
El dato se desprende de una encuesta que realizó el tecnólogo Santiago Bilinkis con el objetivo de pensar cómo será la “nueva normalidad”
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La irrupción del coronavirus obligó a todo el mundo a hacer una pausa. El aislamiento impuso la modalidad de trabajo y estudio a distancia con el objetivo de evitar la propagación de los contagios y cientos de personas que antes se zambullían a diario en un ritmo frenético de idas y vueltas entre el hogar, la oficina y las reuniones, tuvieron que adaptar todas sus actividades a la virtualidad dentro de las paredes de la casa. Ante ese escenario, más de la mitad de quienes viven en las grandes ciudades confiesan que fantasearon en algún momento de la pandemia con la posibilidad de mudarse a pueblos más pequeños, según se desprende de una encuesta realizada por el emprendedor y tecnólogo Santiago Bilinkis.
Durante su columna en el programa Todo Pasa (FM Urbana Play), el especialista remarcó un dato interesante y clave para pensar las ciudades en la pospandemia: la Argentina es uno de los países del mundo con mayor porcentaje de población urbana (92%). “Para que se den una idea, la media mundial es del 54%. Aunque somos el octavo país del mundo más grande en territorio, estamos todos amontonados en las ciudades dejando casi todo el país semi-vacío”, explicó. Destacó que, si se toma el Gran Buenos Aires (GBA) como una unidad, el 90% de la población vive en el 4% de la superficie de la provincia. “Estamos amuchados y esto se acentúa cada vez más”, aseguró.
Tras analizar el panorama, compartió los resultados de la encuesta, para la que obtuvo más de 8000 respuestas. “La primera pregunta fue: ¿qué tan feliz te considerás? El resultado es infalible y es que cuanto más chico es el lugar donde vivís, más feliz sos”, aseguró Bilinkis. A continuación, afirmó que el dato más importante es que quienes nacieron en una ciudad y luego se mudaron a un pueblo “son más felices allí que los que nacieron en el mismo pueblo”. Es decir, que aquellas personas que dieron el paso de irse de lugares más densamente poblados hacia zonas más tranquilas son las más felices de la muestra.
Además, el 85% de quienes viven en los pueblos chicos no quiere irse y el 95% de las personas que se mudaron no desea volver a la ciudad. ¿Qué ofrecen esas zonas que no tienen las grandes ciudades? Según el estudio, “un ritmo de vida más tranquilo, mayor contacto con la naturaleza, menor inseguridad, menor costo de vida, mayor calidad, más tiempo para disfrutar de las amistades y mejor entorno para criar niños”. Sin embargo, pierden en categorías de suma importancia: según los encuestados, tienen muchas menores oportunidades laborales y de formación profesional.
“Si nacés en un pueblo y sos ambiocioso desde el punto de vista profesional, si querés ir a una universidad, te tenés que ir del pueblo y si querés tener un trabajo con perspectiva de crecimiento, te tenés que mudar”, analizó Bilinkis. “Como dice el dicho, ‘Dios esta en todos lados pero atiende en Buenos Aires’ y la pregunta es si seguirá siendo así, porque sigue atendiendo en Buenos Aires pero ahora también lo podés contactar por Zoom…”, bromeó.
Pensar en una normalidad nueva de verdad
Ese es el planteo de Bilinkis. “Tenemos la oportunidad de pensar una normalidad que realmente aproveche las virtudes de la virtualidad híbrida, mezclada con la presencialidad y que destrabe la situación de que más y más personas sigan viviendo en la ciudad”, reflexionó. En ese sentido, sostuvo que el teletrabajo es importante para los pueblos, “por la oportunidad que significa para quienes viven allí y porque para quienes viven en la ciudad quizás es la llave para mudarse”.
En cuanto al ámbito educativo, invitó a pensar en la aplicación de un sistema híbrido en el que los alumnos tengan clases virtuales pero en la escuela. “Por ejemplo, ir a cursar virtualmente con tus amigos al lado. En lugar de escuchar a la persona que está siempre presencialmente con vos, imaginen chicos de todos los pueblos interactuando e intercambiando experiencias con otros de pueblos, ciudades y países distintos”, señaló y remarcó que el rol del docente seguiría siendo muy importante. “Se trata de tirar estímulos que no están limitados por la presencialidad, después el docente tiene que trabajar para significar eso que vivieron”, agregó.
Además, analizó casos de otros países y puso como ejemplo algo que sucedió en Miami: “Con la pandemia, muchos trabajadores de Silicon Valey (San Francisco de California), de la gente más brillante del mundo y que vive amuchada ahí, al descubrir que puede trabajar virtual está queriendo irse. El alcalde de Miami puso un cartel enorme en la principal autopista invitando a que se muden a su ciudad, diciendo que si mandan un mensaje él mismo lo contesta, porque quiere llevar el mejor talento a su zona”. En ese sentido, planteó que si se generara una dinámica en la que los pueblos “se pelean” por atraer a las personas, el mundo saldría beneficiado. “No solo sería posible vivir más tranquilo sino que se potenciaría la vida en esos lugares”, manifestó.
Por último, planteó que el desafío para los pueblos y zonas rurales es “pensar la evolución de la gente que necesita atraer el lugar para mejorar la calidad de vida” de quienes ya viven allí así como mejorar la infraestructura en general. “Es en lo que habría que trabajar si queremos tener la posibilidad real de concretar un mundo más igualitario y donde la gente sea más feliz viviendo donde le gustaría y no donde las oportunidades se concentran”, concluyó.





