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Diego Zappella (DZ) y Martín Urgoiti (MU) son los hombres que le dan vida a Jack Green, una empresa que desarrolla desde hace siete años edificios corporativos y que recientemente desembarcó en el mercado residencial. Con experiencia en el negocio financiero, los desarrolladores apuestan a la disrupción como principal motor de sus inversiones. Zappella define a la empresa como una compañía building up. "Trascendemos la compra–venta de metros. Sólo nos involucramos con propuestas que tienen características diferentes, nuestro fin es que todos los proyectos permanezcan vigentes en el tiempo", relatan en la charla con La Nación.
-¿Por qué decidieron desembarcar en el sector residencial?
- MU: Cuando ingresamos al mercado inmobiliario sumamos nuestros saberes financieros al real estate y trabajamos en proyectos que ofrezcan posibilidades de negocios similares a los que brinda la renta de un bono. Para ello le bajamos el riesgo al producto ofreciendo proyectos únicos con diferenciales.
DZ: Cuando desembarcamos en el sector residencial lo hicimos al adquirir un terreno que había pertenecido a la SIDE y que fue subastado por la AABE, ubicado en Sánchez de Bustamente al 2400 que tiene salida por Billinghurst. Allí proyectamos Alley de 8200 metros cuadrados, con 1200 de amenities. La obra contará con dos semitorres unidas por un pasaje adoquinado donde se encontrarán nueve pequeñas casitas del tipo town houses. El proyecto tendrá unidades de uno, dos y tres ambientes, de entre 45 y 130 metros cuadrados y demandará una inversión estimada de US$40 millones. Por encima de las casas habrá un pequeño corredor de biodiversidad; en donde se ubicarán la mayoría de los amenities. La idea es generar espacios verdes en cuatro niveles: en el pasaje de planta baja, en el corredor del segundo piso, en los balcones de los departamentos y en las terrazas de los edificios, y recrear el ambiente de San Francisco o de París.
-¿Cuál es el valor de venta?
- MU: En la primera etapa arrancará en los US$4200/m2. Esta es la primera vez que en uno de nuestros proyectos decidimos ampliar el rango de inversores con los que trabajamos, para ello pusimos un tope en de desembolso máximo para cada persona, que ronda el US$1,5 millones.
-¿Qué diferencia hay entre el sector financiero y el real estate?
- DZ: Al mundo financiero lo rigen las calculadoras, mientras que el mercado inmobiliario, sobretodo el residencial, es una apuesta a largo plazo que tiene una característica particular: es un negocio donde se pone el corazón. Buscamos hacer algo que sea único y que cambie, de algún modo, a la ciudad, mientras que el comprador pone en juego sus emociones, ya que en la mayoría de los casos se va a tratar de su vivienda o la de sus hijos. Por otro lado, el real estate genera una adicción, basada en el objeto, léase edificio. Yo paso todos los días por las obras que hemos construido. En el caso de la renta financiara yo no miro a diario los bonos en los que he invertido pero sí lo hago en los edificios que hemos participado. Sentir que formo parte de uno de los cambios de la ciudad para mí es una adicción.
- ¿Quién es Jack Green?
- MU: Jack Green es un personaje ficticio –un argentino con una ascendencia inglesa–, que los desarrolladores imaginaron cuando estában definiendo el branding y que los ayuda a no desviarnse de rumbo. Este personaje descontracturado y con mucho estilo es un aspiracional que empezó siendo un socio más. A tal punto que al principio había un espacio en la oficina reservado para él donde estaba su paraguas y un saco negro. Él es el que nos pone la altura de la vara, la voz crítica en cada proyecto. El que nos va a tocar la espalda en el caso que nosotros mismos nos estemos traicionando. Básicamente es ese censor que nos dice: "Yo no trabajaría o viviría en un lugar así. Esto no es lo que debemos hacer".
-¿Cúal es el secreto para que un proyecto sea exitoso?
-MU: Una de las claves es que la estrategia comercial sea conservadora y que arquitectónicamente sea disruptivo, con cualidades únicas como por ejemplo, vivir en una town house ubicada en un pasaje privado en medio del barrio de Recoleta. Esa diferencial que lo hace único es lo que le baja el riesgo al proyecto y le sube su margen de negocio. Dicho de otra manera, lo poco y bueno tiene un valor determinado. Y para ello no se requiere de muchos clientes sino de los justos y necesarios.
-¿Qué es lo más complicado del mercado inmobiliario argentino? -DZ: Este es un mercado lleno de oportunidades pero muy cambiante. Lo más complejo de un proyecto no es terminarlo sino cumplir con los plazos de cada una de las etapas. Si cada tramo se hace como se planificó, el desarrollo va a salir bien. Este es el principal desafío en un país como la Argentina con una dinámica tan complicada. Nuestra afinidad con los números es la que nos ayuda a la hora de la planificación. Y en este contexto ella nos permite ser previsibles y confiables.





