La historia de una emprendedora que transformó una antigua fábrica textil que cerró por la ola importadora de los noventa, en un predio industrial que alberga a 40 pymes
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Los emprendedores argentinos saben adaptarse para poder sortear las dificultades que la coyuntura económica les presenta. Un inmueble comercial en el conurbano bonaerense es un ejemplo de cómo un proyecto diversificado permitió transformar una antigua fábrica textil a un lugar donde casi 40 empresas desarrollan sus actividades industriales y comerciales a diario. La emprendedora, Andrea Werthein, logró refuncionalizar un predio que pertenecía desde 1968 a su familia, donde funcionó durante 26 años una empresa textil, y construyó uno de los primeros parques industriales del país, que hoy acoge a 38 organizaciones. Se trata de Parque Industrial Suárez, un inmueble comercial destinado a pymes que alquilan espacios productivos y oficinas en función de los metros cuadrados que necesitan; con lugares comunes y servicios centralizados.
El proyecto nació en un momento negro para la industria local, cuando la crisis de 2001 dejó un inmueble de cinco hectáreas vacío. Originalmente en ese predio funcionaba la textilera Casimires Spencer. El padre de Andrea, Abel Werthein, fue el presidente de la organización desde 1968. Andrea recuerda haber visitado muchas veces la enorme fábrica en su niñez. “Entraba lana y salía un pantalón”, resume. En su época de esplendor empleaba a 1000 personas a tiempo completo. Sin embargo, durante el golpe que sufrió la industria por las políticas de libre importación del menemismo, la firma se desarmó. El espacio se alquiló a una empresa de logística que funcionó por siete años, hasta que en otro revés de la economía argentina, cerraron sus operaciones con la crisis de 2001. Las calles quedaron vacías y alumbradas por la única luz en el tablero de las luminarias. Más de 200 posibles compradores o inquilinos visitaron el predio para ver si les servía, pero en el país casi no se intercambiaban mercaderías y nadie lo quería. Era un momento de desasosiego y desesperación. El costo de mantener el espacio era altísimo porque había que contratar mucha seguridad y a la vez era riesgoso dejarlo desocupado por el miedo a perderlo.
Mientras tanto, Werthein atravesaba un momento bisagra en su carrera. Acababa de finalizar el MBA de la Universidad Torcuato Di Tella luego de años de dedicarse a la ingeniería agrónoma y evaluaba cómo reinsertarse en el mercado laboral. Con el aporte de la titular inmobiliaria Ana Simeone, otros profesionales y sus socios, Andrea tomó las riendas del lugar y desarrolló un proyecto de negocio para la comercialización del predio.
Consultó con un abogado, quien diseñó un contrato tipo con reglamento de convivencia y alquiler y preparó el espacio de manera tal que pudiera ser subalquilado. El primer inquilino fue un fabricante de carteras que necesitaba sólo 55 metros cuadrados. Eso dejaba el enrome desafío: poder alquilar los restantes 32.945 metros cuadrados.
Hoy en día, el inmueble industrial está ubicado sobre un predio de 50.000 metros cuadrados en el partido de San Martín, en el primer cordón del conurbano bonaerense. “ Es una comunidad de empresas. Una experiencia más allá del lugar”, relata la entrepreneur haciendo referencia a la sinergia compartida entre las organizaciones que lo habitan. Entre las industrias y fábricas que están presentes se encuentran laboratorios, industrias químicas, se fraccionan pinturas, fabrican ventanas, producen tintas gráficas y elaboran alimentos. Todos los días 900 personas entran a trabajar al predio y 250 vehículos salen del lugar, entre transportes de carga y particulares. El predio tiene un restaurante, una sala de capacitaciones, una brigada de primeros auxilios –con 30 brigadistas entrenados por la Cruz Roja– y otra para prevenir los incendios. Las organizaciones alquilan un espacio que pagan en función de los metros cuadrados que necesitan y desde principios de 2004 funciona oficialmente con la certificación de parque industrial.
Werthein asegura que, en algunas empresas, la variación en las tarifas impacto muy fuertemente y una de las formas que tuvieron las firmas de adecuarse fue reducir las superficies que alquilan.
La peor crisis que sufrió el parque fue en 2008, cuando la ocupación estuvo en su nivel mínimo, cercano al 75 por ciento. “Las crisis duran menos tiempo porque si alguien tiene que abandonar sus actividades o achicar el espacio, irse es la última medida que toman, y cuando la economía arranca lo primero que hacen es buscar un lugar” explica la empresaria.
Si bien los ajustes macroeconómicos generados en 2016, por el cambio de Gobierno y la readecuación de las tarifas de energía eléctrica, gas y agua impactaron en la actividad de las empresas radicadas en el parque industrial Suárez, hoy funciona con el 85 por ciento de superficie alquilada. Y por la demanda actual, se preve una rápida recuperación.
Amigos de la emprendedora le consultan habitualmente por el estado de actividad del Parque Industrial como termómetro de la economía local. “Somos un pulso de la actividad económica”, resume.?




