
Publicidad, premios y castigos
En su último año de gestión, el Gobierno parece dispuesto a mantener abiertos muchos conflictos
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El nombramiento de Juan Manuel Abal Medina al frente de la Secretaría de Medios sólo admite una lectura política: la presidenta Cristina Kirchner designó a un hombre de su estrecha confianza, pero no dio pautas para hacer más transparente la distribución de publicidad oficial.
Desde 2003 se escuchan críticas sobre la arbitrariedad con la que esa secretaría reparte la pauta publicitaria y castiga a los canales, radios y periódicos independientes. Uno de esos casos, promovido por Editorial Perfil, llegó a la Corte, que en octubre último se aprestaba a condenar al Gobierno por esos desmanejos. Pero el fallecimiento de Néstor Kirchner frenó el fallo, que ya está redactado y será dictado en un año electoral. ¿Tolerará la Presidenta que los jueces le pongan límites?
Hace casi un mes, el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, visitó a la mandataria en la Casa Rosada. Dio condolencias y buscó acortar el abismo que se abrió entre los dos poderes cuando, meses atrás, el tribunal desairó al Gobierno y mantuvo la suspensión de uno de los artículos más arbitrarios de la ley de medios. La Presidenta entendió el mensaje y accedió al pedido de Lorenzetti de aumentar el sueldo para todo el Poder Judicial. Pero ella no olvida las derrotas.
Controladores, ni la Presidenta ni Carlos Zannini delegaron jamás en el ministro de Justicia, Julio Alak, la construcción de la relación con el Poder Judicial. Esa cartera, ya sin el área de Seguridad, que fue transferida a manos de Nilda Garré, quedó vaciada de contenido. Y el nombramiento del muy joven Julián Alvarez como secretario de Justicia muestra que allí no se tejen los hilos más delicados. Por eso, reemplazar al ministro no traería mayor provecho.
Tampoco lo tendría trasladar al procurador general, Esteban Righi -un penalista muy inteligente-, al Gabinete. Someterlo a los entretelones de la política -que Righi entiende al dedillo, pero a la que no quiere volver- equivaldría a desvestir un santo para vestir otro. Pero, peor aún, no tendría efectos prácticos: designar un nuevo procurador demandaría muchos meses del último año de gestión presidencial.
El Gobierno no renunciará a controlar la Justicia ni solucionará los conflictos. Primer dato: impulsa como titular del Consejo de la Magistratura a Mario Fera, un muy buen camarista, pero que no representa a los sectores independientes que ganaron las últimas elecciones. Segundo dato: la Corte puede deparar sorpresas con algunos fallos en materia de jubilaciones. Y, tercero, permanecen abiertos los enfrentamientos con algunos sectores empresarios y, en particular, con algunos grupos de medios.
Por eso, los kirchneristas no arrían las banderas y empezaron a esmerilar a distintos jueces que, en 2010, frenaron esas embestidas oficiales.





