Problemas sin pasaporte
Cuando en noviembre de 2009 Kofi Annan, exsecretario General de la ONU, acuño la frase “problemas sin pasaportes”, estaba definiendo una de las principales características de este siglo XXI: la interdependencia de toda la humanidad. Lo que Juan Bautista Alberdi en El Crimen de la Guerra, denominaba “pueblo Mundo”.
Ello es así ya que los grandes desafíos y problemas de nuestros tiempos son de orden global: cambio climático y transición ecológica, pandemias, violación de los derechos humanos, terrorismo y violencia generalizada, migraciones forzadas, pobreza y creciente inequidad, hambre y desnutrición. A lo que se suman, renovadas concepciones imperiales y liderazgos mesiánicos, violación del Derecho Internacional y la Carta de la ONU, todos los cuales no requieren de visado ni de autorización de tránsito mundial.
En este escenario, el multilateralismo -como esquema de negociación y búsqueda de solución de conflictos basado en la acción concertada colectiva- con su correlato en la Organización de las Naciones Unidas, adquiere aun mayor relevancia que en 1945.
Multilateralismo como ámbito de acción universal y humanista para la construcción de la paz.
Multilateralismo que, en la práctica, se ve limitado por un creciente nacionalismo, renovados populismos con fuerte raigambre “soberanista” y exacerbación de la política de grandes poderes.
Es paradójico que, en aras de la paz, se denueste el multilateralismo- único ámbito global de cooperación, dialogo y negociación universal- aduciendo que es irrelevante y no funcional en un mundo signado por la política “realista” y cruda del “juego de poder”, olvidando así las palabras del presidente Harry Truman, quien señaló ante la Asamblea General de la ONU, el 25 de abril de 1945 que “la responsabilidad de los grandes estados es servir a los pueblos del mundo, no dominarlos.”
Escenario, este, que se traduce en un creciente gasto militar global que en 2023 alcanzó la suma de 2,2 billones de dólares (agregar nueve 0), con un aumento del 9% con respecto de 2022, sin que ello tenga un impacto en la disminución de los conflictos, ya que, según el Índice Global de Paz, en la actualidad hay 56 conflictos, el mayor numero desde la finalización de la segunda guerra mundial.
En cambio, la Organización de las Naciones Unidas, creada en 1945 con el objetivo de “… preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles…” con un presupuesto de menos de 10.000 millones de dólares anuales, fue capaz de adoptar el 22 de septiembre ultimo tres documentos sin votación: Pacto del Futuro, Pacto Digital Global y Declaración sobre Futuras Generaciones.
En estos tiempos turbulentos y de recesión diplomática, los 193 países que componen la ONU (cuya Carta fundacional comienza con las palabras “Nosotros los Pueblos”, y no “Nosotros los estados” o “Nosotros los países” …) demostraron que es posible y necesario “invertir” en la diplomacia; que fue posible acordar tres documentos que, con las imperfecciones que puedan tener los mismos, constituyen una apuesta necesaria al diálogo, respeto, cooperación y convivencia civilizada: en definitiva una apuesta a la diplomacia multilateral.
Este ejemplo de “fraternidad” diplomática (¡el tercer concepto de la Revolución Francesa, lamentablemente olvidado!) nos recuerda de la importancia de la búsqueda de la gobernabilidad global- erróneamente asimilada al gobierno global- que no es otra cosa que el avance de la conciencia humana hacia ámbitos de paz y cooperación.
Históricamente ciertos momentos del acontecer humano -lo que los griegos denominaban Kairos- son sometidos a profundas disrupciones por cambios tecnológicos. Y éste es uno de ellos. El cotidiano impacto disruptivo de la IA, se ha transformado en el elemento condicionante de nuestro devenir humano. Desde una perspectiva estratégica, la IA puede acelerar el tránsito hacia un mundo post-wesfaliano, desafiando más de 370 años de monopolio estatal soberano.
Como bien plantean Henry A. Kissinger, Craig Mundie y Eric Schmidt en el libro Genesis, “podría ser el catalizador de una transición aún más fundamental: un cambio hacia un sistema enteramente nuevo, en el que los gobiernos estatales a su vez se verían obligados a abandonar su papel central en la infraestructura política mundial”.
En este contexto es necesario abrir una nueva viñeta y llevar adelante un debate ético, sobre las consecuencias del uso instrumental de los avances de la ciencia y tecnología en esta era exponencial. Ello a fin de que los progresos de la ciencia y la tecnología sigan siendo en pos del bien común y no de una eventual deshumanización.
Es necesario asimismo repensar el multilateralismo. El multilateralismo actual responde, principalmente a un sistema centrado en el Estado, mientras que la realidad global actual ya no lo es. Es necesario tener un multilateralismo de dos vías: centrado en el Estado y centrado en “Nosotros los Pueblos” -palabras iniciales de la Carta de la ONU- ya que la gran mayoría de los problemas son a nivel social.
El multilateralismo no hace solamente a las instituciones; se refiere también a la cultura. Un multilateralismo sostenible no lo será a menos que tenga bases sólidas y sea percibido como eficaz y eficiente por su principal electorado: Nosotros los Pueblos.
Por eso, el diseño y construcción de un nuevo multilateralismo requiere afianzarse en una cultura multilateral. Una nueva cultura que incluya y aborde los temas que afectan a Nosotros los Pueblos y no solo los de los Estados como tales.
¡Y esto se torna aún más necesario en esta nueva era digital que hace que los “problemas sin pasaportes”, puedan transformarse en “apátridas”!
* El autor es miembro del Servicio Exterior de la Nación





