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Todo comienza en el silencio. Ese que guardan los muros cuando ya no hay cartas, ni sobres, ni estampillas. Durante décadas, el majestuoso edificio postal de Gante, en Bélgica, que se alza con elegancia neogótica junto al Graslei, parecía dormido en su propia solemnidad. Pero como ocurre con las verdaderas joyas, sólo esperaba ser redescubierto. Hoy, reconvertido en el 1898 The Post, ofrece una experiencia de hospedaje tan rica como su historia, dentro de una ciudad que ha hecho del cuidado patrimonial una forma de vida.



