
Sin mejoría en el estado de Alfonsín
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Sara pide permiso para apoyar un papel en el techo de un auto. Se frota las manos para aliviar el frío, piensa unos minutos, y escribe: "Querido Doctor, con las mujeres que militan en el (comité de la circunscripción) 13, cuando hablamos de Usted decimos El Prócer y ya sabemos de quién se habla... Les prometí a la Virgen y a la Rosa Mística que cuando (usted) salga de aquí, voy a verlas".
Mientras Raúl Alfonsín permanecía anoche estable, pero en estado crítico y con pronóstico reservado, medio centenar de personas esperaba reunido frente al hospital Italiano. Con cartas y oraciones, alimentan, al igual que Sara, una emotiva corriente de apoyo hacia el ex mandatario.
Alfonsín está internado en esta capital desde el viernes último, luego de sufrir, un día antes, un accidente automovilístico que le dejó una perforación en la pleura y múltiples fracturas de costillas. Respira con asistencia mecánica y permanece dormido con fármacos.
Según afirman médicos y familiares, cada hora que Alfonsín afronta sin complicaciones, aumentan las expectativas de su recuperación.
En la puerta del hospital, seis efectivos de la Policía Federal y varios agentes de seguridad privada impedían el ingreso de la prensa, separando el interior del exterior del hospital.
"Me da bronca lo que hacen los periodistas -confesó entre dientes uno de los encargados de seguridad del nosocomio, antes de empujar a la cronista de La Nación fuera del edificio-. La pobre mujer de Alfonsín tiene al marido con un pie adentro y otro afuera, y los canales le preguntan cómo se siente", se quejó.
Horas antes, otro agente había cruzado insultos y forcejeos con uno de los camarógrafos de Crónica TV. "Se nota que esos policías son peronistas", masculló una mujer septuagenaria, enojada por el incidente.
Dentro del hospital, la esposa de Alfonsín, María Lorenza Barreneche, sus hijos y varios de sus 25 nietos siguen de cerca cada latido del ex mandatario. La Nación pudo saber que anoche llegó a Buenos Aires una de las hijas de Alfonsín, que reside en los Estados Unidos, para acompañarlo en el Día del Padre.
Otro de sus hijos, Ricardo Alfonsín, se atrevió ayer a dar las primeras muestras de optimismo cuando dijo que "a medida que pasan las horas, los días, y no se registran inconvenientes, se revela una mejoría clara" de su padre.
"Hay que esperar para ver qué pasa", dijo, por su parte, el ex vicecanciller Raúl Alconada Sempé, al retirarse del lugar.
Y mientras figuras como Juan Vital Sourrouille, Leopoldo Moreau, Alejandro Armendáriz e Hipólito Solari Yrigoyen entran y salen del lugar entre aplausos y casi sin hacer declaraciones, los seguidores anónimos de Alfonsín permanecen afuera, firmes en su guardia voluntaria.
Cartas y estampitas
Golpeando el suelo para calentarse los pies, se autodefinen como "radicales desde la cuna", "de vientre" o "yrigoyenistas", mientras le escriben a su líder cartas llenas de sentimiento. También intercambian estampitas y plegarias para "ponerlo en las manos de Jesús y de la Virgen María", como explicó Elsa Flores, de 65 años, que vive en el barrio de Flores. Tanto es su cariño por Alfonsín que lo llama "el Maestro".
Una señora octogenaria anuncia tan fuerte como sus años se lo permiten: "Mañana (por hoy), a las siete de la tarde, hay misa en la Piedad, en Bartolomé Mitre y Paraná". A su lado, un hombre delgado, bajito y con bufanda, pasó otro dato: en la parroquia de Betania, de Almagro, se ofreció otra misa por "el doctor".
La mayoría de las personas que se plantan firmes ante la puerta del hospital, en Gascón al 400, son mujeres maduras, de condición humilde, muy arregladas y maquilladas.
Como Graciela Sánchez, soltera, de 44 años, que confiesa con los ojos húmedos: "Es un líder viviente. Si no lo tengo a él como referente, ¿a quién tengo? Cuando lo escucho se me enciende algo. Es una persona intachable, como ya no quedan."
La gente deposita sus mensajes en una caja de cartón, forrada con papel afiche celeste y blanco. Ya llenaron dos iguales. Y siguen. De vez en cuando, para matar el tiempo, buscan a algún periodista para preguntarle sobre "el estado de don Raúl".
Precisamente eso hace Hernán Kusnier, de 69 años, que junto con su mujer, Delia, no se atreve a acercarse a la puerta del hospital. Sucede que lleva puesta una boina negra y no quiere que sus correligionarios lo malinterpreten. "La uso porque es de Toledo, pero yo soy radical y vine por sentimiento, agradecimiento y reconocimiento", dice.
Otra pareja, recién llegada desde Campana, se apretuja para combatir el frío. Son Néstor Jauzat y Stella Bonora, de 54 y 52 años, respectivamente. Néstor fue concejal municipal y precandidato a intendente por "el alfonsinismo" en dos ocasiones. "Alfonsín fue el único que no abandonó a don Arturo Illia cuando lo voltearon. Es un reaseguro de la democracia", dice, y se le corta la voz.
Con sus 69 años, Inés Peralta se abre camino entre la gente para contar que todas las mañanas, cuando se levanta, en su casa de Vicente López, cumple la misma rutina: reza por el ex presidente a la Virgen María. "Y no lo digo del corazón para afuera. Siento en el alma lo que le está pasando", contó, al bajarse del colectivo 71, que la trajo hasta Almagro.
"Hay que pedirle a la Rosa Mística", le sugiere Gloria Maidán, de 63 años, que se presenta como vecina de Charcas y Pueyrredón, "de la circunscripción 19, de nuestro glorioso comité de la calle Mansilla 2594".
Con un cartel escrito con resaltador, Eva Luna, de 44 años, desocupada y oriunda de Olivos, también lleva su homenaje a Alfonsín: "Feliz Día del Padre, potro , te queremos". Firman ella y sus dos hijas. Dice que lo ama por su honestidad y porque vive en un departamento que se compró gracias al gobierno radical.
Anochece y siguen allí. Están seguros de que el ex presidente los necesita. Pero si alguien les pregunta por sus vidas, asoma una verdad más profunda: son ellos los que parecen necesitar que Raúl Alfonsín siga vivo, para seguir adelante con sus vidas.
Parte médico
- Sin variantes: el cuadro clínico de Alfonsín sigue siendo descripto como "estable, con asistencia médica respiratoria".
- Grave: de todas formas, según informó ayer el vicedirector médico del hospital, Héctor Marchitelli, el estado del ex mandatario continúa siendo "crítico, y su pronóstico, reservado".
- Meseta: según informaron allegados al ex presidente, Alfonsín entrará ahora en una larga "meseta", sin cambios sustanciales en su salud. De todas formas, el doctor Marchitelli evitó referirse a su evolución futura. "No somos adivinos", dijo ayer al respecto.





