
Una relación pendular que levantó polvareda
Dos años plagados de cruces polémicos
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Polémico, el gobernador bonaerense Felipe Solá puede mostrar una larga lista de cortocircuitos con Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner con quienes mantuvo, indistintamente, una relación pendular que hasta el momento le deparó más disgustos que beneficios.
La lucha con Duhalde viene de larga data y está directamente relacionada con la ambición de Solá por conservar una cuota de poder propia en el manejo de la administración bonaerense.
Poco más de un mes después de haber asumido la gobernación, en enero de 2002, debió desmentir dos veces en 96 horas los rumores de su posible renuncia. Solá había perdido la pulseada con el duhaldismo por el control de la Legislatura.
Después, el gobernador fue prisionero de sus propias palabras. En febrero último aseguró que "Duhalde no es el líder de la renovación" política y provocó un nuevo enfrentamiento con su jefe político.
El último choque fue el más duro. Solá provocó la ira de Duhalde al deslizar la posibilidad de cortar la boleta de candidatos a diputados nacionales del PJ bonaerense. El mandatario apuntó así a castigar a Carlos Ruckauf. El problema fue que a la cabeza de la lista estaba Hilda González de Duhalde.
Con Kirchner también mantuvo una relación de idas y venidas, con gestos de encolumnamiento seguidos de ataques verbales que afectaron la relación con el jefe del Estado.
Como cuando en abril último se quejó porque ciertas provincias, beneficiadas por las regalías petroleras, podían instalar candidatos a presidente. Las miradas apuntaron a Kirchner, postulante a la primera magistratura en aquel momento.
Como si esto fuera poco, en plena campaña por la gobernación bonaerense Solá volvió a castigar al Presidente al afirmar que, en la provincia, "sin Kirchner se puede ganar, pero sin Duhalde no".
El último gran enfrentamiento, aún en vigor, está relacionado con la seguridad en la provincia.
Solá defendió hasta las últimas consecuencias a Juan José Alvarez como ministro del área, mientras Kirchner denunciaba la participación de efectivos de la policía bonaerense en la ola de secuestros que asolaba a la provincia.
Alvarez renunció y Solá volvió a perder una pelea más con el poder.




