
Starbucks también prioriza la elección de sus locales en lugares simbólicos de la Capital. Conservan fachadas y se adaptan al diseño interior
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La llegada al país de las cadenas de café no sólo modificó las costumbres del consumidor al incorporar el take away y cambiar la clásica taza de porcelana por un vaso térmico, sino también revalorizó locales antes abandonados o con poco mantenimiento.
Además de evaluar el mercado y considerar factores como la disponibilidad de espacios acordes, el metraje de la propiedad, la vidriera, los espacios, Starbucks trabaja de forma especial cuando se trata de edificios antiguos, ya que el valor arquitectónico es uno de los factores que encuentra atractivos a la hora de definir una locación.
"En la Argentina hay muchos edificios de calidad y en algunos hemos tenido la oportunidad de instalar una tienda. Ese es uno de los motores y retos a la hora de encarar un proyecto. Nos apasiona el desafío de intervenir un espacio que habla por sí solo, que no necesita más que la puesta en valor de lo que hay", comentó Diego Paolini, gerente general de Starbucks Coffee Argentina.
La realización de un relevamiento exhaustivo de los elementos arquitectónicos que posee la tienda ha llevado a la restauración de vitrales, la exposición de estructuras de principios de siglo y el reciclado de muebles o elementos decorativos.
Al realizar este trabajo, la inversión promedio necesaria, que ronda los 2,2 millones de pesos, puede variar, ya que para lograr una recuperación cuidadosa es preciso un mayor presupuesto. "En muchos casos, nos encontramos con elementos preexistentes de gran valor estilístico, cuya recuperación implica un mayor cuidado y presupuesto. La idea principal es la de devolver al edificio su esplendor inicial", detalló Paolini.
Este tipo de trabajo se puede observar en las tiendas de Perú y avenida Belgrano, en Monserrat, y en Callao y Bartolomé Mitre, en Congreso. En estos locales se puede convivir con elementos arquitectónicos de alto valor histórico mientras se disfruta de un café y se hace uso de una conexión Wi-Fi.
La cafetería de Perú se instaló en el local del edificio Otto Wulf, que llevaba un tiempo sin uso. Se buscó que operara dentro de este histórico espacio sin modificarlo, para lo cual se hicieron obras de restauración en molduras y paredes, en las puertas de madera existentes, solados y carpinterías.
Por su parte, en el local de Callao se expuso la estructura de hierro, se mantuvieron las barandas metálicas, se restauró la fachada y se la integró al resto del edificio. Además se introdujeron al equipamiento de la tienda objetos históricos que se fueron encontrando, como la caja fuerte que hay en medio del lobby o el mueble de condimentos, y se agregaron elementos de impacto, como las enormes cortinas verdes de pana.
"Concretamente, ambas tiendas tuvieron un tiempo de remodelación aproximado de 70 días", detalló Paolini.



