¿Qué son los microcréditos que promueve la reina Máxima?

La monarca holandesa los considera un "antídoto contra la pobreza"
La monarca holandesa los considera un "antídoto contra la pobreza"
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11 de octubre de 2016  • 15:24

“Las microfinanzas son un antídoto contra la pobreza”, suele repetir la reina Máxima de Holanda sobre el tema que asumió como una verdadera bandera por la que es reconocida en todo el mundo como asesora especial del secretario general de la ONU.

Zorreguieta, que antes de ingresar en la realeza trabajó como licenciada en Economía en instituciones financieras de Nueva York y Bruselas, consideró en una entrevista con la nacion de hace algunos años que en la Argentina aún queda mucho por hacer en el sector de los microcréditos, ya que el país tiene uno de los índices más bajos de acceso a servicios financieros de toda América latina.

Pero ¿cómo funciona la cuestión de los microcréditos?

Estos préstamos de pequeños montos para emprendimientos productivos, comerciales o de servicios se tramitan normalmente fuera del sector comercial privado, en instituciones estatales, cooperativas o ONGs y apuntan precisamente a clientes que no reúnen las condiciones para acceder a los créditos bancarios tradicionales. En la Argentina hay una Comisión Nacional de Microcrédito que depende del ministerio de Desarrollo Social, y que aplica una tasa de interés de alrededor del 6% anual. El monto del préstamo varía según las características del emprendimiento y de la finalidad que tenga el microcrédito pero en ningún caso supera los 12 salarios mínimos vital y móvil (96.720$).

Zorreguieta define a los microcréditos como un “antídoto” contra la pobreza por tres motivos: 1) A diferencia de los subsidios o asignaciones, están relacionados directamente con el financiamiento de una actividad laboral, 2) Significan un “empoderamiento” de la institución financiera hacia el beneficiario, 3) No implican una pérdida significativa para la institución que los financia porque los “pobres” son “buenos pagadores” en todo el mundo.

El rostro más conocido en la cuestión de los microcréditos es el premio Nobel de la Paz 2006, el bangladesí Muhammad Yunus, que logró sacar del umbral de la pobreza al 46% de los clientes de su banco Grameen.

La reina de Holanda también estableció un estrecho vínculo entre el crédito y el mejoramiento de los niveles de vida, y sostuvo que los países con niveles más altos de créditos privados han podido reducir la pobreza más rápidamente. Como ejemplo citó Chile, donde el crédito privado es del 54% del PBI, y el índice de pobreza bajó un 14% entre 1987 y el año 2000. En cambio, en Perú, donde el crédito privado es sólo del 13% del PBI, el índice de pobreza creció en un 19% entre 1985 y 2000.

Uno de los desafíos de los microcréditos es dónde ubicar las oficinas que los conceden debido a que sus clientes están fuera del circuito de los bancos tradicionales.

En algunas regiones, como el nordeste de Brasil, las instituciones crediticias están junto con las oficinas postales. En Kenya, el Equity Bank cuenta con una oficina móvil a bordo de un ómnibus, y en otros lugares simplemente hay un oficial de crédito que recorre el país para hablar con los clientes. En las Filipinas y en Bangladesh, ya se usan formas de transferencia monetaria por teléfono.

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