
Pasado y presente del peronismo: la sede de Matheu, testigo de la crisis del PJ
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En la puerta principal dos carteles avisan que el edificio está "cerrado por inventario" y un tercero advierte: "No se apoye sobre la pared, si no, no funciona el timbre". Adentro, las huellas del esplendor pasado conviven con el vacío de los últimos años y con un aire a "desalojo", el sello de los últimos días. Es viernes a la tarde. El silencio no se explica solo por eso. En el edificio de Matheu 130, tres pisos, una terraza, 40 oficinas, una decena de salas de reunión, un auditorio y un quincho no hay más de 10 personas.
"El peronismo no es un edificio, el peronismo vive en el corazón de la gente", arengó José Luis Gioja. "Desde la semana que viene atiendo en el PJ", avisó Luis Barrionuevo. "Lo único que nos falta es que se nos venga abajo el edificio", graficó resignado un experimentado cacique peronista después de largar una carcajada triste. La sede del PJ nacional de la calle Matheu fue esta semana epicentro de otro capítulo de la debacle del peronismo. Es también un testigo fiel de su historia reciente y no tanto: del brillo y de la crisis, del frenesí y de la parálisis, del poder y del llano.
En la planta baja, un busto blanco de Evita, una placa que recuerda el aniversario de su muerte firmada por mujeres que se declaran "firmes junto a Menem" y la Virgen que preside el salón desde una vitrina en la altura, -manto blanco y lila, piedras brillantes y el escudo del PJ, todo bordado con hilo dorado-, conviven con una pila de cajas de cartón apoyadas contra la pared. Hay papeles, carpetas, afiches de campañas pasadas, paquetes de yerba y servilletas. "Son las pertenencias de la gente del PJ bonaerense. El lunes vienen a retirarlas", dice a LA NACION Daniel Pires, apoderado de Barrionuevo y flamante mandamás de Matheu. Desde el martes está a cargo del "operativo desembarco": supervisó la confección del inventario y sigue de cerca la auditoría contable. Pero parece ansioso por aclarar: "Luis no va a tocar nada hasta que el fallo no esté firme".
En la mesa de entradas matan el tiempo dos hombres jóvenes. No hablan entre ellos. Celular en mano, anteojos negros en vincha, aclaran que no son empleados del partido. Trabajan "con Luis". Detrás del vidrio que tienen a sus espaldas funciona la única oficina activa. Tres administrativos avanzan con la auditoría. De fondo, suena una tele. Ahí no se puede entrar.
En el resto del edificio mandan el silencio, las oficinas cerradas con llave y los salones a oscuras. El vacío. No hay un solo papel a la vista. Ninguna señal de vida. Parece un edificio desocupado, pero desde hace tiempo, aunque limpio y en buen estado.

En el segundo piso, el quincho, histórico escenario de reuniones, asados y conferencias, luce pulcro, listo para recibir a unos 60 comensales. La parrilla está cerrada. En la mesa que preside el salón, con las imágenes de Perón, Evita, Néstor y Cristina detrás, espera hasta un micrófono. Hay varias oficinas, cinco asignadas al PJ bonaerense y una cocina en la que un fichero ignífugo de un metro y medio guarda "documentación importante" del partido. Las llaves las tiene Barrionuevo.
En el tercero están la presidencia y las oficinas de Gestar, el Instituto de Formación Política del PJ que surgió durante el kirchnerismo, alejado de La Cámpora e inspirado por el legado del histórico Juan Carlos el "Chueco" Mazzón. Su futuro es una incógnita.
Más allá de la intervención dispuesta por María Servini de Cubría esta semana, la quietud, la sensación de desamparo y la actividad a cuentagotas se adueñaron de Matheu hace años, de la mano de la distancia que Néstor Kirchner tomó del PJ a partir de 2005, cuando el partido quedó en manos de su último interventor, Ramón Ruiz.
Muy atrás habían quedado ya los años en los que una parte de la "rosca" peronista se jugaba entre las paredes de Matheu. En los 90, cuando se inauguró el edificio, era común que Menem lo usara para reuniones y lanzamientos. Allí juntó, por ejemplo, a los convencionales constituyentes en 1994, anunció la estrategia electoral para 1997 y defendió sus intenciones re-reeleccionistas en 1999. Años en los que el consejo nacional se reunía todos los meses, los diputados y senadores citaban allí a ministros del gabinete menemista para negociar y los gobernadores, aglutinados en la célebre "liga", urdían planes para meterle presión a la Casa Rosada. Otros tiempos.
En números
El PJ nacional tiene hoy siete empleados: dos de la mesa de entradas, dos administrativos, un encargado del edificio, un abogado y un contador. Todos trabajan en Matheu desde hace más de dos décadas. Uno de ellos es Alberto Miragaya, hermano de Eduardo, fiscal muy cercano a Servini de Cubría. Según el último balance, del año pasado, tiene activos por $6.505.422 millones y gastos por $6.081.428 millones. En las próximas semanas recibirá poco más de $4 millones del fondo partidario permanente, que las agrupaciones cobran todos los años. Cada cuatro, cobra fondos de campaña en función de los resultados de la última elección. El edificio de Matheu, el único del partido, tiene una valuación fiscal de 3.429.064 pesos y un terreno en Balvanera, valuado en $63.468. Los afiliados son 3.533.407 y la mayoría, un 53%, son mujeres. Es viernes a la tarde. Las vallas del operativo policial del martes están arrumbadas sobre la vereda. El pasacalle del PJ de Lanús se mueve con el viento leve del otoño reciente. Un colectivo de la Policía de la Ciudad sigue estacionado frente al edificio. Resabios del último temblor.



