Se complica la defensa de la viuda de Soria

Busca declarar la inimputabilidad de la mujer del gobernador asesinado; hay testimonios contradictorios en el juicio oral
Soledad Maradona
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22 de octubre de 2012  

GENERAL ROCA.– La similitud con aquel crimen cometido en 2004 genera escalofríos. Carlos Soria murió de un disparo en el rostro propinado por su esposa, Susana Freydoz , y algo similar ocurrió en el barrio Villa Obrera de esta ciudad con otro matrimonio. La misma Cámara del Crimen condenó –en este caso– a la mujer por el homicidio calificado de su marido, pero con atenuantes, y dispuso una pena de 9 años en un centro de salud.

La primera semana del juicio oral y público por el asesinato del gobernador de Río Negro dejó plasmado el escenario. Quedó claro que la estrategia de la defensa de Freydoz apunta a la inimputabilidad de la mujer, pero no es fácil de demostrar. Una pena con atenuantes y no ir a la cárcel sería el plan B, aunque el abogado Ricardo Richieri no lo admite públicamente.

"Las audiencias fueron positivas porque se ha demostrado la realidad antes y en el momento del hecho. Nadie puede decir que los hechos no existieron, que el vínculo de Freydoz con su marido era complejo y que tiene una patología", dijo Richieri a LA NACION.

El abogado confía en que el peritaje de parte convenza a los jueces de la Cámara Primera en lo Criminal. El especialista Carlos Cornaglia concluyó, luego de entrevistarse con la acusada, que no pudo comprender la gravedad de la situación por hallarse con un trastorno mental potenciado por los psicofármacos y bebidas alcohólicas que había ingerido la noche de Año Nuevo.

Freydoz sufría de celos enfermizos, según enfatizó el abogado, que asegura que los peritos médicos darán su visión durante el juicio y eso terminará de ratificar su teoría.

El peritaje oficial realizado por el especialista de la Corte Suprema Ricardo Risso también otorga un guiño a ese estado de Freydoz, aunque asegura que "pudo comprender la criminalidad de sus actos". Contempló la posibilidad de un atenuante por encontrarse en un estado de emoción violenta, producto de las discusiones con el marido, y lo que terminó de conducir al crimen –según los testigos– fue el hecho de que "no brindara con ella" en la cena. Los familiares políticos de la mujer y su hijo Martín – el único testimonio de los hijos que se realizó a puertas abiertas– abonaron esa situación. Todos coinciden en relatar que esa noche Susana Freydoz estaba "rara", más punzante en sus críticas hacia Soria que de costumbre y con menos filtros al realizar comentarios.

Coincidieron en remarcar que el matrimonio tenía un vínculo virulento, ambos con carácter fuerte. "Mis padres eran dos huracanes", dijo Martín Soria, aunque negó la existencia de violencia física. También enfatizaron que Freydoz había bebido más de lo habitual (vino blanco, daiquiri y champagne). Pero los peritajes no reflejaron estado de ebriedad.

El relato de los testigos abona la estrategia de la defensa. Freydoz perseguía a su marido, le revisaba el teléfono, lo acusaba de infidelidades y discutía a menudo en un elevado tono. Él, en cambio –según dijeron los testigos–, consideraba que su mujer actuaba de un modo enfermizo y hasta la tildó de "loca".

Tradición

"El «Gringo» estaba cansado de esa situación que vivía desde hacía muchos años, pero no se podía separar por un mandato familiar, por tradición", dijo un dirigente peronista y abogado amigo de Soria.

Un dato no menor –en este juicio–lo aportaría esclarecer si el gobernador se encontraba dormido al recibir el disparo. Esa situación determinaría un agravante más a la calificación penal: la alevosía.

Por eso, la fiscal de Cámara, Laura Pérez, insistió ante cada testigo en saber cómo estaba Soria en la habitación de la chacra de Paso Córdoba. Lo vieron tendido en la cama, desnudo, con el rostro bañado en sangre, su hijo Martín, su yerno Mariano Valentín, el médico Ramiro Zaffini y el enfermero Santiago Pagano. La posición de las piernas difiere entre los testimonios, algunos recuerdan haberlo visto con las piernas extendidas, otros las observaron cruzadas, como habitualmente dormía el mandatario según sus conocidos.

La posibilidad de conceder atenuantes y una pena mínima, sin condena de prisión efectiva, es otra alternativa que se analiza en el juicio.

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