Una larga tradición de asilos cruzados
Centenares de ex presidentes, militares, figuras políticas o intelectuales buscaron refugio en la región
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Vladimiro Montesinos, Juan Domingo Perón, Lino César Oviedo, Héctor J. Cámpora, Juan Manuel Abal Medina, Abdalá Bucaram y hasta León Trotsky son apenas un puñado, quizá los más conocidos, de los centenares de asilados políticos que a lo largo de las últimas décadas acogieron diversos países de América latina.
Panamá es uno de los baluartes de la protección diplomática en la región y, en particular, en los casos más polémicos. Allí recalaron desde Montesinos -el ex monje negro del presidente peruano Alberto Fujimori- y el general haitiano Raoul Cedras, hasta el destituido mandatario ecuatoriano Abdalá Bucaram.
El prócer cubano José Martí también debió refugiarse en tierras panameñas, así como Juan Domingo Perón tras la Revolución Libertadora, previo paso por Paraguay y, luego, por Nicaragua, Venezuela, República Dominicana y España.
Treinta años después partió también hacia Paraguay el ex diputado nacional Norberto Imbellone, mientras que un trayecto inverso completó en marzo de 1999 el ex general paraguayo Lino César Oviedo, quien obtuvo el beneficio del asilo político del entonces presidente Carlos Menem.
La ayuda argentina, en este caso en especial, comenzó con un incidente internacional con el entonces presidente paraguayo y concluyó con un escándalo, ya que pasó a la clandestinidad, habría fomentado un golpe de Estado en Paraguay y luego reapareció en Brasil.
El ex presidente Héctor J. Cámpora también debió solicitar refugio, al igual que el ex secretario general del Partido Justicialista Juan Manuel Abal Medina, quien debió vivir más de seis años en la embajada de México en Buenos Aires, durante la dictadura.
Antes y en Chile, el gobierno de Salvador Allende había otorgado el asilo a un grupo terrorista argentino que, tras huir del penal de Rawson en 1972 y matar a un guardia, secuestró un avión para trasladarse a Santiago.
Asimismo, el gobierno argentino les concedió el asilo a centenares de españoles durante la guerra civil de 1936, lo que repercutió en el país con un marcado renacer de las artes y las ciencias.
Tradición americana
En rigor, el asilo resultó una constante en América latina en los últimos siglos. Muchos adversarios de Juan Manuel de Rosas clamaron y obtuvieron ese derecho, e incluso él mismo cuando, al ser depuesto el 3 de febrero de 1852, se asiló en la legación británica de Buenos Aires y fue permitido su traslado a un buque inglés que lo condujo al Reino Unido.
Por el contrario, huyendo de Europa llegó a México en 1940 un tal Esteban Volkov Bronstein, más conocido como León Trotsky.
Enemistado con José Stalin, y a pesar de ser uno de los máximos estrategas de la revolución bolchevique, Trotsky se marchó expulsado de la Unión Soviética en 1924. Pasó por Turquía, Francia y Noruega hasta recalar en tierras aztecas, gracias al visto bueno del presidente Lázaro Cárdenas en enero de 1937.
Pero la historia concluyó mal para Trotsky. Murió en agosto de 1940 por las heridas que sufrió en la cabeza cuando un español lo atacó con una piqueta.


