Peña peronista: el asado íntimo de los más fieles a Cristina
En un almuerzo lleno de humoradas y acidez, los guardianes del kirchnerismo evaluaron la campaña y se alistaron para el post-27
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Los siete caballos irrumpen, de repente, detrás de una nube de polvo y cruzan las vías abandonadas. La mesa de dirigentes, instalada en la galería de lo que alguna vez fue un andén, distrae su mirada del asado que comienza a circular para concentrarse en la escena. La intriga los envuelve unos segundos. "¡Pero si es «el Barba»!", adivina, entre carcajadas, Carlos Kunkel.
El intendente de Quilmes, Francisco Gutiérrez, sacude el brazo para distinguirse del resto de los gauchos que lo secundan. Galopa sobre un animal especial: un caballo pinto, característico por la infinidad de manchas en su pelaje, casi idéntico al que monta Juan Perón, vestido de fajina militar, en una icónica fotografía de la década del 50. Desensilla, se incorpora al almuerzo y ofrenda, ese mediodía en San Vicente, una postal cargada de liturgia, justo el Día de la Lealtad.
Los comensales habían llegado un rato antes, de distintos actos, para participar de la "peña bonaerense", un espacio itinerante de legisladores oficialistas, que suele sumar a sus veladas a intendentes y funcionarios. Esas reuniones son, acaso, un termómetro infalible del ánimo K: hay catarsis, contrapuntos, rosca y, sobre todo, acidez. Kunkel, el fundador, organiza la hoja de ruta y el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, comparte el oficio de anfitrión. Hay un elenco de fieles, como sus compañeras de bancada Diana Conti, Teresa García y Juliana Di Tullio, todas incluidas en la lista que armó Cristina Kirchner para competir en las urnas.
"Me parece que sabemos quién preparó la mesa?", chicanea Kunkel, mirando de reojo a Alejandro Arlía, ministro de Infraestructura de Scioli. Se refería al naranja furioso, color insignia de la publicidad del gobernador, de las servilletas y del camino que cubría el mantel blanco. "¿También van a decir que hice la ensalada?", replica el economista, mientras señala una fuente colmada de zanahoria rallada. La invitación al funcionario sciolista -con el que habían compartido un acto, en la previa- es un síntoma de época: evidencia la paz sellada para la campaña y abre un interrogante sobre qué hará el kirchnerismo duro después de las elecciones.
Los números se cuelan en la charla y cada uno tira su pronóstico. En general, se aferran a que Sergio Massa no se dispare. Creen que bajó en las encuestas, pero no esperan un batacazo propio. Desafiantes, ellos, tildados de "talibanes", se muestran como si ya hubieran digerido la derrota y están listos para capear la batalla que venga.
"Martín estuvo muy bien anoche", evalúa Di Tullio. Ella lo había acompañado al programa que conduce Alejandro Fantino. La sorpresa más comentada de la emisión fue la aparición detrás de cámara de la modelo Jesica Cirio, en supuesto romance con Insaurralde. En busca de votos, se disparan propuestas hilarantes. "¿Y si hacemos que se casen la semana que viene?", lanza uno. No todos están de acuerdo con el tono edulcorado que tomó la campaña, de la mano del estilo Scioli. Pero acatan, incluso los más aguerridos. Cada uno tiene un rol, nadie se sale del libreto.
Cada vez que quiere "ordenar" la mesa, Kunkel da unos golpecitos con el mango del cuchillo a la botella de Trumpeter. Ahora lo hace para captar la atención y que el intendente local, Daniel Di Sabatino, presente a David Tokar, "el mejor payador del Río de la Plata". El joven, guitarra en mano, apoya un pie sobre una silla y pide frases para hilvanar recitados. "Hasta la victoria siempre", primerea Conti. En voz baja, el artista dice como para sí mismo que "siempre" no tiene rima. Ágil, da vuelta la oración, en una cita que enlaza a Néstor y "el Che". Y ahí se gana el primer aplauso fuerte.
Se hacen las tres. Domínguez tiene que partir a la Cumbre Iberoamericana, en Panamá, en reemplazo de Cristina. "¿Cuándo volvés?", le preguntan. "El 28", apunta, mordaz, Kunkel. Se apuran para completar el ritual de cada tertulia: la entrega de una bandera de la Confederación, que lleva la leyenda "Mueran los salvajes unitarios", al alcalde al frente del distrito. Se acercan dirigentes, entre otros, Gastón Harispe, del Movimiento Octubres, y la joven diputada Eugenia Zarrameño. Un asistente intenta hacer una foto y pide que corran copas y platos. "Acá somos peronistas, que se vea todo. No somos como Massita, que vive en un mundo de plástico", alecciona Kunkel. Un instante después todos posan, alineados, con los dedos en V.
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