Se conocen desde los 16 años y fundaron una empresa con una premisa ambiciosa: repensar cómo se hace arquitectura a partir de la tecnología
7 minutos de lectura'


Tenían 25 años, algunos ahorros, prácticamente ningún contacto en Estados Unidos, y una visión del negocio que las llevó a tomarse un avión desde su Uruguay natal a Los Ángeles y gastar cada dólar que habían juntado en conseguir un cliente. No había reuniones agendadas ni empresas esperando recibirlas. Tampoco fecha de regreso.
Durante los primeros tres días en Estados Unidos, encerradas en una habitación de hotel, empezaron a llamar por teléfono a estudios de arquitectura que no conocían. “Ni siquiera sabíamos cómo empezar. No teníamos nada de ventas; nuestra formación hasta ese momento era arquitectura”, recuerdan, ahora sentadas en sus oficinas de Uruguay, Andy Robert y Mercedes Carriquiry. Hasta que alguien atendió y las escuchó.
Del otro lado estaba un empresario del sector que les pidió que viajaran hasta San Francisco para mostrarle a su equipo cómo habían desarrollado tres proyectos en los que ya habían trabajado. Ellas aceptaron inmediatamente. Después de cortar el teléfono, se miraron y apareció un pequeño problema: no sabían ni dónde quedaba San Francisco.
Esa reunión terminaría convirtiéndose en uno de los primeros grandes pasos de Slantis, la empresa que habían fundado poco tiempo antes con una premisa que todavía hoy define el negocio: utilizar tecnología para repensar la manera en la que se desarrolla la arquitectura.
Once años después, la compañía tiene 250 personas y oficinas en Estados Unidos, Uruguay y la Argentina. Pero, más allá del crecimiento, las dos fundadoras mantienen una aspiración bastante más ambiciosa: no quieren solamente participar de grandes edificios, sino cambiar la forma en la que esos edificios se piensan y se construyen.

Una historia que comenzó en la adolescencia
Las dos son uruguayas, se conocen desde los 16 años, son parte del mismo grupo de amigas y estudiaron arquitectura en universidades diferentes. “Mi universidad tenía un foco mucho más puesto en los negocios y la de Mercedes, mucho más en la técnica y en el diseño”, reconoce Robert. Pero ambas compartían una inquietud: querían salir de Uruguay y entender cómo se hacía arquitectura en otros mercados. Carriquiry se fue a Francia. Robert, a Alemania.
Fue allí donde Robert se encontró con algo que modificaría su manera de pensar la profesión. “Tradicionalmente, si yo te digo arquitecto, pensás en alguien que hace casas, ladrillos, construcción. Yo de repente aprendí programación y a aplicarla al campo de la arquitectura”, cuenta. Y la experiencia le mostró que la tecnología podía intervenir mucho antes de que una obra llegara al terreno.
Cuando las dos volvieron a Uruguay siguieron caminos tradicionales: Robert comenzó a trabajar en obra y Carriquiry ingresó a un estudio boutique, donde llegó a liderar el desarrollo del Audi Zentrum de Montevideo. Pero algo no les cerraba.

En 2015 se sentaron en un café y apareció la pregunta que terminaría dando origen a la empresa: ¿por qué una industria que diseña edificios cada vez más complejos seguía utilizando procesos tan tradicionales y que habían cambiado relativamente poco? “Repensemos cómo se hace arquitectura y usemos la tecnología como el gran estandarte”, fue la consigna que se plantearon entonces y esa misma sigue siendo la razón de la compañía.
Había, sin embargo, otro desafío: no solo eran extranjeras entrando al mercado de arquitectura más grande del mundo, tenían apenas 25 años. Paradójicamente, Robert cree que la edad terminó jugando a su favor.
“San Francisco es una ciudad con mucha gente joven y dedicada a la tecnología. Es normal hablar con un joven que realmente tiene un nivel profesional descomunal”, explica Carriquiry.
Desde JP Morgan hasta Apple
La definición de la compañía es: una empresa de tecnología y producción creada por arquitectos para arquitectos. No busca necesariamente quedarse con la autoría conceptual de un edificio, sino intervenir en ese universo que existe entre la idea inicial y la construcción.
En un proyecto tradicional, explican, un arquitecto puede diseñar una forma y luego comenzar a superponer una enorme cantidad de información: estructuras, materiales, instalaciones, proveedores, medidas y detalles constructivos.
El problema es que cuando esos elementos no dialogan correctamente desde el comienzo, los errores suelen aparecer más adelante. Y, en construcción, descubrir un conflicto tarde significa generalmente más tiempo y más dinero. Ahí aparece el trabajo de la empresa.

