Oposición porteña a la aeroísla

Enrique Olivera, vicejefe de la ciudad de Buenos Aires, abogó por respetar la voluntad de la gente
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6 de junio de 1997  

El gobierno de la ciudad de Buenos Aires parece dispuesto a llegar hasta las últimas instancias con tal de que se respeten "la autonomía de la ciudad y la voluntad de los porteños", según dijo a La Nación el vicejefe de Gobierno, Enrique Olivera, al referirse a la privatización de los aeropuertos.

Al tiempo que el presidente Carlos Menem decidió acelerar la privatización de 35 aeroestaciones mediante un decreto que autoriza la venta de los pliegos para la licitación, el controvertido proyecto de la aeroísla pareció reflotar.

El jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez, defendió el reemplazo del Aeroparque metropolitano: "Está en un lugar que siempre fue intención de Menem cambiarlo".

En agosto de 1995, cuando la posibilidad de la construcción de una aeroísla asomaba y los candidatos a intendente porteño hacían campaña electoral, el actual jefe de Gobierno, Fernando De la Rúa, defendía para la ciudad la propiedad de las tierras que ocupa el Aeroparque.

Hasta agosto de 1994, fecha en la que el predio fue escriturado a nombre de la Fuerza Aérea, el Estado nacional lo explotaba mediante la concesión otorgada por la Municipalidad. "Esa declaración unilateral no tiene valor alguno y no significa transferencia de propiedad", sentenció entonces el radical.

La cuestión es que a fines de febrero último, la sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal, confirmó la medida presentada por el gobierno porteño sobre la propiedad de las tierras del Aeroparque metropolitano por lo que prohibió al gobierno nacional su venta o privatización.

El fallo fue la respuesta a la apelación que había presentado el Poder Ejecutivo que se adjudicaba la pertenencia de los terrenos.

Sin embargo, el lunes último cuando se conoció la decisión presidencial el jefe de Gabinete pareció ignorar esta resolución ya que aseguró que en el predio que ocupa el Aeroparque dentro de siete años "se creará un gran parque para uso de los ciudadanos".

A la defensiva

"Las tierras son nuestras y las decisiones sobre ellas no pueden tomarse sin la participación de los porteños", sostuvo Olivera.

El vicejefe del gobierno porteño explicó que aunque la construcción de la aeroísla se haga en el río, está contemplada una conexión con la tierra, y agregó que debe tenerse en cuenta también el impacto ecológico que tendrá la obra por lo que, "de todos modos, cualquier proyecto tiene que ser aprobado por la Legislatura y los vecinos porteños".

Acerca de las versiones que proponen trasladar la aeroestación a Quilmes o a Campo de Mayo, Olivera señaló la importancia de mantenerla dentro de la ciudad, ya que, según dijo, es una "ventaja competitiva de Buenos Aires".

A pesar de que en un principio el proyecto de la aeroísla establecía que una vez habilitada se cerraría el actual Aeroparque y se destinarían 60 hectáreas del mismo a su urbanización, la resistencia que ocasionó la idea produjo un cambio de planes.

Alsogaray insistió con el proyevto

Unificacion: el diputado de la Ucedé sostuvo que el río es el mejor lugar para aglutinar el tráfico aéreo y así bajar los costos; no descartó que surjan otras ideas.

El diputado Alvaro Alsogaray, de la Ucedé, volvió a defender ayer el proyecto de la aeroísla para unificar el tráfico aéreo del aeropuerto de Ezeiza con el del aeroparque metropolitano Jorge Newbery, lo cual él impulsó desde un principio. "Tiene una enorme ventaja sobre cualquier otra iniciativa", afirmó tajantemente ante La Nación .

La idea tiene el aval aún del presidente, Carlos Menem, y de su jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez. En un reportaje concedido a este diario, Alsobaray se explayó sobre la cuestión:

-¿Qué opina sobre la decisión de Menem de acelerar la privatización por decreto?

-El Presidente intentó por todos los medios que el Congreso tratara la ley de aeropuertos, que tuvo sanción del Senado pero no fue considerada en Diputados. El dilema era postergar la solución del problema o solucionarlo por decreto.

-¿A pesar de que existía una resolución judicial de no innovar?

-La medida es posterior al decreto. La decisión de la jueza y de quienes se oponen a la reorganización de los aeropuertos son contrarias al interés del país. Estamos entrando en la era de la aviación y nuestro sistema de aeropuertos es insuficiente.

-¿Pueden existir problemas entre la Nación y la ciudad de Buenos Aires por la jurisdicción de las tierras?

-Según lo que sé, todo el desarrollo de la isla sobre el río pertence a la Nación. Si se van a plantear cuestiones que tenga que decidir la Corte Suprema, es otra cosa.

-El vicejefe de gobierno porteño, Olivera, plantea, sin embargo, que la isla estará conectada con la tierra.

-Si Buenos Aires no quiere usar la isla que ponga allí un muro de Berlín y que no pueda entrar ni salir nadie.

-Ellos reclaman la propiedad de las tierras de Aeroparque...

-Supongamos que son municipales, que hagan lo que quieran con ellas.

-También plantean que el Aeroparque es un cetro de comunicación de la ciudad y que la Nación no tiene por qué eliminarlo.

