
Quedarían tres bases en la Antártida
Por falta de presupuesto y para lograr que Buenos Aires sea la sede de la secretaría del tratado internacional del continente helado, el Gobierno planifica cerrar la mitad de las instalaciones
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Las estrecheces presupuestarias oficiales y la intención de lograr que Buenos Aires se convierta en la sede de la Secretaría del Tratado Antártico Internacional motivan al Gobierno a analizar la redefinición de la cantidad de bases argentinas en el continente helado y la gradual eliminación de efectivos militares en ese territorio.
En el Ministerio de Defensa, según pudo saber La Nación , se trabaja en los últimos detalles de un proyecto que será elevado al presidente Carlos Menem para disponer la eliminación de tres de las seis bases en la Antártida.
La confección de la propuesta estuvo a cargo de esa cartera y del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, que efectuó consultas con las más altas autoridades militares para conocer su opinión y escuchar inquietudes, ya que una de las cuestiones que aún resta definir es cuáles serán las bases que se cerrarán. Otro de los aspectos centrales será la redefinición de las misiones científicas.
Las autoridades políticas consideran que el replanteo de la presencia en la zona austral ayudaría a Buenos Aires a convertirse en la sede administrativa del Tratado Antártico, entre cuyos signatarios originales, el 1º de diciembre de 1959, se cuentan, junto a la Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica, la entonces Unión Soviética, el Reino Unido y los Estados Unidos. Ese tratado estableció el compromiso de que ningún país puede presentar reclamos de soberanía en la región antártica.
Reparos ingleses
Aunque el acuerdo internacional está vigente desde el 1º de diciembre de 1961, hasta la actualidad nunca se creó una sede para la secretaría. En 1992, en Venecia, durante la XVIIreunión consultiva se logró alcanzar consenso para abrir una oficina, pero no se decidió su ubicación geográfica. La Argentina propuso a Buenos Aires, pero hubo reparos de algunos países, especialmente de Gran Bretaña.
La oposición británica, explicaron fuentes de la cartera de Defensa, se funda en la presencia militar argentina en el continente antártico. La mayor parte del programa antártico inglés es efectuada por el Instituto Británico de Investigaciones Antárticas (BAS es la sigla en inglés) y sólo se usa a la Armada Real para operar medios logísticos.
Para tratar de superar las resistencias inglesas, en la Argentina se comenzó a retirar el grado militar en los nombres con los que fueron bautizadas las bases. Como ejemplo, ya en el Estado Mayor Conjunto no se habla de Vicecomodoro Marambio, sino de base Marambio, y se evita hacer referencia a que es de la Fuerza Aérea, como históricamente se enseñó hasta en el nivel educativo primario.
Argumentos argentinos
Como contraofensiva, desde la Argentina se suele recordar que son falsos los argumentos británicos, por cuanto sólo Bélgica, Francia y Noruega cuentan con medios logísticos civiles, y que, por ejemplo, los Estados Unidos recurren a todas sus fuerzas armadas para operar en el continente helado.
"Qué país puede soportar una organización civil o científica extramilitar para desplegar actividades en la Antártida", es la pregunta con aire de defensa de la situación nacional frente a los planteos británicos.
En cuanto a la cuestión monetaria, las fuentes oficiales consultadas señalan que sólo la "campaña antártica" -reabastecimiento de bases y tareas del rompehielos Almirante Irízar- cuesta anualmente entre cinco y siete millones de dólares.
Aunque el personal de apoyo es militar, el sostén logístico está centralizado en la Dirección Nacional del Antártico (DNA), dependiente del Ministerio de Defensa.
La DNA centraliza el planeamiento, la programación, la dirección y el control de la actividad antártica; cuenta con el Instituto Antártico Argentino (IAA), que dirige el desarrollo de los programas de estudio e investigación científica. Además, ese organismo es la representación nacional ante el Comité Científico de Investigaciones Antárticas (SCAR).
Folleto explicativo
Justamente para contribuir a aliviar esa imagen militar que se tiene sobre la Antártida es posible que durante este mes el Ministerio de Educación edite un folleto explicativo con datos históricos, el sistema de funcionamiento del Tratado Antártico Internacional, los intereses y objetivos argentinos en ese continente.
El diseño del material didáctico cuenta con el aporte académico de los integrantes del Comité de Institutos Antárticos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), entre quienes se cuentan el subjefe del Estado Mayor Conjunto, brigadier mayor Rubén Oscar Palazzi, un militar dedicado al estudio de la Antártida y los archipiélagos subantárticos.
La reducción de la cantidad de bases argentinas no es una excepción en el concierto de las naciones que desarrollan actividades en ese continente. Es más, podría señalarse que es una decisión tardía.
Gran Bretaña, que actualmente tiene tres bases, llegó a habilitar siete. Bélgica y Noruega cerraron sus bases operativas y optaron por desarrollar pequeños programas científicos en instalaciones facilitadas por otros Estados. Alemania cuenta con un destacamento permanente y en los veranos australes suele habilitar otro para estudios específicos.
La mayoría de los países signatarios del Tratado Antártico cuentan con un solo asentamiento: Francia, India, Japón, Alemania, Uruguay, Brasil, España, China, Polonia, Nueva Zelanda y Sudáfrica.
Hasta la actualidad, la Argentina es la nación que más bases tiene, seis en total: Esperanza, San Martín y Belgrano II, habitadas por efectivos del Ejército; Jubany, de la Dirección Nacional del Antártico; Orcadas, operada por la Armada, y Marambio, en la que cumplen funciones integrantes de la Fuerza Aérea. Le siguen los Estados Unidos, Gran Bretaña y Chile, con tres cada una.
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