
Después de su extraordinaria carrera futbolística, Osvaldo Pichi Escudero no abandona la cancha, aunque ahora en el country Boca Raton, donde tiene su casa y despliega sus habilidades como entrenador
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Hace muchos años que el Pichi, Pichi no se corea, domingo tras domingo, en las canchas del fútbol argentino. Sus partidos cambiaron de escenario, pero su amor por la pelota sigue tan vigente como en aquellas tardes que realizaba los picaditos con sus hermanos, en el pueblito chubutense de Colonia Sarmiento.
Es que Osvaldo Pichi Escudero fue el típico chico que nació abrazado a una pelota. Ese que por herencia familiar fue un fuera de serie y, por ende, su destino estaba afiliado al potrero. Al mismo tiempo que comenzó a correr inició ese afecto incondicional con el balón. "Era el único juguete que teníamos. Estábamos todo el día jugando al fútbol, ya que era la única diversión porque en esa época no había televisión en el pueblo."
Sus primeros destellos de talento los brindó en el marco del baby fútbol, cuando su familia se mudó a Buenos Aires. Por la ubicación de su casa (General Paz y Constituyentes), la camiseta de Chacarita Juniors le tenía un lugar reservado en sus divisiones inferiores.
Con tal sólo 12 años, empezó a dejar en claro su capacidad de liderazgo y su facilidad para anotar goles de todo tipo. Para sus entrenadores no era muy difícil pronosticar que su futuro estaría en Primera División. Sin embargo, ese anhelo que tienen millones de chicos argentinos le llegó cuando sólo tenía 17 años.
"Sabía que andaba bien, pero de ahí a jugar en Primera era algo increíble. Recuerdo que jugaba en quinta y me llamaron para entrenar con el plantel superior -manifiesta Escudero-. Y para colmo el técnico decía que conmigo, Chacarita se iba a salvar del descenso."
Es cierto que muchos jugadores no rinden bajo presión. Pero las verdaderas estrellas de este deporte suelen potenciar sus cualidades al máximo cuando son encasillados como los salvadores. Y Pichi fue uno de ellos, ya que su debut fue perfecto. Inicio con gol y victoria ante Huracán por 2 a 1. No obstante, Escudero no se conformó con su glorioso arranque y tras igualar 0 a 0 con Gimnasia, anotó dos tantos ante Estudiantes de Buenos Aires. "Fue un comienzo redondo. Anoté varios goles y nos terminamos salvando del descenso."
Más allá de que su puesto de goleador que poseía en las inferiores del club de San Martín se había modificado al típico puntero derecho, su aptitud por desbordar y asistir a sus compañeros no dejó de destacarlo y lo llevó rápidamente a traspasar límites impensados. Es que casi sin proponérselo formó parte de una generación de oro (en las que estaban nada menos que Diego Armando Maradona, Juan Barbas, Gabriel Calderón y Ramón Díaz): la selección argentina que ganó el Mundial Juvenil de Japón en 1979.
"Fue algo maravilloso para todos los argentinos por el muy buen fútbol que jugamos. No sabíamos la repercusión que había tenido en el país, pero después nos enteramos de que la gente salió a la calle y lo festejaron como el título del 78", explica Osvaldo.
Esta huella imborrable tuvo un motivo particular, debido a que Escudero convirtió uno de los goles más recordados de su carrera. "Fue un complicado partido ante Yugoslavia, ya que nos jugábamos la clasificación. Recuerdo que me metieron un pase en profundidad, me metí entre dos yugoslavos inmensos y cuando la pelota quedó en el medio, le pegué con tres dedos."
Sus números dirán que jugó 450 partidos y que anotó 60 goles. Pero aquellas personas que tuvieron el privilegio de verlo dentro de una cancha han disfrutado particularmente de sus endiabladas gambetas con las camisetas de Chacarita, Vélez, Unión de Santa Fe, Independiente, Rosario Central, Racing Club, Platense y el mismísimo Mitsubishi de Japón. No obstante, los simpatizantes tienen su mayor repaso cuando se consagró campeón del Torneo Metropolitano de 1981, con aquel plantel de Boca liderado por Maradona. "Era un gran equipo. Realmente fue un placer inmenso compartir con Diego dos años de mi carrera. Aún ahora, la gente me cruza por la calle y me recuerda ese campeonato", menciona el chubutense.
Hijo de tigre
Su currículum dirá que a los 34 años Osvaldo Escudero decidió colgar sus botines en el ámbito profesional. Pero su apellido no quedó en el olvido y continúa en los primeros planos del fútbol grande. Esto se debe a la actualidad que tiene su hijo Damián, que integra el plantel superior de Vélez Sarsfield e insinúa con seguir los pasos de su padre. "Aunque no soy de darle muchos consejos, trato de inculcarle que tiene que disfrutar esta profesión al máximo y tomarla con la seriedad que se merece -aclara Pichi-. Es un privilegiado, ya que hay muchos chicos que les gustaría estar en su lugar."
El gran DT
Es verdad que Osvaldo Escudero ya guardó sus veloces gambetas dentro de un cajón. Sin embargo, su pasión por el fútbol parece no tener un baúl adecuado y por eso sus nuevos desafíos siguen acompañados a la pelota, aunque en otro sector de la cancha. Ese donde interesa el aprendizaje de una buena jugada colectiva o de un gol olímpico. Es que hace poco más de seis años, Escudero se transformó en el creador y formador del fútbol de Boca Raton. "Conocí el country por un amigo y desde 2000 puse una escuelita de fútbol. Después me hice la casa y empecé a armar los equipos de Promocionales, Cadetes, Junior y Senior", dice Osvaldo.
Aunque Boca Ratón no esté en la pelea de los títulos más importantes de la Asociación Intercountry de Zona Norte, el crecimiento de sus equipos ha sido notable. "Nosotros no formamos grupos para salir campeón. Nos preocupamos más por lo social - explica el ex jugador de la selección juvenil-. Lógicamente que a todos nos gusta ganar, pero hay gente que paga su cuota y no la podés dejar afuera. Por eso, si terminamos en la mitad de la tabla y todos compitieron, nos sentimos muy satisfechos."






