Qué dice el diccionario menemista
Se trata de la segunda versión del libro de cabecera del lenguaje que domina el entorno presidencial
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Un peronista eufórico tras montar una operación exitosa debe dirigirse así al presidente Menem: "Carlos, ºpalo, carambola y tronera!". Si en realidad el jefe del Estado ni lo recibe, debe aparentar lo contrario y recurrir al famoso Carlos dice... o al más irritante A mí me puso Carlos para atornillarse al cargo; siempre hay para repartir.
Para pertenecer al mundillo hay que chamullar en la jerga. En la última versión del Pequeño Diccionario Menemista Ilustrado -cuyos nuevos vocablos aparecen aquí en negrita- ya no figura la minicarpa de El Turco; quienes la integraban se transformaron en viudas, o muertos en vida.
Unos volcaron porque se les soltó la cadena, como Alberto Lestelle. Su imprudencia embarró a diputados que, dijo, "van por los baños y a los nariguetazos".
Gustavo Beliz o Domingo Cavallo, en cambio, vigilantearon y buchonearon la corrupción del palacio. Al "Mingo" lo llaman Poliladron; a Beliz, Zapatitos Blancos.
Los menemistas, entienden sus ex compañeros, ignoran todo de política y de derpo (poder).
Un sobre con lomo debe cargar al menos 3000 pesos o dólares, como dice Menem. ¿Donde está la mía?, grita un funcionario al sentarse en su nuevo despacho. ¿Qué significa? La coima. La mía está, no la toqués. Y con la tuya, lo que quieras. Esto se dice si no hay acuerdo en sumar un nuevo participante en la cadena del negocio y dividir la ganancia.
Por la globalización, se traduce al inglés: ¿Where´s mine? Se yerra si se pregunta: "¿Cuánto es la mía?". Lo correcto es: "¿Cuál es la mía?".
De la cometa y el valijeo
Quedarse con la cometa del jefe es valijear. Se utiliza una frase típica: "No le hablés de guita a... que se pone muy mal". Abundan los tipos de operaciones. Le mostró lisa y le jugó rayada se emplea para confundir al adversario en la estrategia: te cambian la bocha.
Los desinformados siempre están durmiendo y con pompón. También se los describe como de osito y chupete.
Retacear datos o información intencionadamente es darle un puré de Valium o un Lexotanil de 100.
Los buscas y busquines andan circulando y pasilleando para inscribirse en alguna cadena de la felicidad, la de algún funcionario, con la cual comer de algún lado.
En definitiva, dicen que se eliminó la corrupción estructural y sólo quedó la residual. Nadie sabe si ello pretende significar que hay más o menos coimeros en circulación: son vocablos mediáticos, como mercados emergentes.Antes eran en vías de desarrollo (pero siempre fueron subdesarrollados).
Si se pretende evitar que a uno lo emboquen los medios, siempre se debe recurrir a la suegra con guita, justificativo perfecto de un acaudalado patrimonio o enriquecimiento ilícito. Si se agotan las suegras, también son útiles las hermanas, esposas.
Eduardo Duhalde se imagina candidato natural; está instalado.
A Menem lo atormenta la sombra del El Amarillo, apodo de Yabrán por el color de las camionetas de su empresa Ocasa.
Amarillos y violetas (por OCA) son también jueces y funcionarios obedientes a la causa.
Los yabranistas ya navegaron por el Excalibur, donde quedaron pegados al dueño de Yabito.
Según Cavallo, Yabrán alquila funcionarios, legisladores, políticos y jueces de distinto palo (signo político).
La yabranización de la política es un hecho; casi nadie habla ya del pamperonismo ni del posmenemismo.
Para frivolizar las malas noticias políticas se recurre a la samanthización de los casos resonantes. Saman-tha Farjat, Maradona, La Momia emocionan al periodismo encadenado a la Rosada.
Services, business y rosca
Campos minados de services (agentes) menemistas, los cafés de Florida se tiñen de operación. Allí se teje algún business (negocio) o alguna rosca política.
Un líder tiene tropa si sus punteros manejan buen aparato (maquinaria partidaria); si no, sólo tiene runfla (busquines). Si un funcionario anda en un tongo (algo sucio), sus adversarios lo esmerilan con algún chiveo (filtración) en la prensa.
Si debilitan a la víctima, ésta irá por la banquina y con las luces prendidas, en situación de vulnerabilidad terminal, hasta tumbar, estallar o volcar, o sea, renunciar.
Si la decisión presidencial resulta inesperada, la palabra indicada es eyección.
Si ni quieren que asuma, hay que licastrearlo, lanzar anticipadamente su nombre como número puesto, quemarlo, tal como sucedió con Juan Licastro, cuando todos lo daban como número puesto para la Secretaría de Seguridad, que terminó entonces en manos del brigadier Andrés Antonietti.
Los órganos de crédito internacionales recomiendan ahora la transparencia y el buen gobierno. Será que los anteriores fueron malos, pero no importaba tanto.
¡Calma radicales! Está garantizado el advenimiento de una propuesta superadora, pese a que nadie la explicó demasiado, y sin volver al pasado.
Pero sobran corrientes de pensamiento político: el chichismo, el evitismo y las manzaneras, que, en realidad, coinciden bastante con el duhaldismo.
Carlos Pinino Corach (o Chiquito o Petiso) y Alberto Figuretti Kohan, gurkas menemistas no adscriben a esa línea. Abrevan en el pensamiento vivo de Jorge Triaca: "El 2000 nos encontrará unidos o detenidos".
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