
Recuerdo haber visto en Roma, en la Via Apia, matas de pequeñas plantas de ciclamen en flor. Como para nosotros son plantas a las que consideramos delicadas, deduje que aquella, donde crecen silvestres, debe ser su región de origen y parece que así es. Son del sur de Europa y, entre nosotros, se han popularizado como plantas de maceta. Se trata de una especie perenne, aunque su carácter de bulbosa hace que se muestre vigorosa durante una larga temporada, con abundante y continua floración y luego decaiga, quedando el bulbo sin hojas. Tendría que rebrotar y reiniciar el ciclo, pero normalmente no lo hace. Y quienes la cultivamos consideramos que ya se cumplió su ciclo y, erróneamente, la desechamos. En cambio, en muchos de sus tallos, la flor continúa con su desarrollo y llega a formar fruto y semilla, para lo cual, el tallo floral hace un movimiento de espiral y apoya el fruto sobre el suelo. Allí se abre, es un fruto dehiscente y deja caer las semillas.
Como estamos habituados a comprar esas plantas en flor, ponemos poca atención de su desarrollo posterior, pero de las semillas, fieles a su misión reproductora, nacen las plántulas y comienzan a desarrollar, apuntando a formar una mata. Cuando tienen seis hojitas se las puede trasplantar a macetas individuales, que deben tener buen drenaje y sustrato rico y suelto, formado por buena tierra y turba. Se sitúan en lugar reparado y se las riega de manera que el sustrato esté siempre húmedo.
En su tercera temporada pueden empezar a florecer y lo harán por largo tiempo. Los tallos florales nacen directamente del bulbo, permanecen tapados entre el follaje, pero al llegar la apertura de la flor crecen por encima de las hojas. Por eso, al comprar un ciclamen se debe levantar la maceta y mirar la planta desde abajo, ya que si muestra pimpollos en distintas etapas de crecimiento, eso significa que la floración será prolongada. Como en todos los casos, la supresión de las flores que ya han abierto estimula las siguientes floraciones, salvo -como se ha dicho- que se quieran dejar algunas flores para que semillen. El bulbo, en cambio, suele no durar más de una temporada. Así que, si se tientan y compran un ciclamen en flor, pueden emprender la entretenida tarea de su reproducción y, dentro de tres años, mostrar su obra en flor.





