
Chacras de Abbott vibró con el primer torneo de polo organizado en sus canchas, del cual participaron seis equipos y casi una veintena de jugadores de bajo handicap; la buena onda, siempre presente
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La lluvia dijo ausente y la fiesta fue completa. Pese a los pronósticos agoreros de mal tiempo, el último fin de semana, Chacras de Abbott fue escenario de la Copa Otoño de polo, certamen que se realizó por primera vez y que reunió a equipos de bajo handicap en un entorno excepcional.
Es sabido que en el emprendimiento del Sur tanto el polo como el pato y la equitación son sus pilares, y de alguna manera simbolizan la actividad campestre. Por eso, durante los dos días se vivió el acontecimiento a pura emoción, con todos los participantes mostrando mucho empeño en llegar a los mimbres contrarios, pero siempre en un marco de camaradería y amistad en el que los deportistas profesionales, amateurs y amantes del polo pusieron la mejor onda para que todos pudieran divertirse.
"Organizamos este torneo para los amigos, para que se junten a jugar y para que la pasen bien", resumió Luciano Guareschi, organizador y parte del equipo de Chacras Abbott II, que finalmente se quedó con la copa.
Y a la convocatoria se sumaron seis equipos, en esta oportunidad de tres jugadores cada uno: Chacras de Abbott I, que alineó a Jorge Lamarque, Néstor Cacho Lizaso, Osvaldo Coronado y Luis Ruiz; Chacras de Abbott II, con Javier Suárez, Facundo Bontti y Luciano Guareschi; Gigates Polo Team, con Santiago Hernando, Marcos Fonucchi y Faustino Harán; Agrocomercce Polo Team, con Matías Young, Juan Cruz Rendina y Nicolás Guareschi; Ibarbalz & Asociados, con Miguel Lizaso, Sergio Lynch y Horacio Lizaso, y M & F Polo Team, con Gabriel García, Guillermo Videla y Salvador Videla.
"Este es un torneo entre amigos y fue el primero del lugar. Por eso tratamos de acomodar a todos los equipos para que sea bastante parejo", contó Nicolás Guareschi.
Con buen nivel
El primer partido jugado de la tarde del sábado tuvo un incidente. El organizador Luciano Guareschi se cayó durante el match y debió ser trasladado a un establecimiento médico. "El caballo empezó a saltar y me tiró, me volví a subir y cuando taqueé ahí sentí el dolor. Los médicos me dijeron que se me cortaron dos tendones y se me bajó el brazo. Por suerte se puede operar", explicó el jugador.
Luego de ser atendido en el hospital volvió para presenciar los partidos y apoyar a su equipo, que ganó la copa. "Ahora que se termina la temporada de otoño espero poder recuperarme bien para volver con todo", expresó.
A pesar de ser un torneo de bajo handicap, los jugadores demostraron buen nivel de juego.
"El polo de bajo handicap es tranquilo, para deportistas que recién empiezan. Yo comencé a jugar hace tres años, en el campo de un amigo, que me ofreció unos caballos para arrancar, y me quedé enganchado. Ese fue el comienzo", contó Nicolás.
"La diferencia que hay con el polo de alto handicap es la velocidad de juego, ya que todo es más rápido en la medida que el handicap sube y hay menos tiempo para pegarle a la pelota. Generalmente los caballos tienen mejor preparación, son más rápidos y su adiestramiento es muchísimo mejor que en el bajo", contó Guillermo Videla.
Aunque la cancha fue reducida y se jugó un chukker menos que lo habitual, el torneo gozó de muy buenos jugadores de todas las edades que no se quedaron atrás a la hora de ir a pelear cada bocha con decisión.
Otro detalle: el hecho de haber armado equipos con tres jugadores en vez de los cuatro habituales es común en certámenes donde todo es a pulmón, y donde a veces, por las distancias (Chacras de Abbott está próximo a San Miguel del Monte), produce que transportar los caballos implique un alto costo en fletes, lo cual sin patrocinadores es más difícil planificar competencias que están a más de 100 km de la Capital.
"El torneo estuvo muy bien organizado, a pesar de la cancha que no era la reglamentaria. La verdad que me sorprendió; yo esperaba algo más informal y me encontré con un buen nivel que me sorprendió mucho", comentó Guillermo.
Ese chico detrás del caballo
Ver la combinación del caballo galopar y el jinete taquear es una visión maravillosa para los amantes del polo. Pero detrás de esto hay alguien muy importante que se encarga de preparar el caballo para llegar a ese punto: el petisero. La tarea realizada por ellos con tanto esmero día a día hace que estos caballos lleguen a estos partidos.
¿En qué consiste esta actividad? La jornada es dura y empieza cuando la luz del sol lo permite.
"Hace dos años que empecé a practicar polo, trabajo de petisero y aprendí todo paso a paso. Tuve la suerte de que alguien me diera la oportunidad para jugar y la aproveché. Me dedico a esto y me entreno todos los días después del trabajo", cuenta Facundo Bontti.
La mayoría de los participantes de este torneo vive del polo de alguna manera. Ellos cuidan y preparan a los caballos de a poco, y así van subiendo escalas. El entrenamiento consiste en caminatas con cambios de ritmo y figuras que van grabando en la memoria del equino las órdenes que recibe del jinete.
Aprender a domar un caballo y prepararlo para jugar polo no es nada fácil. Los petiseros no sólo conviven con los caballos, sino que también sienten qué les pasa, cuándo están mal y cuándo están enfermos.
"Yo estoy todos los días con los caballos, lo mío es un trabajo porque empiezo a domarlos y los termino haciendo de polo, es un trabajo difícil. Después jugamos los torneos que hay alrededor", explica Miguel Lizaso.
La temporada de polo de otoño va de febrero a abril, y la de primavera de septiembre a diciembre. Durante esos meses los petiseros entrenan a los caballos todos los días y la practica o táctica la realizan día por medio.
"Los torneos los tenemos casi todos los fines de semana o cada quince días. A veces entre semana también, dependiendo qué torneo sea. Los que jugamos acá queremos jugar y tener el handicap más alto, pero hay muchos que no entienden que tener 2 o 3 goles no es fácil", añade Miguel.



