
Sube la tensión en la alianza de poder
El "consejo" de Duhalde sobre cómo enfrentar los piquetes blanqueó disidencias en una semana cargada de tironeos políticos
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De las mil lecturas posibles que hacían ayer los hombres de Néstor Kirchner de los "consejos" que dio Eduardo Duhalde con miras a que el Gobierno endurezca su política con los piqueteros, ninguna atribuía motivos cándidos a la decisión del jefe peronista.
Kirchner leyó en LA NACION las declaraciones de su más poderoso aliado en el poder y dejó en claro su enojo a cada uno de los funcionarios con los que habló. No se trataba de algo cotidiano: Duhalde rompió la prudencia para opinar en público sobre sus disidencias con la gestión del Gobierno.
La reacción inmediata del Presidente se tradujo en la ratificación de su rechazo a la represión de las protestas en las calles: el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, lo hizo a primera hora, con un tono firme, pero medido.
Pero para que el enojo fuera evidente, por la tarde habló el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, funcionario que transmite sólo los mensajes que le encomienda Kirchner. Su réplica fue cruda: calificó de menosprecio hacia los desocupados la actitud de Duhalde y dijo que la represión lo único que causa es más muertos inocentes.
Semejantes actitudes desde la cercanía del Presidente reflejan una tensión creciente en la alianza de gobierno, que durante toda la semana que pasó vivió abiertas peleas por el control del poder en la provincia de Buenos Aires entre el gobernador Felipe Solá y el sector del peronismo que conduce Duhalde.
En ese conflicto, Kirchner ha dado señales de acercamiento a Solá, mientras que Duhalde ha mantenido una actitud conciliadora, al menos en apariencia.
El Presidente sospecha que algunos sectores del duhaldismo buscan debilitarlo para evitar cambios en la estructura de poder.
Un ejemplo de los últimos días había sido la queja por la difusión de la investigación del procurador general de la Corte provincial, Eduardo de la Cruz, de supuestos contactos telefónicos entre secuestradores, el edificio del Ejército y la Casa Rosada.
El jefe de Gabinete dijo con todas las letras que consideraba la publicidad de esos datos como una operación política, para diluir la responsabilidad por la crisis de seguridad en el conurbano. Fuera de micrófono, varios ministros señalaban al ministro de Seguridad provincial, Juan José Alvarez, como responsable de esa supuesta jugada.
Frentes abiertos
La pelea principal entre Solá y los duhaldistas es por el control de las cámaras de la Legislatura provincial: el gobernador teme que la estructura del PJ pueda condicionar su segundo mandato como hizo durante el primero.
Pese a la fluctuante relación que tiene con Solá, Kirchner prometió interceder en su favor. Lo cree dispuesto a promover cambios en la fuerza de seguridad bonaerense y considera que podría ser un aliado para desarticular pactos entre dirigentes y policías corruptos.
Duhalde se había reunido el jueves con Kirchner en el despacho presidencial y no le había anticipado que fuese a exponer a la prensa queja alguna sobre la gestión nacional. Ese hecho molestó aún más al Presidente, explicaron fuentes de la Casa Rosada.
Aquel día, Kirchner había escuchado también la bronca de Teresa de Solá, esposa del gobernador, cuando le dijo, al terminar un acto público, que su marido sufre fuertes presiones. El Presidente decidió de inmediato invitar a Solá al viaje que cumplió el viernes a Benito Juárez.
En ese contexto, la primera línea del Gobierno teme que Duhalde haya intentado con su pedido de represión a los piqueteros responder a la intervención de Kirchner en la disputa interna de Buenos Aires.
La insistencia del kirchnerismo por debilitar a Alvarez y precipitar un recambio en la conducción de la seguridad provincial irrita al jefe peronista.
Versiones parecidas dejaban trascender anoche allegados a Solá. "Duhalde sabe que no va a cambiar una política estratégica del gobierno nacional con un mensaje en los diarios", maliciaba un vocero del felipismo.
Pero el trasfondo es mayor. La actitud de los piqueteros fastidia a los intendentes del conurbano, que piden una gestión más dura del Gobierno y se oponen a que se les haya otorgado control de subsidios laborales a algunas organizaciones de protesta. También rechazan el proyecto kirchnerista de construir poder con figuras ajenas al PJ.
El propio Duhalde expresó varias veces ante sus seguidores que el conflicto piquetero le preocupa más que la mayoría de los problemas que enfrenta el país. Y le molesta que los jefes piqueteros que recibe Kirchner asiduamente, Luis D´Elía y Juan Carlos Alderete, pronostiquen enfrentamientos callejeros con el duhaldismo. Pero hasta anteayer sólo disentía en privado.
Aun así, en el gobierno nacional intentan evitar que se magnifique la situación. Anoche garantizaban que las declaraciones de Duhalde no resentirán la alianza de poder, pese al malhumor que afectaba a Kirchner.




