
Una visita con tacos altos a una fábrica
La candidata oficial recorrió Siemens
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BERLIN (De un enviado especial).- Con los ojos bien abiertos, Cristina Kirchner frenó el paso ante una gigantesca turbina en ensamble: "¡Oí, cada una de esas aletas vale como un Volkswagen!" Miraba a uno de sus asesores y señalaba unos rectángulos de metal de no más de 50 centímetros de lado que sobresalían de un extremo del equipo.
A su lado, sonreía Uriel Sharef, el miembro del directorio de Siemens que la guió a ella y a su comitiva por la fábrica que el gigante alemán tiene en el oeste de Berlín. "Le aseguro que son las de mejor calidad del mundo", se enorgulleció el ejecutivo.
Como haría un buen vendedor ante un cliente tentador, Sharef mostró a la candidata presidencial toda la línea de producción de esas moles de acero y se ilusionó con posibles nuevos negocios en la Argentina: "Esperamos seguir participando de la ampliación del sistema energético de su país".
Siemens ganó el año pasado una licitación pública para construir cuatro de esas turbinas (para una usina en Campana y otra en Santa Fe). Es un contrato por más de 1100 millones de dólares, que, pese a que ofertó el precio más alto, le fue adjudicado debido a que propuso hacerlo antes. Urgencias de la crisis energética.
Ahora, la multinacional alemana compró los pliegos de otra licitación para construir cinco turbinas más.
Siemens, junto con la automotriz a la que la senadora aludió al enfrentarse a la ensambladora, son las empresas que más hicieron para que se concretara este viaje.
Cristina Kirchner llegó a la fábrica pasadas las 11. Sharef y el presidente de la filial argentina, Matthias Kleinhempel, la esperaban en una sala con una presentación de diapositivas, en la que se describían el proceso y los tiempos de construcción de las plantas termoeléctricas de ciclo combinado adjudicadas por el Gobierno.
De ahí, bajaron a la planta. Un galpón de techos inalcanzables y en el que se oían sin problema las voces de los visitantes, pese a las masas de acero que subían o bajaban por ahí.
Cristina Kirchner saludó a un par de obreros berlineses. Tal vez por reflejo de campaña, un fotógrafo de la Presidencia los hizo posar con la candidata. Ellos sonrieron y la abrazaron. Al irse la comitiva, se miraron y levantaron los hombros.
La recorrida siguió por otros 20 minutos. Subir y bajar escaleras de metal (la senadora salió airosa con sus tacos), más y más pedazos de equipos, y detalles técnicos sobre sus bondades respecto de la competencia. "¡Impresionante!", opinó la candidata al terminar el tour.
Los ejecutivos les ofrecieron un almuerzo a ella y al canciller Jorge Taiana. Un dato simbólico: según la empresa, ni se mencionó allí el litigio que Siemens y la Argentina sostienen en el tribunal arbitral del Banco Mundial por la suspensión en 2001 de un contrato para confeccionar los DNI.




