
Skoda, privatizada, vuelve a la Argentina y al Mercosur
Visita: junto con el presidente Havel vendrá un equipo de directivos de la empresa dedicada a trenes, motores y vehículos.
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PRAGA.- Al cabo de 1996, el presidente de Skoda, Lubomir Soudek, habrá hecho varias veces el viaje Praga-Buenos Aires. "Fui hace unos meses para retomar los viejos contactos que tenía nuestra empresa con su país desde principios de siglo; va ahora un equipo de nuestros directivos con el presidente Havel y yo volveré a ir personalmente en noviembre próximo para ver cómo se pusieron efectivamente en marcha los proyectos", le dijo a La Nación en su oficina de esta capital.
¿Cuáles son esos proyectos?: volver a radicarse en la Argentina con una representación para todos sus productos industriales (trenes, turbinas, autos, camiones, grandes motores, entre otros) e instalarse por primera vez en América latina con una fábrica de camiones que se construirá en el Mercosur.
Si esa fábrica se instala finalmente en el Brasil o en la Argentina será una de los buenos motivos de negociación esta semana, cuando el presidente Vaclav Havel se encuentre con Menem en Buenos Aires.
Por el momento, Soudek parece inclinarse por el Brasil. "Nos interesa el Mercosur como región y sabemos que es lo mismo producir en un país o en otro, pero también pensamos que puede haber más mercado para camiones pesados en Brasil", alega Soudek.
Nuevos tiempos privados
La decisión final no está, sin embargo, en función directa de la gira latinoamericana que realiza Havel. Eso hubiera sido el caso con la Skoda estatal del tiempo comunista. "Ahora, Skoda es una empresa totalmente privada y se maneja con decisiones de pura conveniencia económica", esgrime Soudek, un presidente de empresa con estilo y lenguaje de cualquier otra gran empresa del mundo capitalista.
La transformación de Skoda, la mayor y las más conocida de las empresas checas, con una tradición que se remonta al siglo XIX, es el ejemplo modelo de los enormes cambios que han tenido lugar en este país en los seis años transcurridos desde la caída del comunismo.
En diciembre de 1990, la empresa estatal se transformó en un holding por acciones, base del proceso de privatización total, que se completó en junio de 1993. En ese transcurso, se transformó en un grupo (el mayor del país) con 41 empresas hermanas y 11 afiliadas, en el cual participa activamente Volkswagen en la producción de automotores.
La empresa fue cuidadosamente preservada como una entidad checa, sin embargo. Fue privatizada según un esquema que reconoce antecedentes en las privatizaciones que se hicieron en Alemania -el gigantesco vecino al que se ve siempre con una mezcla de admiración y prevención - en 1949, o sea transformando las ex empresas estatales en grandes sociedades por acciones, con una administración en la que participan activamente los bancos como gerentes de los accionistas.
Esa fue la forma de privatizar miles de empresas en un país donde, a diferencia de la Argentina, no existían grandes empresas privadas ni un capital privado suficiente como para asumir la propiedad de las empresas públicas que salieron a la venta.
"Y tampoco queríamos que una empresa como Skoda pasara totalmente a pertenecer a Siemens, por ejemplo", subraya Soudek al defender ese modo de privatización.
El esquema checo de privatización se organizó, por lo tanto, en una venta dividida a tres tipos de compradores: bancos del Estado checo, empresas extranjeras y accionistas individuales mediante un sistema de vouchers personales financiados a crédito por los bancos.
También como en Alemania
La gestión de la privatización también imitó otro ejemplo alemán, pero en este caso de la experiencia reciente. Así como en Alemania se creó en 1990 la empresa encargada de privatizar todas las empresas estatales de la ex Alemania del Este (la ya célebre Treuthanstalt, que privatizó 11.000 empresas en dos años), en la República Checa se encargó a un Ministerio de las Privatizaciones -a cargo de Thomas Jezek, otro hombre clave del equipo de Vaclav Klaus- la conducción de todo el proceso privatizador. Sus resultados han sido concluyentes hasta hoy. Se privatizaron más de 10.000 empresas de todo tipo por un valor de U$S 10.000 millones. Muchas de esas empresas permitieron el ingreso de grandes inversores externos, como en el caso de Volkswagen asociada a Skoda para producir autos, o el de un consorcio suizo-holandés que tomó a su cargo la empresa de teléfonos Telekom.
Y un dato macroeconómico importante para la gestión fiscal: el resultado de las privatizaciones no fue ingresado al presupuesto de gastos corrientes (como en la Argentina), sino que pasó a integrar un Fondo del Patrimonio Nacional, para evitar distorsiones fiscales el día en que se terminaran las privatizaciones y sus ingresos al fisco por única vez.
Proceso fluido
"El proceso no fue demasiado traumático", asegura el jefe de asesores del Ministerio de Industria y Comercio, Karel Lukas. "En parte porque no había tradición de huelgas en la etapa comunista, ya que no se podían hacer; en parte porque hubo una gran comprensión de los años difíciles que debíamos sufrir para salir adelante; y en parte porque no hubo desempleo, ya que mucha de la mano de obra que quedó cesante en las empresas estatales sobredimensionadas pasó al nuevo sector de servicios, que se expandió extraordinariamente en poco tiempo." Había una obligación adicional para transformar el esquema de empresas estatales: la terrible contaminación ecológica de fábricas viejas y sin ningún tipo de control de polución.
La República Checa, país de grandes bosques de coníferas y árboles de hoja perenne sufría más que ningún otro en Europa el efecto de las lluvias ácidas que producían las fábricas y centrales eléctricas impulsadas mediante la quema de carbón.
Lo que falta
Aún queda buena parte del sector público por privatizar, sin embargo. En términos generales, cuatro grandes bancos (de los cuales el 30 por ciento quedará siempre en manos del Estado); las empresas de energía, divididas en producción y distribución; las minas de carbón, la siderurgia y la producción farmacéutica.
Ese proceso debe concluir de aquí al año 2000 para completar una transformación que nadie hubiera imaginado antes de 1989.
¿Dónde quedaron los anteriores directivos del pasado comunista? Sorprendentemente -o no tanto, en realidad- se han reconvertido en grandes hombres de negocios y eficaces conductores de las nuevas empresas privatizadas.
"Salvo una pequeña proporción de personas muy ligadas a la conducción política del régimen comunista o de quienes conservan una franca oposición ideológica, la gran parte de la burocracia anterior se adecuó totalmente a la nueva etapa de una economía de mercado", reconoce concretamente Lukas.
La República Checa parece haber dado vuelta totalmente la página en su funcionamiento económico. Y casi nadie mira para atrás con nostalgia.
Mañana: una sorprendente controversia bilateral.





