
Cristina L. de Bugatti
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Ya es corriente ver en verdulerías rizomas de jengibre, una planta de la familia de las zingiberáceas, usado para proporcionar aroma y sabor muy particulares tanto a alimentos como a bebidas o cremas. Como era una de las especias orientales, sobre todo de la India, que llegaban a Inglaterra, el pan de jengibre era un postre simbólico para Navidad. Necesita clima cálido y húmedo, por eso aquí sólo prospera en invernáculos.
Pero otras plantas de esa familia se han hecho muy familiares entre nosotros. Son ornamentales, bellas y de fácil cultivo. Tienen raíz rizomatosa que va colonizando el lugar y la común característica del follaje perfumado, con el inconfundible olor a jengibre.
El Hedychium coronarium es la popular caña de ámbar o mariposa, en flor por estos días y asilvestrada en algunos lugares de la ciudad, como las vías del ferrocarril en Núñez y el Delta. Es la flor nacional de Cuba.
Alcanza un metro de altura, se reproduce fácilmente por división de mata y da espigas de bellas y delicadas flores blancas, perfumadas. El almidón de sus rizomas se usa en Brasil para fabricar pasteles.
El Hedychium garderianum forma una mata similar a la anterior, aunque más alta y robusta. La flor también es parecida, aunque el racimo es más grande y las flores, amarillas. La alpinia es la más alta de las tres, ya que puede alcanzar hasta tres metros.
En verano emite su inflorescencia: grandes racimos colgantes -pendula- de hermosas flores. Del cáliz blanco cereoso emerge la corola, cuyos pétalos lucen bellos tonos de amarillo, castaño y rojo, de dulce aroma. Las tres especies son herbáceas, tienen tallos rectos de donde salen hojas ovaladas y no necesitan cuidados.
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