
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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Hace unos días, ante una consulta sobre flores de la estación, mencioné la dalia, y mi interlocutor la rechazó: "¡Por favor, esa flor de muertos...!"
Los recuerdos de dalias en flor, desde diciembre, en los jardines, la fiesta que era en casa recibir, en agosto, las encomiendas con bulbos desde las semillerías de Buenos Aires, su lucimiento en los floreros y su esplendor otoñal me impulsan a asumir su reivindicación.
La dahlia -tal su ortografía correcta, en homenaje al botánico A. Dahl- es una planta de raíz tuberosa, originaria de México, que fue llevada a Europa por su posible utilidad alimentaria.
De la cuatro especies originales se han obtenido 20.000 variedades, y esos híbridos presentan todos los colores y tonos, excepto el azul, formas muy diferentes y alturas que van desde los 25 centímetros hasta los dos metros, sin considerar las especies arbóreas, raras en jardines, que superan los cinco metros. Hay que tener en cuenta que una dalia se obtiene de un bulbo, a fines de invierno, que tenga por lo menos una yema (ojo) y un trozo de tallo, a 10 o 15 centímetros de profundidad.
También se puede apelar a otra técnica a través de esquejes basales, que se obtienen haciendo brotar un bulbo, separando los brotes y plantándolos.
Las especies enanas pueden obtenerse por semillas. Las altas necesitarán un tutor. Para no herir el bulbo conviene clavarlo en profundidad, al plantar.
Requiere suelos secos y permeables, como los pampeanos, además de colocarla en posición soleada. Necesita riegos en profundidad y al pie, sin mojar el follaje, lo que acarrearía fungosis.
Quitar las flores marchitas asegura prolongada floración; quitar los pimpollos laterales asegura tallos largos y flores más grandes. Las tonalidades son infinitas: puras o combinadas, con rayas, manchas o corolas de varios colores.
Las formas de la dalia son variadas, pueden ser grandes y chatas, como las decorativas, con pétalos largos, finos y retorcidos, como las dalias cactus, dobles y globosas. En esta época se las puede admirar en florerías, pero no olvidar plantarlas, solas o en grupos, pero cuando llega el fin del invierno.





