
Scilingo dijo que sus denuncias eran inventadas
Por Fernando Mas Especial para La Nación
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MADRID.- Al tiempo que la fiscalía de la Audiencia Nacional recurría la decisión del juez Baltasar Garzón de procesar a 98 argentinos vinculados con la dictadura militar, el juez perdía ayer a un testigo clave, Adolfo Scilingo, que se retractó de todas sus declaraciones anteriores.
Con una puerilidad que primero irritó y luego llegó a provocar la risa de algunos de los abogados presentes en el despacho de Garzón, Scilingo decidió asumir su defensa negando todo lo que viene declarando desde hace años en la Argentina y en España.
Scilingo llegó solemne y puntual al juzgado y salió congestionado una hora y media más tarde. Acompañado por un nuevo abogado de oficio, en presencia del fiscal Pedro Rubira y rodeado de letrados de la acusación particular, el ex marino fue notificado por el juez del acta de procesamiento.
Scilingo temía ese momento. Durante 20 meses confió en que conseguiría evitar el juicio y quedar en libertad. Para obtenerlo, recusó a Garzón ante autoridades judiciales, cambió de abogados y llegó a plantear querellas contra sí mismo y contra otros ante tribunales argentinos. Pero fracasó en todos sus intentos.
Armado de una estrategia que había anticipado hace tiempo a este corresponsal, Scilingo sorprendió a todos los presentes en el despacho del juez retractándose de todas sus declaraciones anteriores y afirmando que mintió y que lo hizo con el propósito de apoyar la causa de los familiares de los desaparecidos. Causa que ahora, ante la inminencia de su procesamiento, abandonaba.
Scilingo viajó voluntariamente a España el 6 de octubre de 1997. "Creí que no iba a llegar vivo ante el juez Garzón", dijo a La Nación durante la única entrevista que concedió. "Mañana, cuando vaya a hablar con Garzón, voy a tener el temor de quedar detenido. No soy un héroe, pero tengo la vergüenza de conocer cosas que otros siguen ocultando", había dicho.
Al día siguiente, tras admitir que había tomado parte en los llamados vuelos de la muerte (desde los que se tiraban detenidos al mar), Garzón le comunicó que quedaba preso. Sin embargo, ayer afirmó que la historia de los vuelos fue un invento que sirvió a una guerra personal que libra desde hace años contra el ex almirante Emilio Massera.
"Basta de mentiras"
Su viaje a España y sus exhaustivas declaraciones ante el juez Garzón (20 horas) no fueron, dijo, más que un "montaje" y un "libreto" urdidos por el ex número dos de la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires, Eugenio Simino.
En dicho montaje, agregó, colaboraron sus abogados argentinos, Liliana Magrini y Mario Ganora, y luego los letrados de la acusación particular en España, que le dictaron lo que debía decir al juez. Ante un juez que no podía creer lo que oía, Scilingo acusó a los abogados Carlos Slepoy, Virginia Díaz y Enrique Santiago.
En la "conspiración" llegó a incluir al propio juez, quien, en determinado momento, lo interrumpió con enfado diciéndole: "¡Ya basta de decir mentiras!".
Los abogados le recordaron sus declaraciones en España, las que hizo previamente en la Argentina a diversos medios de prensa y hasta le enseñaron el libro que escribió ("¡Por siempre nunca más!").
Scilingo respondió afirmando que todo lo que dijo fue inventado, que no había escrito ni leído el libro, y que lo único que le reportó fueron 300 dólares que recibió su esposa. Algunos abogados dijeron luego que el ex marino había estado "violento, agresivo e irrespetuoso" y particularmente "machista" cuando era interrogado por las abogadas.
Por otra parte, la orden de detención contra otros 98 procesados por Garzón ha sido cursada ya a través de Interpol España, que la comunicará a Interpol Argentina.
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