
En los galpones donde funcionó la Algodonera Flandria operan 20 empresas. Aún hay m2 disponibles para alquilar
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Cuando se traspasa la portería del lugar, la impronta europea está presente en cada edificio industrial que se observe y en cada camino que se recorra. Ahí subsisten los claros vestigios de lo que fue, en su época de esplendor, la Algodonera Flandria, creada por Julio Steverlinck, oriundo de Bélgica, que supo integrar la industria textil con la vida social, económica, religiosa, cultural y deportiva de la zona.
Este complejo que totaliza más de 100.000 m2 cubiertos y que tras los avatares de los 80 y 90 entró en quiebra (en 1996), muestra en la actualidad un panorama distinto, ya que el impulso del sector privado en contribución con lo público dieron paso en 2003 al Parque Industrial Villa Flandria.
Está ubicado en Jáuregui, aunque también por la algodonera, este sector del partido de Luján es conocido como Villa Flandria. Está sobre la avenida Flandes a orillas del río Luján, a la que se llega desde la Capital por el Acceso Oeste hasta Luján, donde se bifurca a las rutas 7 y 5. Ahí, ambas rutas ofrecen entrada al parque: desde la ruta 5 (entre Luján y Mercedes) a la altura del km 74, acceso a Jáuregui; desde la 7 (entre Luján y San Andrés de Giles), en la salida a Cortínez.
En el lugar se refuncionalizó el complejo con las naves de gran altura y su construcción de finales de la década del 20. Su mejor etapa fue entre los 60 y los 70, en la que llegaron a trabajar más de 2000 personas en forma directa. Luego de la quiebra de 1996, la compañía Algoselan (que realiza hilados y tejidos de algodón) adquirió el predio y las maquinarias (a fines de 2001), y luego de mejorar las instalaciones transformó al parque en un punto en el que se instalaron pymes, que, en su mayoría, pertenecen al rubro textil.
"Estamos muy conformes con el desenvolvimiento de las empresas que ocupan los distintos galpones del parque. Y sigue en alza la demanda, lo que confirma el buen momento que atraviesan ciertos sectores productivos", explica José Luis Larrea, director del Parque Industrial Villa Flandria.
El complejo es propiedad de Carlos Diforti (presidente de Algoselan), quien desde un principio apostó por reactivar los antiguos galpones y las áreas comunes para que esta parte importante de la historia de la industria textil argentina no quede en el olvido.
Protagonistas
En la actualidad, el parque lo integran 20 empresas que ocupan cerca de 75.000 metros cuadrados. La superficie disponible ronda los 35.000 m2, que los comercializa el propio establecimiento en alquiler a razón de 12 pesos por m2 (incluye gastos de mantenimiento de áreas comunes y seguridad).
Las empresas que se instalaron desde 2003 invirtieron más de 10 millones de dólares para radicarse y la puesta a punto. "Además, ya no es un parque sólo vinculado con lo textil. Si bien la mayoría de los que confiaron son de este rubro, no son los únicos que se mudaron aquí", precisa Larrea.
Hasta el momento, se desempeñan Agentex (compraventa de maquinarias y accesorios textiles), Choi Ho Beom (lavado y suavizado de prendas), Delitex (tejeduría plana), Tía Maruca (fabricación de galletitas) y Tecnosport (fabricación de calzado), entre otras.
También funciona en el lugar una filial del grupo TMC que se dedica a la fabricación de transformadores secos encapsulados, elementos de última generación en instalaciones eléctricas de media tensión. En Flandria, se llama TMC Sudamérica.
"Estamos en el parque desde 2006. Nos decidimos por las ventajas de la infraestructura y su entorno, que se agregan con las ventajas de la promoción industrial y la disponibilidad de recursos", detalla Fernando Gullo, director gerente de esta empresa.
Respecto del presente y futuro de la compañía, agrega: "El panorama es alentador. Vamos a ampliar la planta para fabricar integralmente el producto en Flandria, para lo que realizaremos una gran inversión. En este momento, nos desenvolvemos en 2000 m2 y con la ampliación llegaremos a los 3600 metros".
