Visita a Bulgari antes de la cumbre

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6 de junio de 2008  

ROMA.- Hambre en el mundo y Dolce Vita: en Roma para la cumbre de la FAO sobre la emergencia alimentaria y biocombustibles, la líder argentina, Cristina Fernández de Kirchner, no ha renunciado a la frivolidad.

Definida como una presidenta "part-time" por la revista argentina Noticias -de los primeros dos meses de mandato sólo pasó la mitad en la Casa Rosada, el palacio de gobierno-, la vigilia de la cumbre cenó en el jardín del hotel Eden, donde se aloja con su delegación. Al sentarse a la "mesa Fellini", antes reservada al cineasta, eligió como vista la cúpula de San Pedro. "Como católica ferviente -han dado a conocer en el hotel-, prefirió, en la terraza panorámica, el ángulo con vista al Vaticano."

Conocida por sus amistades VIP, desde la ex modelo top Naomi Campbell a la pareja de Melanie Griffith-Antonio Banderas, la Presidenta, para aligerar su agenda, se concedió alguna hora de compras en la via Margutta.

Acompañada por una amiga romana, adquirió alhajas en la joyería "Enigma" de Gianni Bulgari. "Apreció mucho nuestras líneas de diseño exclusivo", confirman en la orfebrería. ¿La preferida? "Los pendientes conchilla en azabache, mineral fósil de hace 30 mil años". Su precio básico es de 50 mil euros, pero el modelo "bling bling", con diamantes engarzados, llega a 100 mil.

La presidenta Kirchner también admiró la colección de relojes de oro Spyder (cuyo costo promedio es de 10 mil euros) y pulseras de 30 mil euros.

Huésped con charme, para lograr la decoración impecable de su mesa en la residencia de Olivos, confió en el ultrachic negocio de blanquería vecino, Pratesi.

De culto entre las estrellas, en el divorcio de Brad Pitt, Jennifer Aniston habría disputado por quedarse con el ajuar "made in Pistoia". La marca se jacta de sus fans del calibre de Elizabeth Taylor.

La toalla en algodón egipcio tejida en Italia y decorada con bordes de encaje, roza los 6 mil euros.

Para la alcoba, la jefa del Estado argentino eligió un conjunto de sábanas de dos plazas (1000 euros), tan preciadas que "dormir en ellas es una opción", según las palabras de Athos Pratesi, fundador de la empresa textil que sigue abriendo sucursales en todo el mundo.

Traducción de María Elena Rey

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