
1 minuto de lectura'
Como recurso paisajístico, los tulipanes tienen pocos rivales: valorizan y destacan todo lugar donde se los planta en grupo.
Recuerdo la impresión que me causó hace años, en Londres, la estatua que recuerda a Winston Churchill, una escultura del genial Henry Moore rodeada de un gran cantero con tulipanes rojos. Ningún otro elemento hubiera impactado tanto.
El tulipán es de origen asiático y el fuerte de su cultivo está en Holanda, pero al llegar la primavera al Hemisferio norte, tanto en Europa como en América, las calles y plazas de sus ciudades se engalanan con esas plantas en flor.
Entre nosotros, me aventuro a teorizar que, tal vez como un matiz de nuestra nostalgia por la cultura europea, también hay un empeño por tener tulipanes. Y los viveristas, siempre listos para complacer, hicieron posible que en estos días haya lugares de venta llenos de tulipanes.
Los primeros que se vieron, aun en nuestro otoño, llegaron desde Holanda en cámara frigorífica, y completaban su ciclo y florecían en la tibieza de marzo y abril.
Los que se ven ahora son los que se han cultivado en el Sur -Esquel, Puerto Madryn- y florecido en cámaras con temperatura y luz controladas. Tanto si se la quiere lucir en la maceta como si se la ubica en el suelo, la planta se agota en esa sola floración. El bulbo no ha tenido oportunidad de fortalecerse y la próxima temporada, la planta que nazca, con suerte, dará una flor miserable... o nada.
También es bastante frustrante el resultado cuando se trata de reproducir esa hibernación en casa, guardando los bulbos en la heladera, entre mayo y junio, antes de enterrarlos: la planta y la flor no pasan de mediocres.
Pero a veces aparecen versiones misteriosas: alguna gente -poquísima- logra cultivar tulipanes de manera natural, consigue que florezcan en primavera y aun, según testigos, ¡producirlos de semilla!
Parece que el tulipán, originario de Asia Menor y Turquía, causó tal sensación en Europa -sobre todo en Holanda-, que se lo quiso mejorar adaptándolo al rudo clima de aquellos lugares, y logrando especies cada vez más atractivas. Y así consiguieron ser el centro de su cultivo y expansión. Pero fuera de esos procesos habrían quedado variedades propias de climas más templados, como el nuestro.
Sería interesante rastrear esos datos y ver si de una vez por todas podemos cultivar tulipanes en el jardín.