Por otra parte, Italcolore -otra de las empresas radicadas- se dedica a la tintorería y la terminación de tejidos planos y de punto a escala industrial. Ocupa un espacio de 6000 m2.
Marco Meloni, vicepresidente de la compañía, se refiere sobre la trayectoria en el parque y su futuro: "Estamos con actividad sostenida, en etapa de crecimiento, ya que compramos dos máquinas y, para eso, ampliamos la superficie. Tenemos pensado progresar y profundizar el desarrollo tecnológico, así como generar nuevos puestos de trabajo. Vemos con mucho agrado como se expanden las empresas del parque y el crecimiento de los pueblos de los alrededores".
Si bien el número de empleados que absorben las distintas industrias del complejo es distante aún del número que supo tener en su época de mayor esplendor, hoy ya hay 750 puestos fijos y 250 indirectos, por lo que la fisonomía del lugar presenta mucho movimiento en las distintas horas de entrada y egreso de la gente que trabaja en el lugar, que, en su mayoría, son de la zona, fiel al precepto que está arraigado con Flandria.
Fisonomía
En el parque se dividió a las empresas en diferentes tipos de superficies. De hecho, están planificadas para que en el futuro en caso de expandirse tengan posibilidades de hacerlo cerca del espacio que ocupan actualmente.
Consultas e intención de instalarse existen en importante medida. Incluso, los directivos del parque están en tratativas con una empresa textil y una logística (que utilizaría el inmueble para depósito y transporte), entre otras.
"Todas las superficies disponibles están bien conservadas y construidas totalmente de mampostería de muy buena calidad y diseño, con pisos de cemento y techos de losa, chapa galvanizado y fibrocemento, de considerable altura, lo que posibilita una buena ventilación e iluminación natural y artificial", detalla Larrea.
Otro punto fuerte del parque es su planta de tratamientos de efluentes, lo que permite que operen empresas de varias categorías. Cuenta con toda la infraestructura de servicios, sistema fijo de red de incendios y provisión de agua y sistema de defensa contra posibles inundaciones del predio. Las compañías instaladas poseen beneficios de la ley N° 10.547 (de promoción industrial), entre otras ventajas impositivas.
Entre las áreas comunes, se trabaja en la obra del futuro comedor y está pensado que se desarrollen otros sectores comunes para que las empresas tengan una especie de showroom o un lugar para atención del público cerca del área de ingreso.
UN VISIONARIO, CLAVE PARA CRECER
Referirse a la Algodonera Flandria es asociarse con el recuerdo de Julio Steverlynck, nacido en Bélgica, que llegó a nuestro país en la década de 1920. En el centro del complejo, entre las naves próximas al ingreso, se levantó un monolito en homenaje a Julio, su esposa y a la encíclica Rerum Novarum (el primer texto de carácter social de la Iglesia Católica, promulgada por el papa León XIII en 1891). Este nombre también lo adoptó la banda de música formada por los obreros de la Algodonera que aún está en vigencia.
Steverlynck adoptó la política empresarial que inspiraba el catolicismo social de la encíclica (antes que el peronismo instalara las leyes laborales) y en la algodonera ofrecía condiciones de trabajo como salarios elevados, vacaciones, premio por nacimiento de hijo, licencias por casamiento, entre otros beneficios. Gran parte de su historia y presente fue llevada al libro Hecho en Flandria (editado en 2008, por Sebastián Stupenengo y Epyca Comunicación).
El empresario, que falleció en 1975, integró la industria con la comunidad de Jáuregui, que poco a poco fue creciendo en número de empleados y residentes. Levantó alrededor de la planta las casas de los empleados, el estadio del Club Flandria (que actualmente milita en la Primera B Metropolitana de fútbol), el Club Náutico El Timón, tres escuelas primarias y secundarias, un cine-teatro y un puente sobre el río Luján.
En la actualidad, en uno de los edificios del parque funciona el Museo Textil, como fiel testimonio de la historia.
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