
Rafecas, el cuarto juez de una causa compleja
Sucedió a Liporaci, Cavallo y Canicoba
1 minuto de lectura'
Cuando hace seis años Daniel Rafecas empezó a competir para llegar al ansiado cargo de juez, su suerte parecía atada a la decisión final de un presidente que empezaba su período en el poder: Fernando de la Rúa. Aquel joven fiscal que soñaba con dar el salto profesional sacó rédito a su paciencia y logró el puesto en 2004, cuando la crisis ya había arrasado hacía tiempo con la carrera política De la Rúa. Ahora es él quien tiene en sus manos el destino del ex presidente.
La causa de los sobornos esperaba a Rafecas como una bomba de tiempo cuando se convirtió en juez federal. Otros tres magistrados habían tomado la investigación del escándalo político más grande de los últimos años y, por distintas razones, lo habían empujado hacia la prescripción y al archivo.
Con 38 años, Rafecas entró a su nuevo despacho dispuesto a darle oxígeno a una causa moribunda. El primer juez que tomó el expediente, Carlos Liporaci, se había visto forzado a renunciar en medio de sospechas sobre el origen de sus bienes. El segundo, Gabriel Cavallo, tuvo la investigación durante seis meses, suspendió las indagatorias pedidas por su antecesor y terminó por dejar el caso al ascender a camarista, cuando se tramitaban denuncias contra él (luego desestimadas) en el Consejo de la Magistratura.
Luego llegó Rodolfo Canicoba Corral, ante quien apareció por primera vez el arrepentido Mario Pontaquarto, a fines del 2003. Lo procesó a él, a dos funcionarios y al ex senador Emilio Cantarero, pero la Cámara Federal revocó su decisión y le pidió que investigara más.
En eso estaba la causa cuando Rafecas fue elegido para cubrir la vacante que había dejado Liporaci. Se acercaba el plazo de prescripción y no había procesados. Contra reloj, empezó una investigación nueva sobre la base del relato de Pontaquarto. Terminó con nueve procesados y dio el paso que habían evitado los demás investigadores: citar a De la Rúa como sospechoso.
En su año y medio como juez, Rafecas apareció seguido en las noticias, por el caso del Senado y también por las reiteradas detenciones que ordenó por crímenes de la dictadura.
Se considera un "laburante de los tribunales" (empezó como meritorio a los 19 años), dice que no tiene padrino político (aunque el procurador general Esteban Righi, que trabajó con él, fue quien recomendó su designación) y se hizo un nombre en la Justicia con su trabajo en una comisión de fiscales formada para investigar un sonado fraude de la Policía Federal.
No usa custodia, vive en un departamento de tres ambientes en Belgrano, va a los tribunales manejando su coche y prefiere siempre atarse a las ventajas que ofrece el anonimato. Aun cuando le tocó decidir sobre el caso que cambió para siempre la vida política argentina.



