
Parte del secreto está en el poder de veto
La gran cuestión en debate sobre el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no es tanto por la ampliación del número de países con asiento permanente en ese cuerpo como por el interrogante sobre si en lugar de cinco serán en adelante diez los países con derecho a veto.
Desde 1945, o sea desde la constitución de las Naciones Unidas (UN), los miembros permanentes del Consejo de Seguridad fueron los Estados Unidos, Rusia (la Unión Soviética hasta 1990), el Reino Unido, Francia y China (en los años setenta los chinos de Taiwan debieron ceder posiciones en favor de los chinos continentales).
En otras palabras, con sólo los dos cambios relativos que se especificaron líneas antes, el Consejo de Seguridad ha sido en estos 52 años el claro reflejo de cuáles fueron las potencias vencedoras en la Segunda Guerra Mundial.
Después de más de cinco décadas, Alemania y Japón, dos de los grandes derrotados en la última conflagración mundial, tienen desde hace tiempo intereses y gravitación internacionales indebidamente reflejados en el Consejo de Seguridad. E Italia, que también pagó caramente los años del fascismo y la amistad con Hitler, es hoy, por orden de importancia, el quinto país con más fuertes contribuciones anuales al sostenimiento de la UN, aunque tampoco él tiene asiento permanente en el Consejo de Seguridad.
La Argentina ha entrado en una controversia con el Brasil que necesariamente debe registrarse en un contexto global de potenciales discusiones múltiples hasta que haya, al final, una decisión. Es un asunto delicado, que los argentinos lamentamos sobremanera, pero que no será el único en el gran mundo diplomático.
Como ocurre entre los dos socios clave del Mercosur, habrá muchas otras colisiones a raíz de las ansias naturales por ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la UN.
El apetito se despertó cuando Richard Richardson, representante de los Estados Unidos ante la UN, dijo que había llegado el momento de elevar de cinco a diez el número de bancas asignadas con carácter fijo: una para Alemania, otra para Japón y tres para los países del mundo en desarrollo.
¿Italia no va a decir nada, a pesar de que será seguramente Europa el continente más favorecido? Y si la Argentina discute la vocación manifestada por el Brasil, ¿por qué no habría de hacerlo también México?
Richardson -digámoslo claramente: el Departamento de Estado- no habló de países latinoamericanos sino de países en desarrollo. ¿Pensó en la India? ¿O en Indonesia? ¿O, por qué no, en Egipto o Israel? ¿Y qué dirán, entretanto, Mandela o alguno de los líderes del Africa negra renuentes a que sus intereses sean representados por otros?
El Consejo de Seguridad de la UN cuenta con 15 miembros. Cinco están contemplados con carácter permanente en la carta que dio nacimiento en San Francisco a las Naciones Unidas. Los otros diez asientos se van ocupando por el término de dos años. Cumplidos, viene el reemplazo por otros países.
Una de las horas más destacadas para la Argentina en esta suprema organización internacional fue en los años setenta, cuando de no haber sido por el veto de los chinos comunistas nuestro embajador Carlos Ortiz de Rozas hubiera tenido en sus manos la codiciada posición de secretario general de la UN.
La hora más penosa tal vez haya sonado para la Argentina durante la Guerra de las Malvinas. El doctor Amadeo Frúgoli, entonces ministro de Defensa, tiene anotado voto por voto, en la libreta de la que toma apuntes para un libro de memorias, el cálculo extraordinariamente errado que se le hizo al gabinete nacional, horas después de la invasión, sobre la forma en que se pronunciaría en el caso el Consejo de Seguridad de la UN.
* * *
Menudo conflicto éste entre la Argentina y el Brasil por una ampliación eventual de los asientos permanentes en el Consejo de Seguridad, el más decisivo de todos los cuerpos orgánicos de la UN. Y, más todavía, después de las chispas con Chile por otro asunto que está abierto, pero no cerrado, como es el del un status especial para nuestro país con relación a la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (NATO) Luego de darle el primer puntapié a la pelota, el embajador Richardson dijo que los Estados Unidos no tomaban por ahora posición en el tema crucial de si los cinco nuevos miembros permanentes del Consejo de Seguridad tendrán poder de veto o no como lo han ejercido hasta aquí las cinco grandes potencias.
Hay una muy extensa literatura de derecho internacional sobre las múltiples oportunidades en que la ex Unión Soviética en particular, pero también los otros miembros del Consejo, utilizaron sus facultades paralizantes para neutralizar resoluciones que los contrariaban.
The New York Times, uno de los diarios más influyentes del mundo, se ha apresurado a opinar que cualquiera sea la magnitud de las inequidades del sistema vigente desde 1945, duplicar el número de países con veto puede terminar siendo un mal más grave aún que el que se pretende corregir.
El notable diario neoyorquino se permite recordar que, después de todo, desde 1990 el Consejo de Seguridad ha venido actuando sobre la base de una política de consenso creciente a pesar de algún obstáculo de China, como cuando se votó el envío de una fuerza de paz a Haití. O sea: ¿para qué complicar lo que por sí solo estaba mejorando con referencia al pasado?
* * *
Todos saben que algo debe hacerse con el fin de que la UN sea un reflejo más apropiado de lo que es el mundo a pocos años de un nuevo milenio y no una imagen congelada de la forma en que la suerte quedó echada después de la caída de Berlín y de dos bombas atómicas.