Utilizan herramientas como BIM (Building Information Modeling) y, cada vez más, inteligencia artificial para construir primero una especie de modelo virtual del edificio, en el que diferentes variables pueden coordinarse antes de llegar a la obra. “Te permite adelantarte a ese tipo de decisiones mucho más rápido y de manera mucho más efectiva a lo largo del desarrollo del proyecto”, explica Robert.
Ese camino las llevó a trabajar con algunos de los grandes estudios y compañías del mercado estadounidense y a participar, según cuentan, de proyectos de una escala difícil de imaginar cuando comenzaron en Montevideo.
Entre los emprendimientos más importantes aparecen: la nueva terminal del aeropuerto internacional de Los Ángeles (LAX), que es hasta ahora el contrato más grande que tuvieron con 13.935 m² de programa aeroportuario; la nueva sede de JP Morgan en Nueva York; proyectos vinculados con YouTube y Google en California y el aeropuerto de Denver. Actualmente también trabajan en la renovación de tiendas de Apple en Estados Unidos.

“Repensar cómo se construyen los edificios”
Para dos fundadoras que construyeron su empresa alrededor de la innovación, hay un dato que las incomoda: “La arquitectura todavía no cambió tanto como debería y eso creo que es parte del problema”, explica Carriquiry. Pero la inteligencia artificial empezó a acelerar esa discusión.
Según Robert, dentro de la industria todavía existe resistencia a incorporarla en los procesos cotidianos. Y allí aparece, justamente, su trabajo: no utilizar IA simplemente para producir una imagen llamativa de un edificio, sino incorporarla dentro del proceso de diseño, documentación y coordinación que determina cómo ese edificio finalmente puede construirse.
“Las pirámides no se hicieron con planos. Se hicieron con ecuaciones matemáticas. Después surge el uso de los planos como herramienta para poder construir y creo que ahora estamos en otro punto de inflexión de la historia, donde la inteligencia artificial va nuevamente a repensar cómo se construyen los edificios. Tal vez ni siquiera sea a través de planos”, plantea.
La tecnología, sin embargo, es para ellas un medio y no el resultado final. Cuando se les pregunta qué debería tener un “buen edificio”, Carriquiry evita hablar de materiales, amenities o tendencias estéticas. “Más que lo que tiene que tener, tiene que responder al problema que resuelve”, afirma. Una vivienda social deberá resolver correctamente las necesidades de quienes la habiten; un desarrollo comercial tendrá que comprender cómo se vincula con el barrio; y cualquier proyecto debería contemplar desde su diseño hasta su conexión con la ciudad, su funcionamiento y su sustentabilidad.

Robert va un paso más allá: “Si ese edificio está ahí, debería hacer que todo lo que lo rodea sea mejor”. Esa idea explica también por qué, después de participar en algunos de los proyectos más importantes de Estados Unidos, las dos arquitectas insisten en que su objetivo todavía está por delante. “Queremos generar un impacto que eventualmente se vea en los edificios, pero que permita desarrollar la arquitectura desde otro lugar”, dice Robert.
Hoy, luego de haber realizado 5000 proyectos, 11 años después de aquella conversación en un café en Montevideo y de aquel viaje a California sin pasaje de regreso, la apuesta sigue siendo la misma: no diseñar simplemente más edificios, sino intentar cambiar la herramienta con la que se piensa cómo hacerlos.
- 1
2Recoleta vs. Palermo: cuál tiene mejor relación precio-calidad para comprar hoy
3Francisco Iñareta, portavoz de Idealista: “Los decretos que se presentaron demostraron lo alejados que están nuestros gobernantes de la realidad ”
- 4
Venden una isla privada que se convirtió en refugio para ciervos, focas, nutrias y águilas
