
Por Cristina L. de BugattiPara LA NACION
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Desde que recuerdo, este arbusto florece en nuestros jardines y está en flor aquí y ahora como estaba en los jardines de mi niñez linqueña. Lo llamábamos justicia y figura en la Enciclopedia Argentina de Agricultura y Jardinería como vara de la justicia o Jacobinia pohliana en su variedad velutina, de la familia de las acantáceas, de origen brasileño. Este prólogo tecnicista es para decir que no lo he visto en viveros ni en otros jardines y que vale la pena -y lleva poco trabajo- cultivarlo. Sus tallos son semileñosos, fáciles de quebrar, y se benefician sostenidos por algún tutor rígido; tiene hojas opuestas, ovaladas y finas de hasta 15 cm de largo, puntiagudas, verde intenso, y flores bilabiadas rosas de 4 cm de largo, dispuestas en las brácteas de inflorescencias ovoides de unos 8 cm de altura. En el extremo de sus brotes se forman esas inflorescencias que aseguran floración continua durante casi todo el año. Para afirmar la facilidad de su cultivo, esos gajos siempre prenden. Puede llegar a los 2 metros de altura y la poda consiste en quebrar y quitar las inflorescencias ya pasadas, lo que hará brotar dos gajos con nuevas flores; le gustan la media sombra y el riego. Otra especie apta para jardineros contemplativos (es decir, fiacas) es una plantita de raíz rizomatosa que aparece sola en el jardín. Se trata de la Alstroemeria psitaccina, de la familia del bello amancay, Alstroemeria aurantiaca, de los bosques sureños, y base de nuevos híbridos obtenidos en el extranjero a partir de especies nativas americanas, lo que ha motivado reclamos legales. Pero ésta, la psitaccina, tiene su encanto: nace como una herbácea, alcanza el medio metro de altura, con tallo erecto, tiene hojas redondeadas, y en primavera en el ápice de su tallo se forma una umbela de flores de forma acampanada o de embudo de hasta 4 cm de largo, con los pétalos verdes pero rojos y puntiados en su mitad exterior. Se multiplica por rizoma, pero declaro que jamás planté ninguno en mi jardín. No se puede cerrar esta columna sin mencionar un fenómeno único, los jacarandes en flor. Un investigados japonés del Instituto de Floricultura de INTA, doctor Arisumi, dijo cuando los vio: “Y mi ánimo quedó en suspenso...” Y el recordado doctor René Favaloro, en esos días, no usaba el automóvil para andar por la ciudad. Sólo hay que gozarlos...





