
Pingüinos y política en un affaire malvinense
Conflicto: un biólogo británico afirma que sus investigaciones molestan a la industria pesquera.
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En las islas Malvinas, un lugar donde pareciera que frecuentemente no pasa nada, al biólogo británico Mike Bingham le pasa de todo. La causa parece ser su advertencia sobre la disminución de la población de unos pingüinos cuyo principal alimento es el calamar. Coincidentemente, ésa es también la principal fuente de ingresos de los isleños.
La historia llamó la atención del periódico británico The Sunday Times, que acaba de dedicarle una extensa nota.
Allí reproduce detalladamente la versión de este biólogo, que asegura que sus estudios demuestran una notable disminución en la población de la variedad de pingüinos rockhoper. Según dice, de tres millones de parejas que había en 1982, hoy quedarían unas 300.000. Esta disminución coincide con el boom de la explotación pesquera, que motivó el bienestar económico del que gozan los habitantes de las islas. El principal ingreso de los malvinenses es la venta de licencias de pesca del calamar a buques de todo el mundo para que exploten la zona de exclusión impuesta por Gran Bretaña en el mar circundante a las islas.
Otras especies de pingüinos que pueblan las islas no habrían sufrido esas alteraciones.
Según The Sunday Times, Bingham aseguró que el director de una compañía petrolera le dijo que si no se quedaba callado, lo iban a echar de las islas por "indeseable".
"Al principio estaban contentos con los resultados de mi investigación en las islas", dijo Bingham al periódico. Pero cuando aparecieron los estudios que demostraron que en la Argentina y en Chile la cantidad de pingüinos permanece estable, las actitudes cambiaron.
Bingham -que en agosto último explicó a las enviadas de La Nación en las islas en qué consistía su método para contar los pingüinos- alega que hay quienes hacen esfuerzos para apartarlo de las islas.
"Campaña"
Se quejó de que fue víctima de amenazas telefónicas y de "una campaña de calumnias".
Esto último se debió a que en una requisa de rutina del correo (las autoridades de la aduana tienen permitido este mecanismo para interceptar el ingreso de drogas o pornografía) encontraron uno de estos videos dirigido a él, por lo que fue multado. La novedad, en esa comunidad de 2200 almas, fue el chisme de la semana.
También fue acusado de haber robado documentación de la institución ambientalista para la que trabajaba. La entidad después se disculpó, pero, mientras, el gobierno bloqueó su solicitud de residencia. Por si todo esto fuera poco, fue arrestado a pedido de Interpol, pero resultó que la persona buscada era un homónimo.
Llegó a publicar un aviso en el Penguin News el 20 de agosto último pidiendo que dejen de hostigarlo y proponiendo a los lectores que, para conocer la verdad, busquen su sitio en Internet: www.seabirds.org/falklands.htm.
"Se cometieron errores", admitió el secretario de Gobierno de las islas, Andrew Gurr, al Sunday Times. Prometió que se investigará el caso y negó que el gobierno isleño esté ocultando información sobre los pingüinos.
Ni Gurr ni Bingham, ambos de viaje, fueron ubicados ayer para hablar del tema. Pero otros isleños, que prefieren no ser citados, dudan de que se trate de exceso de mala suerte o de un cúmulo de coincidencias.
"Este es un típico caso en el que uno no sabe a quién creerle", dicen.
Escala
A partir del sábado próximo, los vuelos de la empresa de aviación LanChile rumbo a las islas Malvinas realizarán una escala en la ciudad de Río Gallegos, Santa Cruz. El gerente de Aerolíneas Argentinas en aquella ciudad, Luis Pérez, confirmó que el vuelo 993 partirá de Santiago de Chile y hará dos escalas: una en Punta Arenas (Chile) y la segunda en Río Gallegos.



