de Deng, generaron tensiones expresadas, sobre todo, en el movimiento disidente de 1989, reprimido a un alto costo de sangre, y crecientes diferencias entre campo y ciudad.
Las regiones interiores, cada vez más enclavadas y a un ritmo de desarrollo muy inferior a las costeras, son otro de los fosos estructurales que deja Deng como lado negativo de su herencia, unidas a una insuficiente infraestructura y a un país que aún depende energéticamente de fuentes tan contaminantes como los carbones de baja calidad y alto contenido en azufre.
Los sectores más ilustrados del PCCH y el gobierno chino buscarán tras la muerte de Deng Xiaoping insertar definitivamente a China en la economía mundial y conseguir el difícil equilibrio de mantener un rápido desarrollo con inflación aceptable, escaso ordenamiento legal, insuficiente cualificacion profesional, corruptelas e ineficacia administrativa y nostalgias colectivistas del maoismo.
El desafío del futuro
Los "neoconservadores" que van a gestionar la transición a la muerte de Deng tienen, entre las dificultades de su legado, mantener a las 100.000 empresas estatales, tres cuartas partes de las cuales pierden dinero, y un creciente desempleo al que se unen 140 millones de campesinos "excedentes" y 240 millones de personas que se incorporarán al mercado de trabajo en los próximos 15 años.
El reto parece fuerte, con una sociedad urbana sin ideología, un PCCH considerado en septiembre de 1993 por su comité central como "débil y poco estructurado" y ninguna alternativa política fuera de las dirigidas desde "Zhonangha", la parte de la antigua Ciudad Imperial pequinesa que alberga a las instancias dirigentes del Estado y al Partido Comunista.
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