
Especies exóticas que se adaptaron al lugar
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Los árboles ornamentales nativos son los más bellos del mundo. Pero la primavera nos revela especies de espléndida floración que vienen de otras regiones, pero se han adaptado sin problemas en diferentes lugares del país.
Una de ellas lleva el nombre indígena de catalpa (Catalpa bignonioide), originaria del sudeste de América del Norte. En nuestro país es un árbol de porte mediano, aunque en su región de origen puede superar los 20 metros de altura. Tiene tronco y ramas robustas, copa extendida, más ancha que alta, grandes hojas de largos pecíolos, moradas cuando nacen, caducas, algo velludas, que cuando caen dejan cicatrices en las ramas. El follaje no es muy denso, por lo que no proyecta buena sombra.
En esta época aparecen los grandes racimos de flores, hasta 20 cm de largo, perfumadas, en forma de campana, blancas con estrías y puntos amarillos, anaranjados y púrpura en su interior. Es delicado y llamativo el aspecto del árbol en flor, y se lo ve bastante como árbol urbano -por ejemplo, en el tramo peatonal de la calle Perú-, pero es difícil, casi imposible, formarlo mediante poda ya que no la soporta bien, y a veces las hileras o los grupos se ven desparejos.
Otro hermoso árbol es el kiri, al que se consideró una bignoniácea como la catalpa, pero que ahora se incluye en la familia de las paulowniáceas: su nombre botánico es Paulownia fortunei. También tiene hojas grandes y caducas, y forma largos y densos racimos de flores acampanadas, grandes, en primavera temprana, de bello color lavanda, con manchas amarillas y violeta en su interior. Es originario de China y tiene gran valor forestal, ya que es de muy rápido crecimiento y la madera, liviana y resistente, tiene muchas aplicaciones. Se lo cultiva en Misiones, Corrientes y Chaco. En Buenos Aires y alrededores suele sorprender su bella copa en flor como árbol aislado, en algún patio. También está en el Jardín Japonés y hay un gran ejemplar en el Hospital Alemán.





