
Un giro en el discurso presidencial
Busca convencer a los sectores medios
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Dos ejes empiezan a teñir con la lógica electoral el discurso y la acción del presidente Néstor Kirchner.
El primero fue explícito y lo estrenó la semana pasada cuando advirtió que si la sociedad no lo apoya con votos en octubre el país podría volver a una situación de debilidad institucional.
El segundo giro, algo más sutil, empezó a quedar al descubierto en las últimas entrevistas que concedió el Presidente a dos diarios y a una radio: criticó la metodología piquetera de cortar las calles, marcó una fuerte disidencia con Fidel Castro, se declaró conciliador con la Iglesia y elogió el movimiento por la seguridad que encabezó Juan Carlos Blumberg.
Cuando habla por primera vez de la ausencia de democracia en Cuba o dice que los piquetes coartan los derechos de otros argentinos "que también trabajan" Kirchner empieza a desplegar su estrategia de seducción de los sectores medios de las grandes ciudades, donde más dura se prenuncia la batalla electoral para el oficialismo.
En especial la Capital significa un desafío para el "plan plebiscito": si no lograra quedarse con el primer lugar en la ciudad le costaría presentar el resultado de octubre como un éxito rotundo por más que el Gobierno consiguiera mayorías en el Parlamento.
Por eso tampoco dudó en forzar un tironeo con el Poder Judicial cuando criticó el fallo que autorizó la excarcelación de Omar Chabán. Más que nunca Kirchner se mueve con la brújula de la opinión pública.
La alianza que acaban de sellar Mauricio Macri y Ricardo López Murphy le coloca al Presidente un obstáculo de cuidado; al menos se abre la posibilidad de que surja una estructura de oposición fuerte por primera vez desde la caída de la Alianza.
En el Gobierno niegan que el Presidente se haya movido al centro para pelearle votos a nadie. Su discurso, al menos, vuelve a mostrarlo como un político pragmático, menos atado a la ideología que como se lo suele presentar.