Sin dudas, la UN ha tenido más vida y más éxitos que su predecesora, la Sociedad de las Naciones. El número de sus miembros se ha triplicado con creces desde aquella hora fundadora en la que se discutió arduamente el derecho de la Argentina a ser tenida en cuenta, como finalmente lo fue, a raíz de las ambigüedades de su política exterior durante la guerra.
Ahora, los miembros de la UN son 185. Nadie piensa seriamente que un número tan elevado sea mucho más que una concesión social benevolente del poder real dominante en el mundo desde 1945 a manifestaciones que, en no pocos casos, apenas pasan de ser exotismos tribales que buscan hacerse un lugar en Manhattan.
En el fondo, los verdaderos cambios no pasan por aquel asombroso número de países sino por la necesidad de financiar de manera más concordante con los nuevos tiempos -y, por lo tanto, con la nueva distribución de intereses- los costos fenomenales de movilizar aquí y allá las estructuras diplomáticas y, sobre todo, militares de las misiones de paz de la UN.
Por eso fue un norteamericano quien primero dio un puntapié al balón que argentinos y brasileños vemos hoy con preocupación en pleno movimiento.
Las atribuciones del Consejo
- Determina: si existe una amenaza para la paz o un acto de agresión.
- Recomienda: qué medidas se pueden tomar.
- Sanciones: puede instar a los miembros de las Naciones Unidas a que apliquen medidas que no entrañan el uso de la fuerza, con el fin de impedir o detener la agresión. Pueden ser sanciones económicas y comerciales, o la interrupción de las relaciones diplomáticas.
- Uso de la fuerza: si fracasan las sanciones, el Consejo puede autorizar la conformación de una fuerza multinacional para que emprenda una acción militar contra el agresor.
- Organismos regionales: el Consejo los utiliza para la aplicación de las medidas coercitivas que adopta.
- Controversia: debe investigar, de manera preventiva, toda situación que pueda crear una fricción internacional.
- Plantea: soluciones para dichas controversias.
- Armas: formula planteos para el establecimiento de un sistema que regule la compra de armamentos.
- Admisión: emite opinión sobre el ingreso de nuevos Estados en las Naciones Unidas; también, sobre la suspensión o la expulsión de alguno de sus miembros.
- Designación: recomienda a la Asamblea General de la UN el nombramiento de su secretario general.
- Elige: junto con la Asamblea General a los magistrados de la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya, Holanda.
- Dictámenes: se pueden solicitar del Tribunal Internacional de Justicia sobre cualquier materia.
El órgano con mayor decisión de la UN
El Consejo de Seguridad es el órgano con mayor poder de las Naciones Unidas (UN). Es el que tiene, según la Carta (el estatuto que rige la UN), la responsabilidad de mantener la paz y la seguridad en el mundo.
Los cinco miembros permanentes del Consejo con derecho a veto son los Estados Unidos, China, Francia, el Reino Unido y Rusia, por entonces la Unión Soviética.
También lo integran diez miembros no permanentes, sin derecho a veto, que rotan cada dos años: cinco Estados de Asia y Africa; uno de Europa oriental; dos de América latina, y dos correspondientes a Europa occidental.
La Argentina integró el Consejo de Seguridad como miembro no permanente por última vez durante la gestión de Emilio Cárdenas como embajador ante la UN.
El órgano se reúne de manera periódica en la sede de las Naciones Unidas, pero puede hacerlo en cualquier otro lugar. Son frecuentes las reuniones urgentes que celebra, dada su competencia sobre el mantenimiento de la paz.
El Consejo de Seguridad se reunió, por ejemplo, luego del desembarco de las fuerzas argentinas en las islas Malvinas, en abril de 1982.
Las votaciones que no se refieren a cuestiones de procedimiento requieren del voto de nueve miembros, incluido el de los cinco permanentes.
Si uno solo de los cinco vota en contra, no hay decisión sobre la cuestión planteada. Esta regla, de "unanimidad de las grandes potencias", es lo que se conoce como derecho a veto de los miembros permanentes del Consejo.
Existen dos modalidades que limitan, aunque parcialmente, el uso del derecho a veto: ni la ausencia de una de las grandes potencias ni la abstención de votar se interpretan como un veto.
La presencia de los Estados Unidos y de la entonces Unión Soviética en el Consejo de Seguridad paralizó virtualmente su funcionamiento durante la guerra fría.
Luego adquirió mayor actividad, y adoptó una serie de medidas que están contempladas en el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas.
Cuando considera que la paz y la seguridad mundial están amenazadas, el Consejo de Seguridad puede adoptar medidas que no implican el uso de la fuerza (sanciones económicas, bloqueos o rupturas diplomáticas) o autorizar el uso de la fuerza, como sucedió en la Guerra del Golfo o en Haití.
En ambos casos, autorizó a los miembros de las Naciones Unidas a conformar una fuerza multinacional, que estuvo liderada por los Estados Unidos, para forzar la retirada de Irak en Kuwait y para restituir la democracia en Haití.
La actividad del Consejo de Seguridad incrementó la presión de los miembros de la Asamblea General de la UNpara que democratizara su composición. Los motores de la reforma son Alemania y Japón, que quieren estar representados. Los países en desarrollo también pretenden un lugar en el Consejo.
1
2El verano de Kicillof: con la mira en 2027, mezclará relax, gestión y política para alimentar su perfil opositor a Milei
3El Gobierno cambia por DNU la ley de inteligencia: amplía la posibilidad de aprehender personas y crea un nuevo organismo
4El presunto testaferro de la quinta de Pilar tenía una tarjeta corporativa de la AFA con gastos de $50 millones por mes




