
Una comida con Aznar que sólo sirvió para sembrar misterio
La agenda del encuentro, desarrollado en un restaurante, se mantuvo en reserva "Hablaron de todo", dijo una fuente oficial Las esposas de ambos mandatarios estuvieron en el cónclave Se cursó una invitación para el casamiento del príncipe y Letizia
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MADRID (De un enviado especial).- Los anfitriones: José María Aznar y su esposa, Ana Botella. Los invitados: Néstor Kirchner y su mujer, la senadora Cristina Fernández. El restaurante: una popular taberna vasca del centro histórico madrileño llamada Casa Lucio. El menú: huevos estrellados -algo así como un revuelto gramajo-, pescados y mariscos. El tema de la velada... toda una incógnita para la prensa, que hasta últimas horas de anoche buscaba dar con algún detalle de una cena que pareció organizada intencionalmente para sembrar misterio.
Desde que días atrás trascendió que el jefe del gobierno español y su par argentino compartirían una reunión a solas en un reducto gastronómico de esta ciudad, las conjeturas en torno de los temas que podrían desarrollarse en el encuentro causaron elucubraciones entre los más avezados observadores de la relación bilateral.
¿Hablaron de la relación del gobierno argentino con los tenedores de bonos? ¿Hablaron de los cuadros tarifarios en la Argentina? ¿Hablaron de nuevas inversiones? ¿Hablaron de la integración latinoamericana?
"Hablaron de todo", fue la inabarcable respuesta que los miembros de la comitiva argentina repetían anoche a LA NACION, cuando sobrevenía la obvia catarata de preguntas sobre los temas desarrollados mariscos mediante.
Hubo un detalle, eso sí, que no podía pasar inadvertido. En frío, cuando aún promediaba el primer plato, sobrevino una conversación que podría abrir todo un capítulo en las revistas del corazón argentinas.
Aznar tomó la palabra: "Bueno, Néstor. Sabes que me ha llamado el rey y me ha dicho que le gustaría mucho que vosotros estuvierais presentes en el casamiento de su hijo, el príncipe Felipe". Palabras más, palabras menos, el relato del presidente del gobierno español logró conmover al Presidente y a la senadora Fernández. De avanzar con una invitación oficial, el matrimonio presidencial podría asistir a la boda real, que se celebrará en mayo próximo.
A pesar de que se encontraban en un local más pintoresco que elegante, el look de los presidentes fue muy formal.
Tanto Aznar como Kirchner vestían traje oscuro, ambos con corbata, mientras que sus esposas lucían elegantes tailleurs en colores pastel.
En principio, estaba pautado como un acto privado, sin cámaras, sin fotógrafos, sin periodistas. Pero, contrariamente a lo que preveían quienes organizaron el encuentro, todo el mundo pudo ver ayer en vivo por Televisión Española cómo, a las 21.15, los cuatro comensales ingresaban en el reducto del barrio histórico.
Otras actividades
La cena con Aznar no fue la única actividad recreativa del Presidente. Por la tarde, una vez que su abultada agenda de compromisos se lo permitió, Kirchner hizo uno de sus guiños habituales: salió a caminar por las calles de la ciudad en busca de una confitería donde tomar un café.
Fue un paseo de 50 minutos. Estaba con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; con el senador Miguel Pichetto, con el diputado José María Díaz Bancalari y con el senador misionero Ramón Puerta, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara alta.
Caminó por la calle de la residencia de la embajada hasta el Paseo de la Castellana. Cruzaron la avenida y en el cruce con la calle de Ayala entró en el bar Embassy, un reducto similar a La Biela, que está situado justo en la esquina de ambas arterias.
Antes de ingresar, una mujer con acento neutro lo reconoció, lo paró y le dijo: "Fuerza con Brasil, Venezuela y Cuba".
La comitiva entró en el bar. Había bastante gente. La gran mayoría comía tapas. Hubo un revuelo. Las cabezas se daban vuelta para ver lo que sucedía. La gente no entendía por qué entraban tantos hombres de traje.
Pasaron al fondo y se acomodaron en unas mesas. Un español se acercó y le dijo: "España quiere que a la Argentina le vaya bien".
Una vez pasado esto, el Presidente pidió una lágrima. "¿Qué?", preguntó el mozo, desconcertado. Uno de los miembros de la comitiva le explicó entonces: "Traiga leche, con un poco de café".
A la hora de pagar, el senador Pichetto pidió la cuenta. El Presidente intentó disuadirlo. Pero no lo logró.





