Una alianza forzada para lograr la utopía antigrieta

El exministro de Economía y el gobernador de Salta no esperan milagros para estas elecciones y apuntan a 2023
Laura Serra
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29 de julio de 2019  

Uno ya cumplió 79 años. El otro se encamina a celebrar sus 50. Apenas si habían cruzado palabra cuando la siempre azarosa e impredecible política argentina los forzó a unirse para desafiar la polarización entre Mauricio Macri y Cristina Kirchner. En otras circunstancias tal vez no se hubieran elegido para semejante empresa: Roberto Lavagna desconfiaba de los coqueteos de Juan Manuel Urtubey con el macrismo y Urtubey siempre creyó que la altivez de Lavagna fue el factótum para que el "camino del medio" que encarnaba Alternativa Federal quedara trunco.

Así las cosas, tras la implosión de Alternativa Federal, Lavagna y Urtubey no tuvieron otra alternativa que unir sus destinos para encarar la utopía antigrieta. Conscientes de que pelean contra molinos de viento, casi sin recursos y frente a dos poderosos aparatos políticos, no esperan milagros. Por ello su mayor apuesta excede lo estrictamente electoral: su objetivo es sembrar la semilla del "espacio del medio" que, aseguran, devendrá en un polo de poder clave en el Congreso cualquiera que sea el futuro presidente. Una semilla que, de germinar y robustecerse, será la alternativa electoral a la actual polarización en las elecciones de 2023.

Ese es el horizonte de Urtubey: sembrar ahora para cosechar dentro de cuatro años, cuando se postule una vez más para la Casa Rosada. Dicen quienes lo conocen que, igualmente, no le resultó nada fácil a su ego declinar sus ambiciones presidenciales para competir como candidato a vicepresidente en las próximas elecciones. Pero no tenía otra alternativa, reflexionó: Lavagna, de conocido carácter tozudo y soberbio, no estaba dispuesto a deponer su postulación; enfrentarlo en octubre hubiera sido suicida para ambos y funcional para los dos polos opuestos de la grieta.

Lavagna celebró no sin cierta sorpresa la reacción de su ahora joven socio. Hasta entonces no se conocían demasiado; apenas si habían cruzado palabra en un viaje al exterior, allá por 2002, cuando Urtubey integró la comitiva del entonces exministro de Economía de Eduardo Duhalde. Lavagna recordará siempre el estilo medido del joven diputado peronista, quien ya se insinuaba como una voz influyente dentro de su bloque.

"Después no lo vi por muchos años. No tenía muchos datos de él; de los cuatro dirigentes que integraban Alternativa Federal (Juan Schiaretti, Urtubey, Miguel Pichetto y Sergio Massa), al que menos conocía era a Juan Manuel. Por eso siempre sospeché que él sería el primero en romper con Alternativa Federal", confiesa Lavagna.

Se equivocó, pero no tanto: el propio Urtubey reveló que el presidente Mauricio Macri le pidió en al menos dos oportunidades que lo acompañe como candidato a vicepresidente. El gobernador salteño rehusó la oferta y Pichetto tomó la posta; Urtubey, lejos de lamentarse, sueña con que algún día la opinión pública reivindique su coherencia y, como él dice, "el respeto por la palabra empeñada".

Esa es la bandera con que el salteño se cargó la campaña electoral al hombro, con la promesa de recorrer las 23 provincias antes de las elecciones de octubre. Desde el cierre de listas, el candidato a vice de Consenso Federal ya visitó Misiones, Entre Ríos, Chaco, Tucumán, Córdoba, Mendoza, Santa Fe, San Juan, Buenos Aires (varias veces) y la semana pasada se dedicó a la Patagonia. "Juan siempre dice que a toda campaña hay que caminarla. Todo bien con la televisión y las redes, pero a la gente le gusta que se la visite en el rancho, eso es lo que suele decir", cuentan en su equipo de campaña.

Una última "patriada"

Su estilo hiperquinético contrasta con el ritmo tal vez más pausado de Lavagna, quien prioriza los grandes centros urbanos y los raides mediáticos. El exministro sabe que esta será su última "patriada" y que, después de estas elecciones, cumplirá con el tantas veces postergado retiro. Ni se le pasa por la cabeza integrar un futuro gobierno, sea cual fuese el ganador de la contienda. Alberto Fernández, del Frente de Todos, sugirió que podría integrarlo a su gabinete. Lavagna ríe ante la ocurrencia.

¿Y Urtubey? Durante el primer mandato del gobierno de Mauricio Macri fue uno de los puntales de la gobernabilidad. Su cercanía ha sido tal que en el oficialismo no descartan que, pasada la contienda y si Macri resulta reelecto, podría sumarse a un eventual gobierno de coalición nacional junto con Pichetto y otros actores del peronismo.

Lo cierto es que en diciembre próximo, el salteño finalizará su mandato como gobernador y volverá al llano. El desierto de la política suele ser ingrato con aquellos que no ocupan cargos. Urtubey no da pistas en su entorno más cercano sobre cuáles serán sus próximos pasos. Algunos, como Graciela Camaño, su flamante aliada en Consenso Federal, se atreven a darle consejos: si llegara a confluir en un gobierno macrista, el capital político que habrá acumulado durante esta campaña se dilapidará en la ambigüedad a la que quedará expuesto. Lo dice alguien que cuando se quemó con leche, ve una vaca y llora: Urtubey, como Massa, fue uno de sus alumnos dilectos en la Cámara de Diputados. Solo espera que el salteño no la defraude como lo hizo el tigrense.

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