
“No te rías de mí, Argentina”
Así tituló el diario inglés The Financial Times su dura nota sobre la “tinellización”
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Frente a una lista de problemas que se extiende día tras día, el presidente de la Argentina, Fernando de la Rúa, formuló un urgente llamado a la Nación: que por favor la gente deje de tomarle el pelo.
El pedido, que esta semana desencadenó un áspero debate en la Argentina, revela para muchos la debilidad de un gobierno que ha tropezado con una crisis tras otra durante el año y medio de su gestión.
El Presidente lucha por conservar su popularidad, en tanto que el propio país se halla inmerso en una crisis, y trata denodadamente de evitar una cesación de pagos respecto de una deuda externa en franco ascenso.
La alianza política que llegó al poder en 1999 se ha desintegrado y el Presidente parece haber cedido el manejo diario del país a Domingo Cavallo, su ministro de Economía. Muchos observadores políticos se preguntan si De la Rúa logrará completar su mandato de cuatro años.
En medio de esta perturbadora situación, su personalidad opaca y recatada –anteriormente ventajosa para él– se convirtió en el blanco de humoradas en los programas nocturnos de televisión. Tan mal parada quedaba su imagen que el Presidente envió a su vocero a decirles a los humoristas argentinos que dejen de bromear por miedo a que empeore la difícil situación del país.
“De la Rúa fue votado por el pueblo y, guste o no, es el ciudadano argentino que nos representa”, afirmó el subsecretario de Medios, Juan Pablo Baylac. “Si los argentinos –añadió– nos burlamos de este hombre, estamos causando un grave perjuicio a la investidura presidencial.”
Otro funcionario advirtió a los medios periodísticos que “no se pasen de la raya” aunque desmintió ciertas versiones de que el Gobierno tenga previsto demandar por calumnias e injurias a quienes más han degradado el ego presidencial.
Ante los ojos del Gobierno, uno de los que más agravian la figura del presidente es un caricaturista político de 31 años llamado Nik. Sus caricaturas en el diario La Nacion han fastidiado al Presidente, describiéndolo implacablemente como un tonto narcoléptico que está más en contacto con su colección de árboles bonsai que con el pueblo argentino. Hace poco, una de sus caricaturas mostró a De la Rúa con una almohada atada a la espalda.
Para contrarrestar la creciente sensación de que el Presidente duerme la siesta mientras el país tambalea, a sus colaboradores se les ocurrió una idea: hacer que sea la estrella de su propio reality show o programa de situaciones de la vida real. La idea fue que varias cámaras de televisión filmaran al Presidente a cada momento para mostrarlo como el hombre dinámico que sus colabores dicen que es.
Mal paso
Esa ocurrencia no hizo más que desencadenar una nueva ola de burlas e ironías en algunos programas de televisión, que incluyeron imágenes en vivo de De la Rúa sentado y duro como una estatua durante lapsos aparentemente sobrehumanos.
Posteriormente, los hombres del Presidente desecharon la idea, y acaso hayan hecho bien. Su último intento de enfrentarse cara a cara con un humorista satírico desembocó en un escándalo en vivo por televisión.
En diciembre, los asesores de imagen le recomendaron que se presentara en “VideoMatch”, un programa humorístico de TV transmitido en horario central, para aparecer junto a un personaje caracterizado como él y que lo había irritado bastante con sus imitaciones y lo describía como un individuo torpe, indeciso y olvidadizo.
El plan se malogró cuando un estudiante apareció ante cámaras protestando y tomó al Presidente de las solapas exigiéndole la excarcelación de un grupo de guerrilleros.
Sin sus guardaespaldas a la vista, otro de los personajes, disfrazado de oso, tuvo que rescatarlo del agresor. Y para colmo, el Presidente no podía después encontrar la salida. Se lo vio desorientado, yendo de un lado a otro detrás del escenario y tratando de salir por algún lado. Hasta hoy, durante el programa, el imitador del Presidente anda medio perdido detrás del escenario, y se lleva cosas por delante.
Esa desfavorable imagen no sería tan importante si no fuera por las elecciones legislativas previstas para octubre (...).
“La impresión de debilidad es algo que al Gobierno le será muy difícil superar”, sostuvo Mattie Lolavar, un ejecutivo de relaciones públicas norteamericano que trabajó con el gobierno de De la Rúa durante su primer año de gestión.
Si toda la reciente actividad alrededor del Presidente revela susceptibilidades de parte de sus colaboradores, acaso eso tenga cierto fundamento. Forma parte del anecdotario político de la Argentina que otro presidente del partido radical, Arturo Illia, fue derrocado en 1966 por insurgentes militares en parte debido a que lo ridiculizaban con caricaturas en las que aparecía como una tortuga.
Por supuesto, la verdad es mucho más compleja. Pero el fantasma de que el actual presidente acaso no complete su mandato ronda una vez más por la Argentina y afecta el buen carácter del Presidente.



