
Una fiesta eufórica y un Macri desconocido
El futuro jefe de gobierno y Michetti celebraron el triunfo a puro baile
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La euforia juvenil de una fiesta de quince o el momento más emocionante de un casamiento. Cualquiera de esas escenas podría servir para describir la euforia, por momentos casi adolescente, que sobrevoló el búnker de Mauricio Macri.
La explosión de los festejos se hizo esperar. Pero el triunfo fue evidente desde mucho antes de las 18 en Che Tango. No hacían falta palabras ni números. La satisfacción por la victoria estaba dibujada en las caras relajadas y sonrientes de los pocos hombres y mujeres del macrismo que estuvieron en el local de La Boca desde temprano.
Explosión. “Llegó el momento de dejar de hablar y de empezar a hacer”. La frase, pensada por Macri como una metáfora de su futuro, fue la llave para que la alegría contenida se convirtiera en saltos, abrazos, y hasta rondas alrededor de Gabriela Michetti para celebrar la victoria sin tapujos.
Un Macri inusualmente descontracturado giró por el escenario a toda velocidad agitando los brazos y arengando a los jóvenes y no tan jóvenes Pro que, envueltos en sus remeras amarillo taxi, agitaban porras del mismo color al ritmo de la música a todo volumen desde abajo del escenario.
Michetti concentró miradas con el escote de su vestido violeta y se convirtió enseguida en el centro de un círculo que armaron Horacio Rodríguez Larreta, Cristian Ritondo, Jorge Macri, Paula Bertol y Eugenio Burzaco entre otros macristas eufóricos.
Otros se encargaron de subir a su líder en andas para pasearlo por el escenario mientras él saludaba exultante con los dos brazos en alto y agitando una remera amarilla como si fuera una camiseta del Boca de sus amores y como si estuviera en la popular de la Bombonera. A su alrededor, se formó otra ronda que intentaba, sin éxito, coordinar una especie de coreografía con las piernas.
La meseta. Antes del estallido, el tango electrónico, los sándwiches, el café y las medialunas inacabables sirvieron para matizar la espera de lo evidente. Las pantallas gigantes combinaban típicas postales de la ciudad con imágenes de la campaña y de los festejos del triunfo en primera vuelta.
Faltaban segundos para las 18 cuando Rodríguez Larreta subió al escenario. Con una sonrisa que no se le despegó durante el resto de la tarde, se limitó a “agradecer a Mauricio y a Gabriela, a los militantes, a los fiscales y a los vecinos”.
Desde los parlantes llegaba el clásico de Charly García "Demoliendo hoteles". Más de uno reparó risueño en que Daniel Filmus estaba recibiendo en simultáneo los datos de su derrota en el hotel Panamericano.
Bastó para que los pocos jóvenes Pro que lo miraban colgados del vallado a la izquierda del escenario empezaran a saltar como para atajar los papelitos verdes, violetas y azules que caían desde el techo. Los porcentajes (61% - 39%) que asomaban a sus espaldas valían más que cualquier discurso. Ya se armaba la antesala de la fiesta.
La ansiedad era semejante a la de los invitados que aguardan la llegada de la novia al altar. “¿Cuándo sale? ¿Dónde está?”, se preguntaba una señora mayor orgullosa por su lugar en la primera fila y desesperada por conseguir una de las remeras amarillas con el contundente “Buenos Aires ya esta buena” en enormes letras negras que empezaron a circular casi tanto como el catering.
Presencias. Como en toda gran fiesta comenzaron las preguntas sobre algunos invitados. Empezó a crecer el misterio alrededor de la presencia de Juan Carlos Blumberg. El empresario, que todavía no se repone del golpe que implicó tener que reconocer públicamente que se dejó llamar ingeniero durante años sin serlo, se acercó al lugar pero se refugió en un sector VIP y evitó todo contacto con los periodistas.
La atención también estuvo centrada en la visita de Melina, la niña de ocho años con la que Macri se mostró el día que lanzó su candidatura en un basural de Villa Lugano, acompañada por su padre. Ambos habían sido invitados por los organizadores.
Quienes sí se pasearon sin problema fueron el líder de Recrear, Ricardo López Murphy, los peronistas anti K Ramón Puerta y Miguel Angel Toma, la diputada expulsada por el kirchnerismo, María del Carmen Alarcón, el senador tucumano Ricardo Gómez Diez y el economista Carlos Melconian.
Jaime Durán Barba y Ernesto Savaglio, pilares de la estrategia comunicativa de Pro, también se movieron con orgullo por el lugar, siempre cerca de las cámaras.
Fin de fiesta. La fiesta terminó como la mayoría, con todos los rastros del ajetreo a la vista: la música baja, los protagonistas ya lejos del lugar, los restos de comida en las mesas y el piso cubierto de volantes amarillos. Alguien ya se estaba encargando de barrerlos.


