
Se realizaron trabajos de mejoramiento estructural y también en lo que hace a la parquización del predio Alfredo Lalor
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La enorme difusión que ha tenido el polo argentino en el mundo en los últimos años llevó a que varios de nuestros campos se convirtieran en verdaderos íconos para la práctica de este deporte a nivel internacional. En ese sentido, uno de los lugares por excelencia es, sin duda, el que la Asociación Argentina de Polo (AAP) posee en el partido de Pilar.
En Las Truchas y Freixas, el predio Alfredo Lalor, de 66 hectáreas, no es sólo uno de los de mayores dimensiones, sino también uno de los que más historia y tradición tiene en nuestro país. De hecho, en sus canchas se han disputado torneos de gran jerarquía y han jugado los mayores exponentes de este deporte; por otra parte, el edificio de su clubhouse (el famoso Castillo) fue construido a principios del siglo pasado y es un verdadero ícono tanto del ambiente polístico como de la zona.
Hace un tiempo, la AAP encaró la renovación total del predio, con un trabajo que buscó jerarquizar el lugar para reconvertirlo en lo que siempre fue: una de las sedes institucionales más importante del polo en la Argentina. De hecho, este complejo y sus nueve canchas resultan cada vez más útiles tanto para prácticas oficiales como para las definiciones de torneos.
"Por las dimensiones del predio y la importancia del trabajo, las labores se dividieron en tres etapas: la primera consistió en resolver temas urgentes, como el acceso, la circulación interna y el estacionamiento; en la segunda se realizaron todos los movimientos de suelo, drenajes y nivelación, mientras que en la última se realizó la siembra y plantación de especies alrededor del castillo y entre las canchas, los palenques y el camino", explicaron desde el estudio Navajas-Ortiz de Urbina & Ayarza Asociados, que tuvo a su cargo el proyecto.
Así, los primeros trabajos estuvieron dirigidos a conectar el clubhouse (ahí funcionan oficinas y hay salones para recepciones) con las canchas y a establecer un nuevo sistema de circulación interna para mejorar la comunicación entre los sectores. La idea de la AAP era unir visualmente las canchas 1 y 2 con el Castillo, creando así un eje vacío; por eso se trabajó en las filas de fresnos que rodean las canchas y se quitaron los quinchos que se encontraban sobre el eje. Para esto se trasplantaron cinco fresnos grandes entre las canchas 1 y 2, para despejar y crear una vista de 60 metros de ancho que atraviesa las dos canchas y finaliza en un monte de álamos piramidales plateados cerca del embarcadero, para poder ver el Castillo desde las canchas y, también, observar los partidos desde el clubhouse. En un futuro se mudarían los tableros de las canchas 1 y 2 a las cabeceras, y así despejar por completo el eje visual desarrollado.
Además, para jerarquizar las tribunas de la cancha 1, como si fuera el estadio principal de un grand slam de tenis o el green del hoyo 18 de una cancha de golf, las terrazas de pasto funcionaron como plataformas para ver el partido hacia un lado y para ver el jardín del Castillo hacia el otro, y desde un punto más elevado. Para acentuar aún más esta unión se utilizó todo el material recuperado de las canchas que repusieron sus tablas, y se construyeron escalones de 30 cm como las tablas de las canchas.
Respecto de los canteros, se trabajó en el concepto de achicar la distancia a la cancha 1 y de incorporar al diseño un elemento que remita al campo, a la pampa, sitio en el cual se desarrolló el polo en nuestro país. Estos dos canteros de casi 800 m2 cada uno son pasturas que tienen la virtud de cambiar durante todo el año y así modificar la principal vista del Castillo hacia las canchas. Los cercos de buxus que las rodean complementan y contienen esa desprolijidad silvestre de las pasturas.

Con el respeto por el medio ambiente, uno de los pilares de esta renovación que llevó adelante la AAP, entre las especies de plantas y árboles que se seleccionaron se encuentran los perennes para los cercos, de modo que la estructura del diseño se mantenga todo el año.
En cuanto a los árboles hubo pocas incorporaciones, entre los que se destacan los jacarandás sobre las terrazas de césped, los cuales se eligieron porque la floración coincide con el fin de la temporada de polo de primavera y por ser este árbol símbolo de nuestro país. Para el acceso se eligieron tilos. En los palenques se colocaron pecanes y su elección se debe que al tener hoja pequeña esto no dificulta el mantenimiento de las canchas, y con su follaje caduco se logrará sombra fresca en verano y sol en otoño, indispensable para esta temporada de polo. Por otra parte, no hizo falta hacer muchas modificaciones ya que se trató de adaptar el nuevo proyecto de diseño a lo que ya existía.
"Creemos que los trabajos fueron una intervención historicista en cuanto a la utilización de ejes, enmarcar vistas, armar recorridos y crear un gran espacio de llegada. Pero la idea de la plantación fue contemporánea e incorporamos el concepto de pradera sustentable, con distintas alturas en el corte de césped, cercos dobles y plantación en matriz. Así se puede ver el contraste entre los cercos rígidos, planares, oscuros, y los canteros flojos, claros y con movimiento. Es algo así como que los cercos cuentan una historia de inmigrantes y los canteros hablan de nuestra pampa", agregaron los encargados del proyecto.





