
Se agota la energía barata y abundante
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Durante el siglo XX, el petróleo se impuso como el combustible de referencia obligada y terminó dominando todos los mercados; no obstante, el cambio de los precios de éste ocurrido en los últimos años indica que algo está cambiando. No quedan 40 años de petróleo, ya que las reservas y la demanda dependen de muchos factores, principalmente del precio: a precios altos, las reservas tenderán a aumentar, mientras que la demanda se retraerá.
Los pronósticos de largo plazo suelen ser poco precisos. Sin embargo, algunos expertos opinan que el consumo crecerá en los próximos 30 años, como mínimo, un 60%. En tanto, de los otros combustibles fósiles relevantes -gas natural y carbón- hay muchas reservas.
Las reservas mundiales de gas son abundantes y van aumentando en la medida en que se van descubriendo nuevas técnicas de exploración, explotación y extracción. La cantidad probada de gas natural se acerca a 179 billones de metros cúbicos, que permitirían abastecer la demanda actual durante más de 63 años. Los mayores yacimientos se encuentran en Medio Oriente (40%) y en lo que era la Unión Soviética (35%). Su transporte es costoso; para transportarlo líquido (LNG) se requieren altas presiones (70 kg/cm2) y bajas temperaturas (-70º C), y por gasoductos las grandes distancias imponen costos excesivos.
Si bien del carbón puede decirse que su distribución geográfica es mejor y más adecuada que la de los otros combustibles y que las reservas son cinco veces mayores que las de petróleo, volver a una economía basada en el carbón es difícil en la práctica porque falta tecnología barata, adecuada y extendida en todos los países para la captura de los gases contaminantes. Las metas del Protocolo de Kyoto para disminuir los gases de efecto invernadero con una vuelta al carbón como combustible dominante difícilmente puedan ser cumplidas.
De lo anterior se desprende que la energía barata y abundante de la que se ha disfrutado en gran parte del siglo pasado pareciera estar agotándose, y que entre los próximos 30 y 40 años se verá una participación creciente de las energías renovables; entre ellas, la energía nuclear. Dado ese contexto, en la Argentina deberíamos concentrarnos en los siguientes aspectos.
Primero, en la regulación de precios y tarifas. Desde enero de 2002 se viene aplicando una política de subsidios generalizados a los precios de la energía que ha exacerbado el consumo. Debemos volver a precios que reflejen los costos de la actual situación, lo que inducirá al ahorro energético.
En segundo lugar se debe regularizar la situación de los mercados mayoristas de hidrocarburos, gas y energía eléctrica, para volver a contar con inversiones en exploración y desarrollo de los recursos naturales, principalmente gas e hidroelectricidad. En tercer lugar debemos impulsar en los niveles políticos y diplomáticos la creación de un mercado regional, siguiendo el ejemplo de la Carta Europea de la Energía, que fija reglas comunes a los países de la unión.
Por último, deberíamos adherir a un sistema internacional de marcas y patentes, cuestión que hasta hoy está pendiente, de manera que la investigación y el desarrollo que se realice en el país en materia de tecnologías aplicables a las nuevas fuentes de energía se encuentre amparada.
Carlos Bastos