-No se elimina porque una ley lo establezca, sino porque ya no es operable de noche y dentro de 2, 3, o 4 años será totalmente inadecuado para el tráfico aéreo. Llegó al límite de su vida útil.

-¿La construcción de la aeroísla es la única solución viable?

-Creo que sí, pero el pliego ofrece la posibilidad de que existan otras propuestas. Siempre promoví que sea una licitación internacional abierta y clara para que se presenten todas las propuestas y que se elija a la más conveniente para el país.

-Usted es uno de los principales defensores de la aeroísla.

-Desde que tomé contacto con el proyecto y Menem me encargó que lo evaluara. Pero tendrá que competir con cualquier proyecto que se presente dentro de los términos del pliego que está redactándose. Si es el mejor, triunfará. Personalmente creo y anticipo que la aeroísla tiene una enorme ventaja con respecto a cualquier otro proyecto que conozca.

-¿Qué ventajas tiene?

-Supóngase que me ofrecen un Ford modelo 30 y un Cadillac último modelo. No necesito mucho para decidirme, me gusta el Cadillac. Las alternativas que existen no son convenientes. La aeroísla, al unificar el tráfico de Aeroparque y de Ezeiza, resuelve el problema en su conjunto. Los usuarios estarán a 10 minutos del centro y a un costo de 3 o 4 dólares para ir en taxi, y a las compañías aéreas les conviene tener un solo aeropuerto, para no duplicar costos.

-¿Y el impacto ecológico que podría tener la isla?

-¿Cuál, se van a morir los pescados?

-No lo sé, le estoy preguntando.

-Hoy el Aeroparque no funciona de noche por el ruido que produce, si hubiera un incidente de vuelo sería una catástrofe porque cae sobre las usinas o la ciudad universitaria. Cuando los aviones despegan o aterrizan producen polución en el aire. Todo esto se elimina con la aeroísla porque se va 3 kilómetros adentro (del río) y los males que puedan haber se producen sobre el agua.

-Una de las críticas al proyecto es que en un país donde hay tanta tierra se construya una isla. k

-(Con ironía) Podríamos hacerlo en la avenida 9 de Julio, demolemos el Obelisco y aterrizamos allí. Es cierto que hay mucha tierra, pero el aeropuerto de Buenos Aires no se puede ir a Anillaco.

-Bueno, en Anillaco ya tienen la pista...

-Pero es una pista accesoria que no voy a discutir ahora. El problema está en el argumento de que habiendo tanta tierra hacemos una isla. No resiste ningún análisis. Hacemos una isla allí, porque es el lugar más conveniente; si me dicen que hay otro mejor, eso aparecerá en la licitación.

-El gobernador Duhalde pidió que el aeropuerto de Camet, que es provincial, quede afuera de la licitación, ¿pueden surgir más reclamos por la manera en que se hará la licitación?

-No sé lo que decidirán, yo era de la opinión de dividir el proyecto en dos partes. Una, resolver el problema del gran aeropuerto de Buenos Aires, y otra, los aeropuertos del interior. No había por qué agruparlos a todos en un solo paquete.

-¿Son redituables los del interior?

-Con las ganancias de Ezeiza y Aeroparque el Estado podría haber cobrado un canon y subsidiar al interior.

Referencias y factibilidad de la obra

El consorcio Aeroísla, integrado por Royal Boskalis Westminster Group, Ballast Nedam Group, Netherlands Airport Consultants, Aeroísla SA e Intmaco SA, fue el que elaboró un estudio para la construcción de una isla artificial en el Río de la Plata, la que concentraría el movimiento aéreo del Aeroparque Jorge Newbery y el de Ministro Pistarini de Ezeiza.

La idea le fue presentada al presidente Carlos Menem a mediados de 1995 quien entonces decidió encomendar al diputado ucedeísta Alvaro Alsogaray el estudio de factibilidad de la obra.

"Solución ideal"

Según los autores del proyecto, la aeroísla es "la solución óptima para el sistema aeroportuario del país y de la ciudad de Buenos Aires, tanto desde el punto de vista económico, técnico, como ecológico".

El crecimiento del tráfico aéreo, el desarrollo de la industria aeronáutica (aumento en el tamaño de los aviones) y la expansión del área urbana que circunda al Aeroparque, son algunas de las desventajas que señalan con respecto a ésa aeroestación.

Mientras que al referirse a Ezeiza, destacan como puntos negativos la distancia que lo separa del núcleo urbano (30 kilómetros) y el gasto de tiempo y dinero que ello implica, además del microclima que rodea al aeropuerto (la niebla que se genera con intensidad y alta frecuencia).

Los mentores de la aeroísla contraponen las ventajas de su proyecto:

  • Elimina la contaminación y polución ambiental y sonora de la ciudad.
  • Cercanía al centro de la ciudad (resulta la alternativa más económica para el transporte de los pasajeros).
  • Su área de influencia está libre de obstáculos y urbanizaciones (lo que facilita las futuras adecuaciones).
  • El hecho de concentrar el movimiento de las dos aeroestaciones produce ahorro para las empresas de aviación (simplifican sus estructuras).
  • Mayor seguridad para los habitantes de Buenos Aires (por su ubicación).
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